AVISO IMPORTANTE


Los textos registrados y/o firmados por el autor del blog son de su propiedad. Está prohibido copiar, reproducir y/o usar comercialmente los mismos sin el permiso expreso y por escrito del autor. Cualquier uso no autorizado conlleva delito de apropiación ilegal de la propiedad intelectual. Las citas de otros autores están consignadas en los créditos.

En este sitio se usan cookies. De acuerdo a las leyes europeas, al entrar en este sitio usted acepta el uso de cookies.
This website uses cookies to ensure you get the best experience on our website.

Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de agosto de 2019

LA TRAICIÓN



A veces despierto dudando.
Abro los ojos y estiro la mano sobre una espalda.
Estoy tan cerca de tocarla.
Y me asalta el miedo. Quizá no seas tú.

Vuelvo al sueño.
Reincidente y breve.
A rozar nuestros pies calientes,
a jugar a las batallas.
A las fotos borradas.
A tus cartas quemadas.
A los museos gratuitos,
a retozar al césped
mientras contamos los aviones.

Volar adonde no fuimos,
criar los hijos que no tenemos,
casarnos ante la envidia general.
Eso solo sucede en los sueños.
Porque ya hemos muerto
y no quedan vestigios.

Cuesta huir de la cárcel de los sueños,
mas el infortunio no es completo.
Vuelvo a soñarte, vuelves a soñarme,
nadie puede evitarlo.
Es un sueño.
Imposible, vano y nuestro.

Donde el café no enfría, el vino no acaba y el amor gana.
Donde hay futuro bajo el tierno sol andino.
Donde las serenatas y la lluvia coexisten.
Donde podemos vencer la nieve de tu invierno
y el infierno grande de nuestro pueblo chico.
Donde la traición muere con el despertar.




Derechos Reservados 2019 de Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 22 de mayo de 2013

ELLA



ella contaba los días,
ella apilaba los sueños,
ella mordía la esperanza,
ella se intoxicaba,
serenamente
con todas las muertes.


DE: versos conversos Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano


viernes, 10 de mayo de 2013

CAMINANDO CON MAMÁ

Agustina: 36 años después tengo fresca nuestra historia. Déjame contarla ahora.


