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martes, 16 de abril de 2019
LA BILLA DE ACERO (Fragmento)
Quería ser mi amigo en Facebook.
Vi su foto del perfil. Veinte años después había cambiado mucho. No pasaba desapercibida su nariz, grotescamente magullada, pero su expresión anodina seguía intacta. Me quedé mirándolo en la pantalla, ahora se llamaba Mauricio. Volví hasta aquella tarde de sábado, cuando el seis a cero que hasta hoy me lo reprocha Cory.
En aquél entonces lo llamábamos Pillo. Tenía trece años, un año más que yo. Era menudo, flaco, desaliñado, vivaz. Un maestro jugando a las canicas, y argolla, y ciria. Y cuanto juego se hubiese inventado. En el fulbito era, además de talentoso, un tipo malvado y mañoso. Así como te hacía presa de oprobiosas guachas, fintas y tacos, te pateaba soterradamente, te arañaba, te escupía, todo eso mientras te trabajaba a la boquilla.
Con diez años, Pillo era un viejo zorro de la vida. Podía estar todo el día sin comer, y ni hambre sentía. Todos íbamos y volvíamos de nuestras casas, pero él seguía allí, jugando y ganando. Tenía familia. Una familia donde él no cabía. La mamá lavaba ropa ajena en el río. La recuerdo: profundos ojos verdes agobiados por el cansancio, fuerte, alta, hermosa y silenciosa.
Mi madre me reprendía por llamarlo por su apodo y por juntarme con él "y los otros vagos". De todos modos, ella sentía compasión por Pillo. Cuando podía le invitaba algo: un bizcocho, un plátano, cualquier cosa. Él la miraba desconfiado, altanero, le recibía y se marchaba sin decir gracias.
Al caer la noche, vendía las canicas ganadas a los propios derrotados. Con ese dinero, iba a la tienda y se compraba una Coca Cola y lo que se le antojara.
Pillo tenía víctimas, no amigos. Yo le temía y admiraba, en igual proporción. Me ganó cientos de canicas de vidrio, pero nunca jamás mi billa de acero, reluciente, única y magnífica. No supo que existía. Ni él ni nadie. Yo la llevaba en mi bolsillo, la palpaba, sopesaba, acariciaba. Ya en mi casa, después de llegar de la escuela, la ponía sobre mi escritorio para admirar su brillo y distinción. Era mi riqueza y mi orgullo.
Aquella "tarde de sábado", nos reunimos para jugar un partido en el pampón del barrio. A falta de Windor, Pillo me ordenó ir al arco. Lo detesté por eso, pero era su equipo y fui a ubicarme bajo los tres palos.
La pelota iba y venía en una ajustada contienda. Pasada la media hora de juego, no se había movido el marcador. Fue entonces cuando, tras una volada que evitó el primer gol, me levanté envuelto en polvo. Requerí abundante agua para despejar mi vista, y cuando por fin pude ver, Pillo y tres más estaban en un extraño conciliábulo. Me miraban y sonreían. Intrigado, acudí. En las manos de Pillo relucía mi espléndida billa de acero.
Busqué mis bolsillos. No estaba.
—¡Es mía! grité.
Me miró con sorna.
Puso el balón en juego. Atónito, me quedé al borde del área. Lo seguí con la mirada, esperando a que también cayera para ir a por mi billa. Como es de suponer, llegaron los goles en mi desierta portería. Pillo no se daba por enterado. Impasible vio uno, dos, tres, cuatro goles. No era el mismo, desde que se apropió de mi billa. No me insultaba, como acostumbraba. Rehuía mi mirada. Ni pizca de rebeldía ante la derrota. Solo desdén y sarcasmo. Y desprecio. Y amenaza. Todo junto.
Entonces decidí atacarlo para recuperar mi billa por la fuerza. Cuando terminó el partido con un turbio seis a cero, corrí para sorprenderlo desprotegido. Lo logré. Nos revolvimos en el suelo. Y cuando creía que lograría meter mi mano en su bolsillo, sentí la avalancha de sus golpes. No necesitó más de dos minutos para reducirme y dejarme esparcido en medio de la cancha. Todos sabíamos cuán ducho era en la pelea. Hasta le había visto rematar a los caídos. A mí me dejó ahí, sin poder pararme. Se fue con los demás detrás, como sus súbditos.
