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viernes, 8 de marzo de 2013

DRESDEN, LA CIUDAD DE LA NOSTALGIA



Escribe: Rogger Alzamora Quijano


La fría mañana develó, no obstante, un Dresden espléndido. El cielo gris contrastaba con Altstadt -la ciudad vieja-. Habíamos bajado del tranvía que nos trajo desde nuestro alojamiento en Moritzburguer Weg. Apenas pusimos los pies vimos los dorados, ornamentos por doquier, arquitectura fabulosa. Latidos de la cultura sajona que se sienten en cada rincón, en cada vista lejana o próxima. La espléndida era de Meissen que viajaron desde el siglo VIII hasta nuestros días. No quisimos -y no habríamos podido- elegir entre el Río Elba y sus puentes, o la Brühlsche Terrasse -la espléndida Terraza de Brühl- primorosamente vestida de flores y con razón llamada por Goethe El Balcón de Europa, y desde donde se puede ver la historia de cientos de años desfilando sin fin. Tendríamos poco tiempo para recorrer Dresden, así que no desperdiciaríamos ni un minuto, en especial Altstadt. Era las nueve de la mañana cuando comenzamos a humillarnos ante la Escuela Superior de Artes Plásticas, con sus imponentes estatuas. Nos miramos sin poder decir palabra, invadidos por el asombro y la urgencia de la contemplación. El intenso frío pasó a ser una anécdota. Todo era importante, todo imposible evitar.
Nos sentamos brevemente en el Planetendenkmal para la obvia foto; colocamos nuestros pies sobre la dorada inscripción “Venus: Liebe herrscht ohne Gesetz" -Venus: Las reglas del amor sin ley-; nos dejamos encantar por los primorosos edificios que se alzaban ante nosotros: el Georgenbau -Palacio del duque Georg, el Barbudo-, construcción renacentista de señoriales portales impecablemente conservados, con su espléndida Grünes Gewölbe -Bóveda Verde-, la más importante colección de Europa en su género; Augustusbrücke –quizá el más bello puente sobre el Elba-; Haussmannsturm, Ständenhaus, la ópera Semperoper, Theaterplatz, Hofkirche, Schloßplatz. A pesar del frío el paisaje era exuberante, con cientos de personas discurriendo lenta y apaciblemente como el mismo Elba. Debe ser por ello que en mi memoria, como en el de casi todo visitante de Dresden, resulta ineludible asociar a Canaletto y su grabado del siglo XVI, con la vista de Altstadt desde la margen derecha del río. El gran Elba, precioso y mítico río, me arrancó lágrimas del alma. Nos quedamos mirando el lujoso paisaje que se extendía ante nuestros ojos que convergieron en el mismo sentimiento, el mismo asombro, igual emoción.
Ya en Schloßplatz -Plaza del Palacio- todo alrededor es único. Desde la escalera de la Terraza se puede tener la mejor vista de Hofkirche, la iglesia católica imperial, con su preciosa torre de 83 metros de altura adornada con 78 estatuas de tres metros cada una. Cada detalle de la fastuosa estructura barroca tardía, construida por Chiavari en el siglo XVII por encargo de Augusto III para contrarrestar a la luterana Frauenkirche -Iglesia de Nuestra Señora- es un supremo deleite para la vista. Varios de los edificios han sido reconstruidos después del salvaje bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, pero mantienen su espíritu vivo, el espíritu sajón. Atravesamos el pequeño túnel y vimos abrirse a nosotros la espléndida calle Sophienstr. La Frauenkirche no nos dejó mirar su interior: habría un concierto de música y estaría cerrada al público. No teníamos boletos, así que no nos quedó más que lamentarnos pues se trata de un emblemático monumento de arquitectura fascinante en piedra arenisca, y de la que se dice es una de las joyas más destacadas de Europa, pero que además fue reconstruida con los aportes de miles o millones de gentes de todo el mundo, deseosas por recuperar tan importante legado arquitectónico e histórico, que había sido abandonado por la RDA so pretexto de ser conservada en ruinas como la consecuencia de la guerra. Pasada la desazón, acometimos la ruta que no dejaba de invitarnos. El Georgenbau, que debe su intenso color oscuro al elevado contenido de hierro de la arenisca sajona con la que fue construido y que le añade una indudable elegancia, nos tocó enseguida. El interior impresiona por sus ornamentos de grafito y la ominosa belleza de su frontis de estilo renacentista con tres portales delicadamente engarzados.