Agosto en Lima. La temperatura dice que hace un poco más de diez grados, pero la realidad la desmiente. Hace mucho más frío.
Tengo diecisiete años pero hoy no siento frío. Lo que tengo es angustia. Vine muy temprano ansiando abrazarla y la encontré levantada, pálida, adolorida.
La ayudo a alistarse.
Tengo diecisiete, repito. No tengo frío, repito. Tengo angustia, repito, pero además tengo preguntas que martillan mi cabeza y esas no quiero repetirlas. No sirven las dudas existenciales ahora.
Bajamos los casi veinte escalones de madera. La pensión es una casa antigua y mi madre está hospedada aquí desde esta madrugada. Yo estoy alojado más lejos, en Barranco.
Luego del lento descenso, ya estamos en la calle. Casi las siete de la mañana.
Unas cuantas personas nos miran, quizá sin comprender.
Yo tampoco comprendo mucho.
Mamá me pide que le ayude a mantener erguida su cabeza.
La primera estación del vía crucis debe ser la esquina, apenas a diez metros de la puerta de la pensión. Llegamos allí. Nos miramos. Es decir, la miro. Ella trata de no mirarme.
Emprendemos otra vez la travesía.
Voy pegado a ella, tratando de seguir sus instrucciones. Un poco más hacia acá o allá, abajo o arriba, así, allí está bien. Aunque habla serena, siento que mi madre tiembla.
Tengo diecisiete y no pienso en la muerte. Sólo pienso en mi madre, en llevar su cabeza entre mis manos, tratando de mantenerla quieta, absolutamente quieta. Cuando lo logro, ella deja de sufrir.
Pienso en llegar pronto a la siguiente estación. Hasta la esquina, dice ella al notarme cansado. Un poco más, hasta la esquina.
Cuando llegamos a la esquina, veo el reloj: siete y treinta y tres. Media hora para ciento diez metros. Nos faltan otros ochocientos. Miro al cielo, pero no tengo tiempo de suplicar. Debo tomar su cabeza y seguir viviendo aquí, en esta calle, en esta nueva obsesión por la quietud absoluta.
Cuatro horas después estamos frente a la puerta de emergencia del hospital central. Ella y yo empapados en sudor. Puedo ver que sus ojos están mojados, pero ella, al sospecharlo también, dice: qué calor. Y se seca la frente y, soterradamente, las lágrimas.
Yo pienso en los límites del dolor. Me pregunto qué extraña fuerza nutre su valentía.
Y por un instante soy feliz.
Porque si ella es valiente, también yo lo seré.
Pronto su rostro agotado me reclama. Entramos. Un médico va de salida en el larguísimo trecho entre la calle y la puerta de ingreso. Le pregunta algo. Ella responde. Yo veo el traje blanco como si fuera una luz. Le quiero decir algo, pero ya él va de regreso. Ella se limpia el sudor y me dice que esperemos allí mismo.
El médico retorna muy pronto, con una enfermera, un collarín ortopédico y una silla de ruedas. Ella suspira y vuelve a suspirar, mientras la enfermera le coloca el collarín y la ayuda a sentarse.
Mamá me toma del brazo y me da las gracias con la mirada. Ya no tiembla.
Yo también suspiro.
Es cuatro de Agosto. Mamá y yo hablamos de muchas cosas mientras aguardamos por una cama disponible. Alguien nos dice que en otro hospital afiliado la aceptarán. Y nos envían en una ambulancia por todo Lima, buscando aquí o allá la habitación que nos dará sosiego. No hay cupo dice uno, no hay cupo dice otro; el seguro no paga a tiempo, dice otro. Regresamos al hospital central. Está cayendo la tarde.
Quizá reforzado por la valentía que ella me contagia, me despabilo y entro a exigirle -a no sé quién- que encuentre una cama. No sé si lo amenazo, no sé si le imploro. No importa. Él me escucha y promete que en media hora tendremos habitación. Casi una hora después ella ya está instalada en su habitación.
Faltan diez días para tu cumpleaños, le digo. Ella sonríe.
Sí, dice. Ya para eso estaremos en casa.
Y nos iremos al teatro, le digo.
Ella asiente.
Ella sabe que no será así. Yo siento lo que ella sabe.
La miro y ella a mí. Si ella no llora, tampoco yo lo haré. Pero me dan tantas ganas. Ha sido un larguísimo día y todavía no puedo creer que estemos en una habitación del hospital.
Ella me pide que mañana le traiga su tejido. La veo sonreír. Los palitos de tejer vuelan en sus ojos.

DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2013 Rogger Alzamora Quijano

martes, 5 de febrero de 2013

COLORES EN LA MEMORIA


Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia
y será tu silente compañía
cuando a solas te duela la nostalgia.


Alberto Cortez - Te llegará una rosa

Hay un lugar en la imaginación
Donde el pasado se confunde con los sueños
Un ignoto lugar donde se multiplican
Campos camas y mesas Armonía
Se abren manojos truenan fogonazos
Vítores de asombro
 
Hay una luz en la imaginación
Blanca como Lirio Cala
Ilumina el abrazo doliente
La pálida sonrisa que no convence
El temblor de las manos
Actores y testigos
 
Hay una luz
Amarilla como la sombra del tigre
Gris como la melena de la distancia
Sinergía de cosmos viento y fuego
Amarillo vibrante de censuras
Sentencia alcohol y desdicha
 
Hay otra luz
Verde fulgor de te amos y ternuras
Elípticos rumbos de nuestros mundos
Verde de juramentos imprescriptibles
En la cima de la montaña
 
Además
Azul nocturno
Lecho tormento
Enigma del mar Azul pesadilla
Azul ahogo Azul oscuro velo y vuelo
 
Finalmente
Rojo sangriento
Almohada huella y ausencia
Huella de la ausencia
Ausencia de la huella



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2013 de Rogger Alzamora Quijano

jueves, 15 de noviembre de 2012

MURIENDO ...O NACIENDO

I've looked at life from both sides now,
from win and lose, and still somehow.
It's life's illusions I recall,
I really don't know life at all.

Both Sides Now - Joni Mitchell


Escribe: Rogger Alzamora Quijano


Aquella tarde la había dedicado otra vez a buscar apartamentos. Fue desde el principio un día difícil, con altibajos muy extraños.
Encontré un lugar bonito, pequeño y aseado con desdén -sólo para que los potenciales inquilinos no tuviéramos una mala impresión-. Me gustaron las ventanas: por una entraba el sol y por la otra se iba. Me gustó también ese toque íntimo que logré advertir. Abrí los cajones del clóset del dormitorio y en uno de ellos, el más cercano al suelo, pude ver al fondo un papel. Cuidadosamente lo extraje, pensando que tal vez se tratara de la copia de un contrato anterior. Lo abrí y leí:

Luz de mi alma:
Triste por el adiós reciente y carnívoro que me devora a dentelladas, te escribo para alejarme definitivamente de tu vida… y de la mía.