Cory se enteró y, sin decirle a mamá, fue a asistirme, mientras me reprochaba mi osadía.
Salimos del pampón. Todavía ensangrentado, pude ver a Pillo parado en la esquina. No tuve miedo. Lo atacaría de nuevo. Pillo se adelantó con una expresión pacífica, desconocida en él.
—Te la juego.
Lo miré sin entender.
— Te la juego —volvió a decir—. Mi billa. Te la juego.
— Bien- dije.
Al fin y al cabo, era una oportunidad para recuperarla.
- ¿Y qué jugamos?- pregunté.
— Si yo pierdo te entrego la billa. Si pierdes tú, me llevo a tu hermana.
Le incrusté un puñetazo en la cara. Todos -me cuenta Cory- escucharon el inconfundible sonido de huesos rotos.
Más no recuerdo. Desperté en el hospital, con dos costillas fracturadas, algunos dientes movidos y los huevos hinchados de tanta patada que me dio en el suelo.
En fin, le he aceptado. Ya somos amigos en Facebook.
Derechos Reservados 2019 de Rogger Alzamora Quijano
lunes, 7 de enero de 2019
LA LUNA
Antes, en este mismo lugar, la luna se encendía sobre la espuma. Cual sepulcros, sus cráteres ocultaban todas las catástrofes incluso esta, promisoria y fugaz. Anoche, tras dos segundos ha desaparecido. Tal vez haya sido su encantamiento o mi perturbación.
No volvió. Aguardé el resto de la noche.
Es tarde ya, poco antes del amanecer, final de la ilusión. El cielo despejado le dio inmejorable escenario para la función.
No está. Sé que vaga por ahí. Sé que juega en algún lago. No aquí.
Sin sus grises ojos no hay vida en el abismal campo de los sueños.
Derechos Reservados © Copyright 2019 de Rogger Alzamora Quijano
domingo, 9 de diciembre de 2018
TE HUELO A NIÑA
Debes estar durmiendo. Alguna tristona melodía de Marcello sonará en tu cama de plaza y media, desde un opaco oboe. Está moribunda tu celebración. Mañana hay que trabajar. Te veo desde mi escritorio. Algo quedará de tu pelo enrulado ante el que sonreías, en la única foto que guardo. Y definitivamente el fondo temible de tus ojos.
¿Caiste exhausta de tanto amor, de tanta gente y de tanta hipocresía? Sonreías sin saber muy bien por qué. Total, te da miedo alejarte de la vida que vives, muy lejos de la que hubieras querido para ti. Te sirvieron tu comida favorita, como si con eso te llenaran el alma. Te engatusaron con elogios y con tanto buen presagio. Ya eres una mujer, aunque todavía huelas a niña.
Tienes miedo cuando ocultas lo que en verdad miras. Tienes miedo de ti, más que de él. Este cumpleaños no te libra de la mentira. Porque te sonrojas cuando lees a hurtadillas el poema que crees que escribí para ti. Le buscas mil ángulos, crees estar descubriendo tácitos señuelos, que quizá no lo son. Crees ver mucho más de lo que ves. Y presientes lo que nunca estuvo detrás.
No hay nosotros. No sabes si estoy. No sabes si soy o fui. Si te pienso. Si existes. No sabes ni sabrás si escribí para ti.
Toma tu almohada y trata de dormir, cerca de aquella barba, como quien se guarece bajo un hueco paraguas. Estira tus piernas cerca de él. Enróscate como una lombriz antes de soñar, y no te conmuevas ante los largos trancos de los chelos y el clavicordio. Quédate con el frívolo "feliz cumpleaños", para no sumergirte en el segundo movimiento del viejo adagio.
Es medianoche y calla el presto. Debes cargar otro año más a tu cuenta de veintitantos, mientras yo pierdo el duelo con mi computador.
Derechos Reservados © 2018 de Rogger Alzamora Quijano
lunes, 30 de octubre de 2017
LAS MAGRAS FLORES
¿Dónde están las tumbas abuela?
¿En algún rincón de este intrincado cementerio?
¿En la ladera donde están los muertos sin ralea?
Éramos pobres y no había para mausoleo.
¿Dónde están tú y el abuelo?
Los muertos ya no sienten, dijiste.
¿Por qué tengo dos apellidos y ninguna huella?
¿Los sembraron en el gélido pajonal?
¿Dónde están tus húmeros y las manos avispas del abuelo?
¿En el recodo para bohemios y musas?
¿En sus tambores que ya no suenan?
¿En el secular olvido de tu progenie?
Vine a encontrar tu cruz en los predios próximos al abismo,
donde nace la pushanya, donde duerme la niebla.
Encontré magras flores y no tu lacónica cruz que yo pinté de morado.
Todo es nuevo, incluso los muertos.
No hay lugar para los olvidados.
No hay cruces moradas, solo sepulcros nuevos.
Nada de ti. Nada del abuelo.
Ni la fugaz memoria de tus abrazos,
ni sus pasos viajeros, ni su sorda melodía.
No encuentro tu morada.
Ya no hay Josefas ni Amadeos.
Fueron desterrados del mundo del silencio,
a las aguas inexorables del olvido.
De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2017 de Rogger Alzamora Quijano
lunes, 11 de septiembre de 2017
DESTIEMPO
Si hay verde botella o celeste esperanza.
Si hay plan de sustento ante el retiro.
Si hay miedo.
Si hay un menú secreto para el hambre de recuerdos.
Si hay proyectos o tendencia al reposo.
Si hay muerte de frío o vida de sueños.
Si seguir fumando después de.
Si celebrar los ochenta o transigir.
Si habrá más castigo y menos cielo.
Si aguarda un patio de vicisitudes
o una primavera de hospitales. No sé.
Sordo pretérito, tenaz ser fugaz existir,
presente completo futuro complejo.
Tiempo destiempo.
De: versos conversos Derechos Reservados © Copyright 2017 de Rogger Alzamora Quijano
miércoles, 7 de septiembre de 2016
EL BASTIDOR
Iba a pintarte.
Ya no recuerdo si lo soñé o lo viví. Entre el sueño y la necesidad hay apenas una línea.
Iba a pintarte, seguramente debes recordarlo. Tu cara, tus brazos, tu magnífica estampa izada sobre el campo donde perdía todas las batallas. Tu encantadora desfachatez.
Recuerdo el blanco lienzo, los colores y los pinceles que compraste y deseché por insufribles. Te reíste. Era tan diáfana tu alegría, que no dejaba dudas.
Y entre el jolgorio y la cocina olvidamos armar el bastidor. El tiempo y la confianza comenzaron a escasear. Un mes corrió velozmente. Las dudas, que nos esperaban agazapadas veinticuatro horas cada día, nos obligaron a postergar.
Cierto día, terminamos inventando un pretexto para llevar el bastidor al desván. Las veinte piezas fueron a parar al vecindario del abandono. Y con ellos, tu rostro sin cuadrantes, tus brazos sin color ni calor, tus ojos de un sombrío tono imposible, tus ojos ajenos al delirio. Allí se quedarían, vagando en los aposentos del moho, el bastidor desmantelado y las preciosas líneas que jamás tracé.
También mi recuerdo de aquellos festivos días se agolpa en los sepias calendarios, cual briznas devoradas por el olvido.
Ha pasado mucho tiempo. Décadas de silencio. El extravío acabará por engullir los quiméricos matices de tu retrato, y así desaparecerás también e mi pasado.
Iba a pintarte. He traído a mi memoria aquél episodio, como gesto de inmensa gratitud por las grandes epopeyas que escribimos juntos. Dejemos para los zócalos de la memoria la anécdota del recóndito bastidor.
Fragmento extraído del libro: Y ENTONCES Derechos Reservados © 2020 de Rogger Alzamora Quijano
miércoles, 10 de agosto de 2016
EL PARADERO
El tiempo:
El 14 de Agosto de 1983, regresando de colocar flores a mi madre, muerta seis años antes, compré un periódico para aliviar mi largo trayecto a casa. Página tras página leí sobre ataques terroristas y las timoratas respuestas del entonces mandatario. Al día siguiente tenía que ir a Barranco, así que caminé desde la avenida Tacna hasta Plaza San Martín, donde debía tomar la línea 2 de los llamados Büssing. En el paradero inicial, junto al ex-cine Colón, no había ni buses ni colas, así que me puse a leer los periódicos en el quiosco de la esquina. Mi sensación de desazón fue peor que el día anterior.
Cuando por fin me senté en el amplio bus amarillo, ya tenía la primera línea de mi poema.
La historia:
El Perú se había ido convirtiendo en un país violento. Desde el 28 de Julio de 1980, don Fernando Belaúnde gobernaba con abulia, tras los estropicios de su antecesor, el gobierno militar. Era Belaúnde un presidente de escritorio, de engoladas y sonoras frases, un showman que prefería las comodidades de su oficina palaciega a los polvorientos escenarios del Perú profundo, mestizo y pobre. Nos agobiaba una inflación que entre 1982 y 83 creció del 73% al 125%, gran endeudamiento externo, desempleo del 40%, furibundo fenómeno El Niño enfrentado mal y peor, y episodios dramáticos como el de Lucanamarca, el primer gran paso del Senderismo. Frente a tales hechos gravísimos, el país además tuvo que soportar la desafortunada gestión de Belaúnde, quien llamó “abigeos” a los crueles autores de masacres en la región altoandina.
El poema:
Una semana después, al final de la entrevista al poeta Antonio Cisneros (click aquí para leer la entrevista), y mientras me “jalaba” en su volkswagen, le mostré mi poema y pedí su opinión. “Yo lo dejaría como está”, dijo. Ante mi desconcierto, optó por palmotearme el hombro: “En serio. No es mi poema, pero si lo fuese, yo lo dejaría como está. A mí me gusta”. Entonces lo dejé, tal cual. Unos meses después el Instituto Nacional de Cultura de Ancash -que por ese entonces iba a publicar una revista- me pidió colaborar para su número anual, y lo entregué tipeado a máquina. Lo único que reprocharía de aquella edición es que le añadieron signos de puntuación donde no existían.
Facsímil del manuscrito original de El Paradero.
EL PARADERO*
Suena Charles Aznavour en francés
no entiendo
su voz cae como un aluvión
nada me conmueve hoy nada
la música cambia el estéreo tose
como mendigo en el atrio de la iglesia
como mirando Los Paraguas de Cherburgo
Todo falta menos los microbuses deprimentes
como una cafetería perdida en los calendarios
como un emolientero dormido en la madrugada
como el ambulante que huye de los municipales
como la muchacha que busca trabajo de masajista
como los militares en su Bazar Central
como los deudores que no tienen plata
Yo conozco muchos paraderos ninguno como este
que tiene a la tienda de discos enfrente
con la música a todo volumen
al quiosco de periódicos listo para ser devorado
—tanta masacre—soldados y campesinos—mejor los
deportes—mejor las porno—en todo caso los cómics—
ninguno como este paradero sin solución
para los alcaldes que no pueden reemplazarlo
lástima porque figura en el mapa
Las mujeres charlan Yo me hago el loco
para blandir Memoria contra Olvido
Se detiene la negra con sus piernas duras y amenazantes
con sus manos delicadas y sus ojos blancos
con su falda a cuadros
y sus ojos blancos y tiernos
como los de su reflejo en la ventana
Yo vengo por ella a este paradero
*Modificado en 2017 para su publicación en el libro Versos conversos, selección del autor.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2000 de Rogger Alzamora Quijano
El 14 de Agosto de 1983, regresando de colocar flores a mi madre, muerta seis años antes, compré un periódico para aliviar mi largo trayecto a casa. Página tras página leí sobre ataques terroristas y las timoratas respuestas del entonces mandatario. Al día siguiente tenía que ir a Barranco, así que caminé desde la avenida Tacna hasta Plaza San Martín, donde debía tomar la línea 2 de los llamados Büssing. En el paradero inicial, junto al ex-cine Colón, no había ni buses ni colas, así que me puse a leer los periódicos en el quiosco de la esquina. Mi sensación de desazón fue peor que el día anterior.
Cuando por fin me senté en el amplio bus amarillo, ya tenía la primera línea de mi poema.
La historia:
El Perú se había ido convirtiendo en un país violento. Desde el 28 de Julio de 1980, don Fernando Belaúnde gobernaba con abulia, tras los estropicios de su antecesor, el gobierno militar. Era Belaúnde un presidente de escritorio, de engoladas y sonoras frases, un showman que prefería las comodidades de su oficina palaciega a los polvorientos escenarios del Perú profundo, mestizo y pobre. Nos agobiaba una inflación que entre 1982 y 83 creció del 73% al 125%, gran endeudamiento externo, desempleo del 40%, furibundo fenómeno El Niño enfrentado mal y peor, y episodios dramáticos como el de Lucanamarca, el primer gran paso del Senderismo. Frente a tales hechos gravísimos, el país además tuvo que soportar la desafortunada gestión de Belaúnde, quien llamó “abigeos” a los crueles autores de masacres en la región altoandina.
El poema:
Una semana después, al final de la entrevista al poeta Antonio Cisneros (click aquí para leer la entrevista), y mientras me “jalaba” en su volkswagen, le mostré mi poema y pedí su opinión. “Yo lo dejaría como está”, dijo. Ante mi desconcierto, optó por palmotearme el hombro: “En serio. No es mi poema, pero si lo fuese, yo lo dejaría como está. A mí me gusta”. Entonces lo dejé, tal cual. Unos meses después el Instituto Nacional de Cultura de Ancash -que por ese entonces iba a publicar una revista- me pidió colaborar para su número anual, y lo entregué tipeado a máquina. Lo único que reprocharía de aquella edición es que le añadieron signos de puntuación donde no existían.
Facsímil del manuscrito original de El Paradero.
EL PARADERO*
Suena Charles Aznavour en francés
no entiendo
su voz cae como un aluvión
nada me conmueve hoy nada
la música cambia el estéreo tose
como mendigo en el atrio de la iglesia
como mirando Los Paraguas de Cherburgo
Todo falta menos los microbuses deprimentes
como una cafetería perdida en los calendarios
como un emolientero dormido en la madrugada
como el ambulante que huye de los municipales
como la muchacha que busca trabajo de masajista
como los militares en su Bazar Central
como los deudores que no tienen plata
Yo conozco muchos paraderos ninguno como este
que tiene a la tienda de discos enfrente
con la música a todo volumen
al quiosco de periódicos listo para ser devorado
—tanta masacre—soldados y campesinos—mejor los
deportes—mejor las porno—en todo caso los cómics—
ninguno como este paradero sin solución
para los alcaldes que no pueden reemplazarlo
lástima porque figura en el mapa
Las mujeres charlan Yo me hago el loco
para blandir Memoria contra Olvido
Se detiene la negra con sus piernas duras y amenazantes
con sus manos delicadas y sus ojos blancos
con su falda a cuadros
y sus ojos blancos y tiernos
como los de su reflejo en la ventana
Yo vengo por ella a este paradero
*Modificado en 2017 para su publicación en el libro Versos conversos, selección del autor.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2000 de Rogger Alzamora Quijano
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domingo, 31 de enero de 2016
NI PAVESE
Sin escribir autómata remoto cartesiano
Perdido anacoreta en tanta búsqueda
Deslucida lucidez en dichosa dicha
Dolor en el mundo yo me adhiero
Deducir un poema es como palpar un sueño
Veinte horas de cada veinticuatro es falaz intento
Con verso y sin duele el vasto dolor
Con verso y sin se duerme incompleto
Ganas de una guitarra hasta llorar de tanto vivir
Ganas de escribir hasta enfadarse de tanto hurgar
Que nada es peor que la renuncia y nada más vano que el reproche
Ganas de armonía hasta la noción del deber
De quitarse la camisa caminar y correr
De sentarse a fumar en cualquier esquina
Ganas de gastar días y noches
De aguardar lo que no abunda
Ojos miel piel naranja mano desasida sereno busto
Un poco de cintura un tercio de ternura
Un poco de luna y silencios mezquinos
Un poco de sombrío y de mudo
Un poco de sigilo y extravío
DE: versos conversos Derechos Registrados 2016 de Rogger Alzamora Quijano
martes, 24 de diciembre de 2013
REGALO DE NAVIDAD
Nochebuena con:
Un poco de tolerancia.
Un poco de perdón.
Desprendimiento y comprensión.
Otro poco de buena fe.
Corazón abierto.
Compasión y equidad.
Abrazo limpio.
Alimento y aliento.
Derechos Reservados Copyright © 2016 de Rogger Alzamora
jueves, 12 de diciembre de 2013
LA PERSIANA
También mi infancia
la atravesaba un río
y tenía una hora misteriosa en la cual las palomas
a mi alma obedecían.
Juan Gonzalo Rose - Carta a María Teresa
Guarda las contingencias escolares,
heroicos triunfos y profusa amargura,
la infancia breve, la juventud sagaz,
la siembra de libros y la piel esponja.
Anuda la luz permanente, alimenta de sueños la luna.
Acopia dichas intangibles, tormentas y tormentos.
No esconde la música doliente ni los versos delirantes.
Sostiene la rebeldía. Soslaya riesgo y certeza.
Prolonga encanto y contento, summum hipocresía.
Abrevia soledad y desdicha, silencio y ceguera.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2013 de Rogger Alzamora Quijano
viernes, 25 de octubre de 2013
EN CURA DE AUSENCIA
Quedan tus ojos topacio para mi vacío
Alguna pradera sin tus brazos
Alguna comarca sin nombre
Los recuerdos persisten
Los libros invitan poco y menos
Apenas un par de amigos
Y una canción que menoscaba mi cordura
La casa el alba las flores la hoguera la cama
La urgencia tus brazos tu sexo
El acervo que en mis bolsillos llevo
La perenne ternura esperando
Tu vigencia insoslayable
Y también tus agravios gratuitos.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2013 de Rogger Alzamora Quijano
martes, 8 de octubre de 2013
LEJANÍA
Lejos de serenos serenatas y crepúsculos,
escuela amigos envidia noches alcohol.
De amores y pactos confianza y desilusión.
De misas y de café. De calles deshabitadas.
De cirios dolor en la procesión de la vida.
De notorios desaciertos y pírricas victorias.
Lejos de humo lisonjas y traiciones,
saña oprobio dolores y rencores.
De gloria escolar y niñez apoteósica.
De lobos con piel de amigos traición soez.
De molinos gigantes y escueta mies.
Lejos de mi mundo cerca de mi tierra.
Del mar sabor brisa vaho prisa albricias.
Entre las calles Maravillas y La Victoria.
Lejos de huesos venas carne y sentencia.
DE: versos conversos Copyright © 2013 Rogger Alzamora Quijano
domingo, 21 de julio de 2013
AL POETA
que se altera y muerde el anzuelo
que se oculta bajo un libro y muere en el intento
que se hunde para vivir y siempre retorna
que lame las estepas y duerme al sol
que aguarda con rigor el anonimato
un pez de aguas calientes
un loco sumiso
un caballo sin crines
un caballo sin viento
un paisaje sin ventana
claro de luna sin luna
por doquier o por nada
y sin embargo por todo
por el pie ajeno
por el ojo propio
por el amor de terceros
por las letras vanas
por las venas secas
sin rumbo sin dinero sin causa
sin vestigios
existir nada más
sin salir de la botella
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2009 de Rogger Alzamora Quijano
miércoles, 27 de febrero de 2013
DÍA ONCE
No hay por qué odiarte.
Y menos yo, que he buscado soslayarte a costa de mi propio cuello.
Y cuando tratas de comprarme, sumiso me regalo a tu boca primavera.
No me importa recoger migajas, rendido o asalariado pero tuyo.
Y si en otra vida tengo el mismo destino he de rendirme otra vez,
así seas peor de lo que eres
y yo pueda ser peor de lo que soy.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano
martes, 5 de febrero de 2013
COLORES EN LA MEMORIA
Te llegará una rosa cada día
que medie entre los dos una distancia
y será tu silente compañía
cuando a solas te duela la nostalgia.
Alberto Cortez - Te llegará una rosa
Hay un lugar en la imaginación
Donde el pasado se confunde con los sueños
Un ignoto lugar donde se multiplican
Campos camas y mesas Armonía
Se abren manojos truenan fogonazos
Vítores de asombro
Hay una luz en la imaginación
Blanca como Lirio Cala
Ilumina el abrazo doliente
La pálida sonrisa que no convence
El temblor de las manos
Actores y testigos
Hay una luz
Amarilla como la sombra del tigre
Gris como la melena de la distancia
Sinergía de cosmos viento y fuego
Amarillo vibrante de censuras
Sentencia alcohol y desdicha
Hay otra luz
Verde fulgor de te amos y ternuras
Elípticos rumbos de nuestros mundos
Verde de juramentos imprescriptibles
En la cima de la montaña
Además
Azul nocturno
Lecho tormento
Enigma del mar Azul pesadilla
Azul ahogo Azul oscuro velo y vuelo
Finalmente
Rojo sangriento
Almohada huella y ausencia
Huella de la ausencia
Ausencia de la huella
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martes, 5 de junio de 2012
DÍA VEINTIDÓS
Pérgola escondida semitonos angustia
blues centinela.
Lleno mi noche melodía con misiles
de aguardiente y estrellas.
Y la luna, un orificio blanco y sin garantías
me pone el ojo en la huída.
Yo aguardo sentado como brujo en Tolón
sobre la hoguera.
Canto, masa de llanto manto de miedo.
Muero al cielo pierdo balas y melodía.
DE: versos conversos Derechos Reservados © Rogger Alzamora Quijano
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domingo, 24 de abril de 2011
DÍA VEINTICINCO
Sueño que has juntado nuestras imposibles paralelas,
nuestro pasado de odios y resquemores, de alcurnia y plebe.
Sueño que una filuda luz cae en mi escritorio,
alumbra el enigma, corta el resuello y trae tu voz.
Sueño tu contrición sobre mi hombro.
Sueño que pesa
y sueño que puedo.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © de 2011 Rogger Alzamora Quijano
miércoles, 22 de octubre de 2008
AL DESTIERRO
Mujer o libro
Perro o tigre
Sol o destierro
Caballo azul o tigre amarillo
Luz de mis ojos que pierde brillo
No abarcas lo que aprietas
No cortas lo trazado
No saltas la grieta
Ni miente tu mente
Sola como la luna trepas al cielo
Tu pelo silba silencio
Tu gracia no corta el viento
Tu mano no entibia ni mella
El conjuro de la despedida
El adiós la lágrima el fracaso
Mujer libro o qué
Loba cruz o arrecife
No sé
Contra todo
duda penumbra demanda
Mujer loba mar arrecife
Súplica en ristre
Entiendo me desconcierto me miento
Mi nombre escrito en tu pensamiento
Mujer cruz destierro
Perro tigre caballo
Loba libro o nada
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2008 Rogger Alzamora Quijano
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jueves, 25 de septiembre de 2008
DÍA VEINTIUNO
¿Veneno o alcohol?
¿Cuál lava y cuál percude?
¿El olvido o la venganza?
El lavabo es el podio del odio.
El espejo muestra la muestra,
no de lo que hubo,
sino de lo que queda
¿Me lavo o me percudo?
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano
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