No podíamos haber continuado sin darle una mirada a la tienda de la centenaria firma Meissen, vitrina de la mejor porcelana. Sus esculturas nos dejaron perplejos por su delicadeza, finura y elegancia. Piezas de hasta 75,000 euros se exponen en su interior. Con esa sensación todavía caliente nos dirigimos hacia el muro Johanneum donde a lo largo de 102 metros se deja registro -usando 25,000 azulejos de Meissen- “El Desfile de los Príncipes”: la sucesión de la dinastía de los príncipes electores de Wettin con sus respectivas vestimentas y armas de la época. Una verdadera y monumental obra que no pudo ser destruida ni siquiera durante los bombardeos de 1945. Un mimo ataviado a la usanza de Augusto III nos miró. Nos acercamos a él sólo para comprobar su imperturbable y pulcro trabajo. No pestañeó. No mostró ninguna reacción. Solemne quietud, soberbia mirada, rígido talante, seguramente como en los tiempos de su monarca.
Luego fuimos a desembocar tras un portal en la espléndida Theaterplatz -Plaza del Teatro-, que mostraba su perla más valiosa: la barroca Zwinger (Ronda), situada entre la Semperoper y la Postplatz. Un pasaje da lugar al patio interior que tiene una sencilla pileta sin ornamentos, que obliga a resaltar la belleza de las escalinatas, las esculturas y todo el conjunto. Un todo que data del siglo XVI y que Pöpelmann terminó, logrando una perfecta simbiosis de arquitectura y magia que termina por seducir al más escéptico. Arriba, con despampanante presencia está el Kronentor -el Portal de la Corona-, símbolo del poder de la realeza, sostenido por cuatro águilas y con un dorado centellante, que parece nunca corromperse aun a la intemperie más tenaz. Siempre asombrados, recorrimos Langgalerie -La larga galería-, desde la cual se puede ver completamente el patio de Zwinger y en dichosa perspectiva la vista idílica del Nynphenbad -El baño de las ninfas-, de Permoser, y su preciosa cascada. El Zwinger nos lleva a pensar que todo cuanto se puede ver en el Dresden de estos tiempos –cientos de años después de haber sido ideado y construido- es el resultado de la conjunción de las mentes creativas más brillantes de su tiempo, quienes quisieron perennizar sus huellas como un puente de comunicación entre todos los pueblos, todas las razas, todas las naciones, todos los credos, todos los conceptos del arte. El Salón de Ciencias Físicas y Matemáticas, el Museo Zoológico, enlazados magistralmente con el Wallpavillon o Pabellón de la Muralla son un dechado de imaginería, armonía, plasticidad y genialidad en sus estructuras y decorados. La cereza de la torta resulta siendo la recreación de la fábula de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.
A la izquierda del Portal de la Corona se encuentra la Porzellansammlung -La Colección de Porcelana-, que guarda valiosas piezas de Asia Oriental y obviamente de la porcelana de Meissen y que la convierte en una de las mejores colecciones del mundo. Desde allí se ve la fachada de la Pinacoteca Gemäldegalerie “Alte Meister” -La Galería de los "Maestros Antiguos”- que luce con orgullo las obras de Rafael (por ejemplo, la invaluable “Madonna Sixtina”), Rembrandt, Durero, Giorgione, Tiziano, Carregio, Vermeer van Delft, Van Eyck, Lucas Cranach. Con la premura del tiempo sobre nuestras cabezas, decidimos dejar el encantamiento y salir otra vez hacia el Pabellón del Carillón. Desde allí observamos el Taschenbergpalais, destruido durante la guerra y que tuvo que esperar por su reconstrucción durante casi 50 años. Valió la pena, ahora luce fantástica. La vista se completa con la bellísima y gótica Fuente del Cólera de Semper, con sus 18 metros de altura y que semeja el chapitel de una iglesia. Una joya.
El reloj de la torre del Ayuntamiento de 98 metros de altura, rematada con el Goldener Mann -El hombre de oro nos aplazó el hambre hasta después. Casi las dos de la tarde. Media hora después decidimos continuar nuestro periplo. Elegimos el Kutscherschänke, en Münzgasse 10. Acepté de buena gana la recomendación, que poco después agradecería: un sabroso Ente mit Kartoffelknödel und Rotkohl -medio pato con bolas de harina de papas hervidas y col roja-. Delicioso. Y para beber, unas cervezas.
Al salir todavía pudimos ver parte de Alstad, pero teníamos la idea fija de enfilar hacia el Terrassenufer, el gran malecón sobre el Elba. Caminaríamos hasta cruzar el puente Marienbrücke rumbo a la Neustad. Apenas salimos hacia la gran terraza nos llamó la atención el Moritzmonument -Monumento al duque Moritz- ubicado en plena espuela del bastión: una hornacina bellamente labrada por Hans Walther II el siglo XIV, lo que hace de él el monumento más antiguo de Dresden. Cada centímetro exuda poesía, libertad, ingenio, belleza. Observamos los pequeños muelles de atraque para embarcaciones, bajamos las escaleras dejando sobre nosotros el muro de contención ante las crecidas del Elba, un camino amplio, empedrado y decorado con cubetas de flores. Unas preciosas trinitarias amarillas de corazón morado me trajeron la compañía de mamá Agustina hasta las orillas del Elba. Tomé una foto antes de sentarme en el banco de al lado y tuve su abrazo para abrigar mi nostalgia. Retomando la caminata, fuimos atrapados por la excelsa prestancia de la Staatliche Akademie der Bildenden Kuenste –Academia estatal de Bellas Artes-, justo cuando el barco Stadt Wehlen terminaba de pasar bajo el Marienbrücke. Por sobre los hombros de los demás edificios sobresale la Yenidze, la ex fábrica de tabaco en forma de mezquita, con su impresionante cúpula de vidrio colorado.
El puente Marienbrücke nos acogió mostrándonos sus viejas columnas y medialunas para el descanso. Desde allí vimos el Elba que parecía coquetear, sabedora de nuestra inocultable devoción. El paisaje era esplendoroso. Mientras íbamos llegando al otro extremo del puente, se hacían cada vez más notorias las delicadas líneas del Japanisches Palais -Palacio Japonés- en la Ciudad Nueva, y su extraña arquitectura de rasgos orientales, diseñada para ser el palacio de la porcelana asiática. Con la muerte de su propulsor, Augusto el Fuerte, habría de morir también el proyecto de lograr un interior cubierto hasta los techos con porcelana.
Un bello jardín de añosos árboles rodea el Palacio y un poco más hacia la colina se puede ver el Elba y enfrente Altstadt en su máximo esplendor. Decidimos tomar la ruta de polvo rojizo en la margen del Elba. Era una gran oportunidad para caminar por las riberas. Hacía frío, eran casi las cuatro, pero sabíamos que no iba a llover y eso era todo lo que queríamos para aprovechar nuestro plan. A las seis tendríamos que estar esperando a nuestra amiga Sue bajo el puente peatonal, en Albertstraße. Mientras caminamos disfrutando al máximo el sendero adornado con arbustos muy bien cuidados, bancas y muros de piedra, revisamos la fotografía inmejorable que se completa con los patos y otras aves al borde del río. El camino rojizo dió paso a un sendero de tierra que matizó perfectamente con nuestras más íntimas ilusiones. Sentimos muy cerca el rumor de sus tranquilas aguas, nos acercamos hasta tomarlas en las manos y, en ese trance, la magia del gran río nos cubrió con su velo de sensibilidad y esperanza. Ahora podíamos refrescar nuestras historias, dolorosas, tristes y felices.
Al filo de las cinco estábamos ya entre Köpckestraße y Albertstraße. Desde allí pudimos ver la Jägerhof -Quinta de los Cazadores-, la construcción más antigua de la Neustad, pensada por Augusto el Fuerte como casa para animales exóticos, y algunos siglos después como cuartel de caballería. Caminamos lentamente y descubrimos una preciosa fuente con cinco elefantes, desde uno pequeño hasta el más grande. Al medio de la pileta, un arlequín que completaba la notable fuente. Nos gustó. Entre risas nos tomamos unas fotos antes de cruzar hacia la otra vera del camino.
Dresden, la ciudad de la nostalgia, al día siguiente nos despidió con lluvia. Y no fue casual. Era el rostro de la despedida. Prometimos volver, para terminar esta crónica aún incompleta.

Nota del autor: Hay quienes prefieren llamarlo Dresde. Yo elegí Dresden, porque se trata de un nombre propio, el cual debe ser respetado para todos sus efectos.

DE: "CUADERNO DEAMBULANTE" Copyright © 2017 Rogger Alzamora Quijano.



sábado, 2 de marzo de 2013

UNA FLOR


Para mi nieta Andrea

Hubo en el cielo una mirada también para mí
cuando canté tu nombre.
 
Hubo en tu rostro una mirada
sol de setiembre color brillo calor.
Promesa y valor.
Andrea, flor de mis ojos.


DE: versos conversos Derechos Reservados © 2012 Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 27 de febrero de 2013

DÍA ONCE


No hay por qué odiarte.
Y menos yo, que he buscado soslayarte a costa de mi propio cuello.
Y cuando tratas de comprarme, sumiso me regalo a tu boca primavera.

No me importa recoger migajas, rendido o asalariado pero tuyo.
Y si en otra vida tengo el mismo destino he de rendirme otra vez,
así seas peor de lo que eres
y yo pueda ser peor de lo que soy.
 


DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano

A LA ESPERANZA


Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba…
(Blanca Varela)



El tiempo es horizontal.
Permite, induce, provoca, confronta.
Horizontal como la traza del rastro
que alarga la esperanza,
que marca los sueños o los extirpa.


El tiempo es horizontal como el cordel que atraviesa
los patios de la infancia,
como la desnudez y los frutos del sueño,
como los puentes del silencio,
los adioses de los amantes,
el brasero y el hielo.


De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 16 de febrero de 2013

EL LIBRO DEL FUTURO



Si hay mil perdones que llaman abre y deja que entren.
Uno a uno.
No importa si con urgencia o desatino. Que pasen.
No será en vano.
Es la otra mitad de la historia.
Aunque dure como las efímeras y muera incluso antes de volar.
 
El resentimiento no paga, la oscuridad no mata.
Intenta. No temas.
Ni trigo ni agua. Ambos.
Ni arte ni artista. Ambos.



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2013 de Rogger Alzamora Quijano

martes, 5 de febrero de 2013

COLORES EN LA MEMORIA


Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia
y será tu silente compañía
cuando a solas te duela la nostalgia.


Alberto Cortez - Te llegará una rosa

Hay un lugar en la imaginación
Donde el pasado se confunde con los sueños
Un ignoto lugar donde se multiplican
Campos camas y mesas Armonía
Se abren manojos truenan fogonazos
Vítores de asombro
 
Hay una luz en la imaginación
Blanca como Lirio Cala
Ilumina el abrazo doliente
La pálida sonrisa que no convence
El temblor de las manos
Actores y testigos
 
Hay una luz
Amarilla como la sombra del tigre
Gris como la melena de la distancia
Sinergía de cosmos viento y fuego
Amarillo vibrante de censuras
Sentencia alcohol y desdicha
 
Hay otra luz
Verde fulgor de te amos y ternuras
Elípticos rumbos de nuestros mundos
Verde de juramentos imprescriptibles
En la cima de la montaña
 
Además
Azul nocturno
Lecho tormento
Enigma del mar Azul pesadilla
Azul ahogo Azul oscuro velo y vuelo
 
Finalmente
Rojo sangriento
Almohada huella y ausencia
Huella de la ausencia
Ausencia de la huella



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2013 de Rogger Alzamora Quijano

lunes, 4 de febrero de 2013

VOLVAMOS A CONOCERNOS



La ventana estaba abierta hacia la gran ciudad. El sol brillaba como nunca y en la calle la gente se sofocaba. Alisa rezongaba en la cocina. Se la podía escuchar peleándose con los utensilios. Rodrigo sonrió. Le había ofrecido ayuda, pero ella lo había ignorado con un beso. Esta vez cocinaré yo, le dijo. Ya estoy avergonzada de conformarme viéndote preparar delicias. Hoy habrá comida quemada, exceso de sal y sabor ausente.
Desde que se conocieron, allá en su provincia cerca de Casagrande, Rodrigo de diez años y Alisa de nueve, asumieron la notoria cercanía como una costumbre, después que sus mamás acordaran que Rodrigo sería el paje de Alisa durante la Fiesta del Trono. Alisa era la Reina de la Provincia. La gente no se cansaría de elogiar y aplaudir la belleza de ambos durante los desfiles. Alisa tenía una mirada deslumbrante que nacía en el alma y se reflejaba en sus preciosos ojos café. Era tímida, de natural sonrisa, cabellos negros que resbalaban sobre su rostro brillante, perfecto, inocente. Rodrigo era un niño hermoso, de rostro amable, ojos grandes y negros. Parecía hijo del poderoso malik. Su acento berebere reforzaba esos rumores.
Esa tarde apenas bailaron una vez. Sus madres no pudieron impedir sin embargo, que se miraran. Tampoco que al final, ella cruzara todo el salón sólo para decirle sin atisbo de duda:
- Quiero ser tu novia.
Desde entonces y hasta finales de la secundaria fueron novios. Sin un beso, sin una palabra. Se temían y se pertenecían al mismo tiempo. Fueron tiempos de somera felicidad, hasta que un día Alisa vio a Rodrigo riendo animadamente con otra joven. Se sintió traicionada. Tenía catorce años cuando el mundo se derrumbó sobre ella. Poco después, Rodrigo se dio de bruces con Alisa besando a su mejor amigo. Rodrigo lloró ante la impotente condolencia de su madre. Ambos optaron por el despecho. No volvieron a dirigirse palabra.
Tiempo después Alisa se casó y tuvo un hijo con aquél muchacho. Rodrigo tuvo que casarse, quizá solo para tener un hijo también. Alisa se fue a vivir a Málaga con su nueva familia y Rodrigo, aunque se quedó en su patria, no quiso seguir en Sindibad para no atizar los recuerdos, y se mudó a Asilah.

En su lecho de muerte la madre de Rodrigo le confesó muchos años después lo que había escuchado y callado, sólo porque pensó que un amor de niños no tenía importancia. Le habló de la confabulación de mucha gente para destruir el amor entre él y Alisa. Padres e hijos habían confabulado en una trama maquiavélica, según la cual ambos niños estaban maldecidos por tanta hermosura. Y se encargaron de convencer a Alisa de que Rodrigo, con lo bello e inteligente que era, nunca dejaría de estar asediado. Que acabaría siendo un mujeriego incorregible.
Rodrigo escuchó perplejo a su moribunda madre enfatizar cómo en aquella ciudad se urdió una gran emboscada contra dos niños que apenas comenzaban a conocer los señuelos del amor. Nunca había podido olvidar a Alisa.
Su madre terminó la confesión con un meditado corolario que Rodrigo no habría de olvidar: “Eran la chica más hermosa y el muchacho más codiciado de la ciudad. La pareja perfecta. Tus amigos y compañeros te envidiaban porque todas las muchachas soñaban contigo. No soportaron que ellas te adoraran no solamente por tu belleza física, sino por tu inteligencia, caballerosidad, educación y sencillez. Y las muchachas se unieron a la trampa porque no te perdonaron que las ignoraras. Envidiaban a Alisa. Se sumaron a la conjura, tal vez pensando que al fin elegirías a alguna de ellas. Cuando -pese a la ruptura- tú no elegiste a ninguna de las intrigantes, fue aún más atroz la rabia de aquellas jóvenes mujeres."

Rodrigo escuchó que Alisa lo llamaba y tuvo que abandonar los recuerdos. Tenían alrededor de cincuenta y cinco años cada uno. Alisa seguía siendo hermosa y distinguida y Rodrigo aún se veía guapo y sencillo.

Antes de entrar en la cocina Rodrigo miró a su mujer desde el umbral de la puerta. Se acababan de casar después de dos años de su reencuentro en los pasillos de La Alcazaba. Se habían saludado, y después de dominar los nervios iniciales se miraron con azoro, sin nada que decir. Sin embargo, podían escuchar el golpeteo urgente de sus corazones solitarios.

Cuando ella le extendió la mano para despedirse -el grupo la estaba esperando-, Rodrigo la detuvo con una propuesta:

- Volvamos a conocernos.



DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2012 Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 30 de enero de 2013

VARGAS LLOSA: “LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO”

Escribe: Rogger Alzamora Quijano


Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 28 de marzo de 1936) ha publicado recientemente un libro de ensayos titulado: "La civilización de espectáculo" (Alfaguara, 2012. 232 páginas). En este nos dice con su habitual estilo provocador -y muchas veces certero- que estamos viviendo una cultura del entretenimiento banal, donde también está incluida la literatura, la televisión, el sexo, la política y demás manifestaciones. Esto, según nos advierte, tendrá consecuencias devastadoras para humanidad, pues va trivializándola sin remedio. La prensa se ha hecho chismografía, el sexo solamente es un pasatiempo desprovisto de todo erotismo, y la política se va convirtiendo en un espectáculo en lugar de una confrontación de ideas.
Dice también que la cultura está desapareciendo, pues estamos sentados en un mundo donde el primer lugar de la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento y donde divertirse y escapar del aburrimiento es una pasión universal. Pese a que la cultura puede ser también una forma superior del entretenimiento, su función principal es la preocuparnos sobre el mundo en el que vivimos, ver la problemática que nos envuelve y una manera de crear en nosotros una actitud crítica y poner en cuestión lo que parecen certezas inamovibles. En estos tiempos, por el contrario, va pasando a segundo plano la gran función de la cultura que ha hecho progresar al género humano. Existe cada vez más el riesgo de tomar a la cultura como pura distracción, diversión, entretenimiento, por culpa del esnobismo y de la frivolidad.
Otra causa, según el Nobel, es la tecnología. El Internet nos está convirtiendo en personas con poca o ninguna capacidad de concentración, donde la gente se queda sin leer libros por “picotear” información en la red. En términos cuantitativos ahora hay muchísimos más lectores que en el pasado, pero el efecto de esa lectura es muy superficial, Ahora no sería posible que aparecieran otro Borges, Joyce o Tolstoi. Es una tendencia que debería preocuparnos. Vargas Llosa aclara que de ninguna manera es una crítica hacia la tecnología o el desarrollo, especialmente audiovisual –que ha traído enormes beneficios y ventajas en el campo de las comunicaciones, la libertad de expresión, de prensa-. Reemplazar los libros por las pantallas es reemplazar un esfuerzo intelectual intenso por otro mínimo, con serias consecuencias en el pensamiento y las ideas -a los que en muchos sentidos está trivializando- y que va creando un público que ya no soporta un gran esfuerzo intelectual, al que fatiga, distrae y aburre, precisamente porque está educado a ese esfuerzo mínimo –en algunos casos ínfimo- que es lo que demandan las pantallas de un computador. Esa es una preocupación latente en países como Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, por ejemplo, donde la tecnología audiovisual ya se ha enraizado profundamente. Vargas Llosa se refiere también a los millones de lectores de la revista “Hola”. Gentes que diariamente leen o al menos hojean la revista para enterarse cómo viven los famosos, cómo se casan, descasan y vuelven a casar. Eso no está mal –dice- a condición de que no sea su alimento cultural único y excluyente, como cree que está ocurriendo en algunos casos. Leer una revista banal no llevará a una persona a formarse sólidamente para enfrentar el mundo de manera creativa. Eso sucede también con la prensa, la que en lugar de ejercer su función fiscalizadora se dedica cada vez más a la chismografía. La tendencia impulsa a los periódicos a mantener su lectoría cautiva con chismes, farándula y escándalos. Ahora es más difícil establecer una frontera entre la prensa amarilla y la seria –que no tienen más remedio que ponerla, porque es un pedido creciente de la misma sociedad. La libertad de mercado requiere una intensa vida cultural y social para que su funcionamiento -del mercado- no destruya los valores y pueda acoplarse dentro de una cierta moralidad, como afirman los grandes pensadores liberales, como Adam Smith (quien curiosamente no comenzó escribiendo sobre economía, sino sobre moral). Cuando la cultura se deteriora –dice Vargas Llosa- la moral se deteriora también y entonces el mercado desborda todo freno. Ha sido esa rapacidad, esa codicia, absolutamente desenfrenada desde los grandes centros financieros lo que originó la terrible crisis que vivimos. No se trata de detener el mercado con reglamentos ni leyes, sino con la moral cimentada en la cultura.
En el capítulo sobre el sexo, Vargas Llosa dice que este se ha des-erotizado. Cita a George Bataille, el ensayista francés, quien lúcidamente decía que el erotismo es una manifestación de la civilización, del progreso, pues el erotismo no aparece en culturas primitivas. Es algo que se da en un contexto donde las artes, las ciencias, las letras y la permisibilidad comienzan a florecer. El erotismo des-animaliza el sexo, lo humaniza y convierte en un ritual y finalmente en un arte. No obstante, en la era moderna y curiosamente desde la permisibilidad, que fue un avance en el campo de la relación sexual, en lugar de enriquecer esos rituales y perfeccionar todavía más esa relación física entre dos personas, lo han trivializado, vulgarizado y convertido en cierta forma en una rutina ya sin misterio, en la que casi no se respetan las formas y rituales que le dan la connotación de acto creativo, de arte. En lugar de aumentar las libertades en el dominio de la expresión sexual, la extrema permisibilidad de hoy terminará trivializando una actividad humana que, si no se conserva, la dosis de privacidad y de misterio puede retrocedernos hacia ese sexo puramente dedicado al desfogue del instinto, que es lo más cercano al sexo animal. Eso traería como consecuencia la pérdida de la pasión, creatividad, fantasía y llevaría a los jóvenes a desembocar en la violencia, el alcohol, las drogas. Algo de eso está ocurriendo ya en las ciudades más permisivas, según advierte Vargas Llosa. Es por ahora un sector relativamente reducido del mundo, ciertamente. Al otro lado están los lugares donde hay censura y existe un gran rigor, la defensa de un puritanismo a ultranza, sectores muy amplios del mundo donde todavía la mujer es discriminada, donde el sexo es sinónimo del mal, y del pecado nefando. Es decir: los países más avanzados del occidente llevan la permisibilidad hacia lo insensible, a la trivialización del sexo, en lugar de a una batalla contra el prejuicio. La trivialización del sexo es tan peligrosa como su represión o censura y acabará con una de las manifestaciones del placer humano, de la comunicación y la creatividad.
En otras partes de su libro, Vargas Llosa habla del fútbol. Las “barras bravas” son un fenómeno de la cultura del espectáculo donde el espectador, amparado en el anonimato, da rienda suelta a sus instintos agresivos. Esa especie de religión laica que arrastra a los espectadores hacia el fanatismo, la irracionalidad, lo puramente instintivo. A lo que Karl Popper definía como “el llamado de la tribu”, especie de colectivismo ciego, en este caso en torno a una camiseta o a un club. Es un fenómeno irracional, que se da justamente en países muy desarrollados tanto como en los más sub-desarrollados. Este fenómeno debería estar contrarrestado por la cultura, pero no por una cultura frívola como la que hoy se va apoderando del mundo. Al mismo tiempo, el escritor aclara que “criticar a las barras bravas no es criticar al fútbol”.
No podía dejar de referirse a “la política espectáculo”. Para él, la política ha experimentado una banalización tan acentuada como la del cine y las artes plásticas actuales. Cada vez la política es mucho más un espectáculo que un debate de ideas y un cotejo de principios o de propuestas. Hoy vemos en las campañas electorales el papel secundario que juegan las ideas, los programas, los valores, los sistemas, versus el papel preponderante que tiene el espectáculo. No son los pensadores, sino los creativos de publicidad los que determinan el éxito o el fracaso de una campaña electoral. También están las enormes cantidades de dinero que se invierten en ellas. Es verdad que no están desapareciendo del todo las ideas. Hay unos países donde el espectáculo es más pronunciado que en otros. Pero la tendencia es creciente. En estos tiempos son los mejores histriones, los actores o los payasos quienes conquistan a los votantes. Contra eso también debería defendernos la cultura, a condición de que también la cultura no contribuya con sus propias superficialidades. Francia es un caso notorio, donde su tradición, de pensamiento profundo, se ha convertido ahora en un mero espectáculo (verbigracia: Sarkozy/Bruni). Los intelectuales están dejando de participar en estos lances y curiosamente es en los países abiertos y llamados libres, donde los intelectuales se están retrayendo de participar, muchas veces por considerar a la política una actividad sucia, despreciable, y que no debe en modo alguno contaminarse con las actividades creativas y artísticas. Vargas Llosa cree que esta es una actitud equivocada, porque “si despreciamos a la política, contribuimos a que la política se vuelva despreciable”. Los intelectuales, al igual que todos los ciudadanos, tienen que participar en el debate público. Ello a pesar de que muchas veces los intelectuales se han equivocado y han defendido las peores opciones, desde el Gulag hasta la revolución cultural china, pasando por los que defendieron las ideas nazis, el holocausto y los asesinatos masivos de judíos. Hubo intelectuales que parecían muy lúcidos y que terminaron ensuciándose moralmente al defender esas opciones. Pero están los del otro lado: quienes aun en medio de esa ceguera colectiva, que es la del fanatismo político, mantuvieron las ideas de la igualdad, libertad y fraternidad. Por eso cree importante incitar a los que dedican su vida a la creación, al pensamiento, a participar de la vida cívica, para no dejar exclusivamente a los políticos profesionales a que lleven la política a empobrecerse y muchas veces a corromperse.
Finalmente, Vargas Llosa se alegra de que su libro haya provocado reacciones diversas y haya sido objeto de críticas y elogios, pues –dice- esa fue la razón de su publicación: invitar a un debate acerca de la necesidad de encontrar soluciones para una cultura en decadencia y que está cayendo rápidamente en la superficialidad.



miércoles, 9 de enero de 2013

ORIGEN MÍTICO DE AIJA




UNO
 
Tras los collados descubiertos en la majestad del paisaje,
senderos piedra, campos ichu. Lagunas, cumbres y parajes.
Bajando pendientes de somera calma, brujo encanto y paz invariable,
sembraron con piedras la desafiante cuesta y dibujaron el perro:
un laborioso mapa donde ocasos y albores se bañan en oro.
 
Al pie de dos celosos imanes de ojos negros,
con el azul intenso aparcado sobre sus ceños,
el río frenético de cabellera plata y rumor bandada
y un paisaje de verdes oníricos acariciados por el viento,
fueron colocados mosaicos de adobe y teja.
Aija, la tierra del genético orgullo y la sapiencia innata.
 
La culta progenie dispersó la mies generosa hasta los confines.
Dorados trigos, papas violeta, eucaliptos, peces y ganado.
Trazaron sabiamente en las montañas sus veleidosos caminos
que cimbreantes trepan para caer hacia recónditos acantilados.
 
Desde aquellos tiempos en la flamante ciudad paraíso
se decretó para cada mediodía una amalgama de humeantes aromas,
que danzan su nobleza sobre la ciudad, para dejarse compartir.
Tal fue el legado de los fundadores que así abolían la mezquindad.
 
 
DOS
 
La lluvia derrama su maciza mirada sobre las brumas de marzo
y calles abajo con firme bramido desliza su desafiante riada.
Las tierras calman su sed y prometen buenas cosechas,
conforme a los sabios designios de los imperiales abuelos,
que hoy persisten bajo la égida de Santiago el Mayor.
 
“El estío ofrecerá su sonrisa entre abril y octubre
—dictaron los patriarcas—.
Las montañas entronizarán al Sol de los incas
en albas solemnes y mayestáticos crepúsculos.
Las praderas lucirán las aves en fastuosa sinfonía
de color y música. Habrá de llamarse Aija”.
 
 
 
TRES
 
El ancho cielo nocturno alberga desde entonces
constelaciones y abruptos laberintos cósmicos,
para que los audaces aijinos, viajeros de abolengo,
no pierdan el rumbo en sus travesías al futuro.
 
Así fue como Aija, la noble ciudad, tuvo su origen.
En el único lugar propicio para el cultivo del espíritu,
los sueños y la libertad.
 

De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2012 de Rogger Alzamora Quijano

lunes, 7 de enero de 2013

SUEÑO



Sueño que suena el teléfono que ayer no atendí.
Sueño que contesto.
Que hablamos sin temor a desparramarnos.
De cuando somos rebeldes.
De la esperanza que nos seduce.
De tu mirada que alumbra mi crepúsculo.
Que me miras desde la cornisa del futuro.
Sueño que sueño.
 
Más allá,
la luz de tu nombre sobre la sombra de mi nombre.
Entonces suena el teléfono.
Tu voz y mi voz, dos moribundas palomas
que han horadado el tiempo muralla.
En medio de la modorra bebo tus insultos.
 


De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2013 de Rogger Alzamora Quijano