Siempre he tratado de mantenerme al menos un paso delante de las circunstancias. Trataré entonces de leer las páginas que todavía no se han escrito. Me arriesgaré a ser el primero en llegar a las playas del olvido… o el último que se ahogará en el intento.

Apenas nos conocimos, nos dejamos llevar. Me hiciste flotar. Tuvimos tiempos buenos y tiempos difíciles, pero nunca malos tiempos. Aprendimos juntos las maravillas de la convivencia, las alegrías, los sufrimientos, las comidas, los momentos de complicidad, los vinos en el balcón mientras mirábamos la ciudad de nuestros amores. Ahora ya no estamos juntos, pero tú has plantado mi alma en los predios fantásticos de la felicidad. Contigo comencé a flotar, ahora siento que mis pies jamás volverán a tocar el suelo.

Seguramente tengo la más grande pena que un ser humano puede cargar, pero esa carga me resulta liviana pues lo entregué todo. No me guardé nada. No tengo que reprocharme, sino el haber fracasado en mi búsqueda de la felicidad definitiva. Quizá no sea tan injusta esta forma de morir, que es el fracaso, porque están los recuerdos para remover los sentimientos, está la nostalgia para conseguir una leve y tibia sonrisa. No me iré de ti definitivamente, como tampoco te irás de mí. Me gusta pensar que hay algo que sobrevive después de la muerte. Y ahora estoy convencido de ello, pues en el pálpito final de nuestro adiós he ido sintiendo que podré vivir siempre en ti. Y mientras te veía también morir ante mis ojos, cincelabas tu presencia en mí, indestructible, altiva, serena.

Nuestro amor y respeto seguirán prosperando pese a la separación, estoy seguro. Sabemos que tras la colisión hay heridas que restañar, pero también perdones que extender. Tras ello nos ubicaremos en el justo medio, desde donde nos podremos mirar además con gratitud, emoción y ternura. Hemos soñado juntos y en la misma dirección, hasta que una pesadilla trajo a nuestras noches el insomnio, y a nuestros días la ruina. Nada es imposible: ello no lo fue y tampoco lo será la resignación.
Ahora he amanecido sintiéndome solo. Preguntándome si es esta la habitación donde duermo. Y sí, es esta misma habitación, pero ya no estás. Ya no estamos. Entonces, abrumado por el desconcierto salí a la calle. Y me vi solo, mientras la gente se multiplicaba a cada instante. Hubiera preferido no caminar estas calles hoy, porque a pesar de que las he visto miles de veces, siento que no las conozco más. Estoy perdido. Pero hay calles que sí conozco, porque las caminé contigo. Ambos sabemos dónde y a qué hora me sentaba a esperarte al filo de las siete de la tarde, para luego comprar una coca cola para ti, por ejemplo. O aquella preciosa calle llena de robles verdísimos por donde pasamos corriendo en medio de la lluvia. Eso tampoco morirá. En las noches y dormido podré regresar por esas calles, parques y ciudades donde sólo fuimos felices, sin más explicación.

Si pudiera dejar mis prejuicios me gustaría encontrarte otra vez, para saber que es posible regresar por nuestras huellas más valiosas, sueños imperdibles, abrazos todavía tibios o hasta calientes. Quizá no me importaría volver atrás para llenar contigo -y una vez más- nuestros sacos de esperanza, así ello signifique retractarme y aceptar que sí: es posible remendar un cristal roto, sin dejar rastros.

Con el vasto amor que, sabes, siento por ti:

(y en este punto terminaba la carta, sin una firma, sin un nombre).


Las primeras sombras de la noche me sorprendieron con el papel entre las manos. Todavía turbado asentí con la cabeza al casero que preguntó si me quedaría con el apartamento.


DE: CARTAS APÓCRIFAS (EL JUEGO DE LA VIDA) Copyright © 2012 Rogger Alzamora Quijano

domingo, 15 de julio de 2012

LA ÚLTIMA CARTA

Gracias... por no haberme dejado un solo mensaje que respondiera mis e-mails, tercos de toda terquedad.
Gracias por no haberme respondido ni siquiera inconsciente, telepática o subjetivamente, menos aún con la respuesta que éticamente me adeudas, pero que ya no necesito.
Gracias por darme un final que tuve que adivinarlo a punta de sufrimiento.
Gracias por sugerirme tu nueva personalidad, por más que sea ajena para mí (cosa que de hecho ya no te incumbe).

Gracias por no demostrarme entrega incondicional, amor insoslayable, urgencia tácita.
Gracias por borrar mi horizonte.


Sé que estás agazapada, divirtiéndote con mi desesperación, regocijándote con mis súplicas.
He esperado poco, muy poco. No puedo esperar más y odio esperar.
Esperé días enteros encontrar una respuesta, emplasto para mi angustia.
Soy absolutamente imperfecto, absurdo, errático e incompetente, pero creí merecer una importancia en tu vida que –ciertamente- no tengo.
Estás fuera de mi entendimiento, aunque todavía dentro de mi corazón.


Debo levantarme, sereno, sin aspavientos. Tomar mis cosas e irme.
En estos últimos días ha llovido sobre mojado sobre mí.
Y he intentado vanamente ir por un poco de tu abrigo, como mil veces nos prometimos.
Y te he sentido en algún punto lejano y ya inalcanzable para mí.


Pasarán los días. De amor ya no se muere.
La distancia y el tiempo saben confabular junto al olvido.

Algún día encontrarás las pruebas de mi inocencia que también hoy tienes y desprecias.
Para entonces ya yo habré aceptado culpas que nunca tuve ni tendré.

La fe puede durar para siempre o extinguirse en un instante sin reparación posible.

Quedarán rastros de las quemaduras
por la milagrosa conjunción que pareció unir definitivamente nuestras vidas,
por el roce de los cuerpos,
por los diarios despertares,
por los abrazos interminables,
por las miradas,
por el amor que nunca podrás negar que te di.
Pero sólo serán recuerdos de sensaciones salvajemente incineradas.


Baste esta definitiva nota donde me reafirmo en un adiós que me duele, pero que necesito (quizá tanto como tú, que debes estar harta de arrojar a la papelera mis empalagosas cartas bañadas en súplica).
Un adiós que -espero- no te reproches nunca, por haberme prendido fuego sólo para congraciarte con la multitud que te exigía mi cabeza.
Un adiós que, por el camino de los tormentos, me llevará de retorno a la penumbra de donde nunca debí salir, ni lo volveré a hacer.




DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 22 de octubre de 2011

SUEÑO GAVIOTA


Volamos estepas y ciudades. Calles, árboles, nubes,
silencios y tormentas.
Ibas morena, magnánima, soberana.
Volamos sobre zanjas profundas
envueltos por tinieblas miedos, llantos y resuellos.
Y sobre el bucólico balcón que dominaba la ciudad.

Altitud y distancia son eufemismos.
Moribundos kilómetros, opaco cansancio.

Volamos lejos sin trazar futuro
un sueño gaviota.


De: versos conversos Derechos Reservados © 2011 Rogger Alzamora Quijano

domingo, 9 de octubre de 2011

BRAZOS LIRIOS



No me importa el verde del campo si no estás tú.
No me gustan las flores si al mirarlas lloras.
No hay canción que valga más que tu voz,
y no hay alivio que no venga de tus ojos.
 
No me gusta estar donde no estás.
Quiero que mis días tomen el color de tus sueños.
Que la modorra termine en tus brazos lirios
y me insinúe tu tacto un mínimo indicio.



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © Rogger Alzamora Quijano

jueves, 16 de junio de 2011

I'VE SEEN THAT FACE BEFORE




Ya he visto ese rostro
Lo conozco
Cabellos viento lunar desconcierto
Ojos temibles boca sinuosa dientes mordisco
Ya he visto ese rostro
Quizás en los recreos escolares
O de cara al mar mientras moría mi madre
Ya he visto esa sonrisa enigma
A la luz de la nieve
En las madrugadas gordas de fracaso
En mis canciones que tiritaban redundantes
Ya he visto ese rostro antes de mi y después



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2012 de Rogger Alzamora Quijano

jueves, 25 de septiembre de 2008

DÍA VEINTIUNO



¿Veneno o alcohol?
¿Cuál lava y cuál percude?
¿El olvido o la venganza?

El lavabo es el podio del odio.
El espejo muestra la muestra,
no de lo que hubo,
sino de lo que queda
¿Me lavo o me percudo?


DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano