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jueves, 25 de septiembre de 2008

DÍA VEINTIUNO



¿Veneno o alcohol?
¿Cuál lava y cuál percude?
¿El olvido o la venganza?

El lavabo es el podio del odio.
El espejo muestra la muestra,
no de lo que hubo,
sino de lo que queda
¿Me lavo o me percudo?


DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano

domingo, 14 de septiembre de 2008

AL PERDÓN



Prisión salvaje, patio de remordimientos
es donde vivo, donde espero y desfallezco
abdicando sin remedio,
sin una foto que caliente mis recuerdos.
 
La tempestad amenaza. No es ayer ni ahora.
Apenas tal vez. Y ni siquiera.
Porque aquella esquina donde rechacé un abrazo,
monte de penitencia, muro de lamento, lacera
y el raudo tajo deja perpendicular mi cobardía.
 
Si pudiera hacer metáfora sería música.
Siempre desatino.
Una octava.
Un bemol rancio de sigilo.
 


DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano

martes, 9 de septiembre de 2008

FRACASAR CADA VEZ MEJOR



Piedad Bonnett (Amalfi, 1951). Poeta, dramaturga y traductora. Licenciada en filosofía y letras por la Universidad de los Andes. Su primer libro de poesía, De círculo y ceniza (1989), recibió mención de honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz. En 1996 publicó Ese animal triste. Galardonada con el Premio Nacional de Poesía otorgado por Colcultura en 1994 por El hilo de los días. Entre sus publicaciones también se destacan Nadie en casa (1994), Todos los amantes son guerreros (1998) y Tretas del débil (2004), y las novelas Después de todo, Para otros es el cielo y Siempre fue invierno.

Escribe: Piedad Bonnett


Los escritores debemos temer a los homenajes. En primer lugar, porque cuando empiezan a multiplicarse, sobre todo a edad provecta, pueden leerse casi como despedidas. En segundo término, porque son siempre un halago. Y por eso mismo debemos estar seguros, cuando los aceptamos, de no estar creando ni compromisos ni dependencias. Y en fin, porque pueden llevarnos a percepciones erróneas de nosotros mismos, a tomarnos demasiado en serio o a movernos en el único territorio en el que jamás debemos ubicarnos: el de la certidumbre en relación con lo que hacemos.

Pero es cierto también que los escritores, vanidosos y generalmente inseguros, nada apreciamos más que el reconocimiento. El reconocimiento, no la fama, que es, como dice Rilke, «la suma de malentendidos que se reúnen alrededor de un hombre». «Algo habré hecho mal —decía Stevenson— o no sería tan famoso». Mientras la fama es problemática, el reconocimiento nace del aprecio, del interés genuino de los lectores. Es la recompensa que el escritor recibe por lo que ha hecho, que no es otra cosa que pasarse horas y horas de su vida escribiendo palabras que no sabe si interesarán a otros.

En efecto, el escritor —si uno lo piensa un poco— tiene uno de los oficios más extraños que puedan darse: él mismo se impone su tarea, con sus ambiciones y sus límites; se dicta sus horarios, se traza sus caminos. Decide qué borra, qué corrige, cuándo su trabajo está terminado. Ahí reside su privilegio y su tortura: hace lo que quiere en un mundo en el que la mayoría de las personas trabaja de manera obligada, con miras a la supervivencia y, muchas veces, en cosas que no le gustan. Pero al elegir ese camino de autodeterminación se atiene a las consecuencias: puesto que ya hace mucho no sólo desaparecieron los mecenas sino que el poeta perdió el aura —para hablar con las palabras de Benjamin—, debe, generalmente, subsistir por medio de un oficio paralelo, que le roba las horas; en la escritura busca goce, y a menudo lo obtiene, pero el camino suele ser tortuoso y desasosegante. Está obligado a ser siempre el mismo y también otro, a desdoblarse, a inventarse cada vez. Y, poseído por una idea, o por la fuerza de una historia o de una forma que se le impone, lo que lo mueve es el proceso, no el resultado: cuando logra su objetivo, se olvida de él, ya no le interesa. Su ciclo me recuerda, por supuesto, el mito de Sísifo, pero también los versos de Blanca Varela:
digamos que ganaste la carrera y que el premio era otra carrera.

Llegué a la escritura, entre otras razones, y siendo aún una adolescente, por envidia. Envidia de aquellos seres misteriosos, los escritores, siempre tan lejos y tan cerca, capaces de fabular historias fascinantes o de crear poemas estremecedores; quería provocar en mis lectores imaginarios las inmensas emociones que en mí había suscitado la lectura de Verne, de Salgari, de los hermanos Grimm, de esa inmensa novela que es Crimen y castigo, o de los poetas cuyos poemas había leído, de niña, en los cuadernillos de Simón Latino. Con el tiempo, y en la medida en que he hecho de la literatura una de las razones más poderosas de existir, aunque jamás me he desentendido del lector, mi tarea se ha convertido en una pasión en sí misma. Pero aunque sigo escribiendo, como en mis primeros tiempos, más por necesidad personal que porque crea que el escritor tiene una misión, no concibo el oficio de la escritura como un ejercicio onanista que no revierta en otro, que no tenga por objeto último comunicar algo a los demás.

Creo que escribir comporta una reflexión ética y estética que dicta la forma y compromete al escritor con una tradición que es, en primera instancia, la de su lengua, pero que va mucho más allá de ella. Y con su momento histórico, que de una u otra manera, en la verdadera literatura, está siempre presente. Como se ha dicho tantas veces, el escritor es, ante todo, una conciencia crítica, que a través de sus textos incomoda, examina, problematiza y, ante todo, comprende. La suya es, en esencia, como señala Kundera, contraria a toda mentalidad totalitaria. «Mientras más huele a podrido en Dinamarca —dice Sergio Pitol— más indispensable se vuelve la novela». Yo añadiría: y la poesía, esa forma suprema de la literatura, que es capaz de decir lo que ningún otro arte puede decir.

El acto creador del escritor entraña una profunda paradoja: realizado en la más absoluta soledad, está destinado a propiciar una de las formas más plenas de comunicación, sólo superada tal vez por la que existe en la relación íntima de dos personas enamoradas. Me gusta la forma en que Savater plantea el acto de leer: como una comunicación profunda entre la soledad del autor y la de su lector, que multiplicada se traduce en un acto comunicativo más amplio, de dimensión social. Esto significa que la obra jamás podrá ser inocente. Todo pensamiento expresado, toda forma elegida, tiene una carga: política, ética, estética. Por eso mismo, publicar no puede ser el resultado de un ejercicio narcisista, sino que debe tener siempre una justificación.

Algunas veces me han preguntado qué significa escribir en un país que se desangra, víctima de la violencia; y cuál es la responsabilidad que esta situación plantea a los escritores colombianos. Y sólo he podido responder que, en cualquier parte del mundo, la única responsabilidad que un intelectual debe tener es compromiso con su arte e independencia. Eso se traduce en múltiples acciones: escribir sólo sobre aquello que resulte imperativo, sin hacer concesiones a la moda, al afán comercial de las editoriales, a supuestos deberes políticos, o a la culpa, esa sombra que siempre acompaña al colombiano, por el hecho de formar parte de una sociedad indolente y permisiva; permanecer a distancia del poder, conservando un espíritu crítico que le permita no sólo disentir, sino interrogar, subvertir, ver desnudo al emperador y ponerlo en evidencia. No sucumbir al halago, ni dejarse arrastrar al reino del diletantismo o de la banalidad. En fin, ser libre y capaz de resistirse a todo amansamiento.

A la pregunta de si es distinto escribir desde la condición masculina que desde la condición femenina, habría que responder rotundamente que sí. Pero por una sola razón: porque es imposible eludir la condición de género. Ser mujer implica una experiencia del mundo muy distinta de la del hombre, que abarca desde los condicionamientos de su cuerpo hasta la naturaleza de sus temores. Una historia de siglos, una manera de ser mirada e interpelada o silenciada marca su género. La impronta de esa experiencia se traducirá, quiérase o no, en su obra.

En no pocas ocasiones he tenido que recordar la graciosa frase de Conrad: «Ser mujer es una tarea terriblemente difícil, ya que consiste en tratar con hombres». Reconozco la pervivencia de la discriminación de género —también yo la he sufrido, tanto en sus formas burdas como en las más soterradas— y la necesidad de luchar por las reivindicaciones de la mujer. La literatura no es, no puede ser ajena a ese problema, como tampoco a ningún otro. Pero su naturaleza la obliga no a aleccionar, ni a juzgar, ni a imponer verdades, sino a mostrar a esa mujer en situación, a dramatizar sus conflictos, a poetizar sus deseos y sus frustraciones. Aspiro a que las mujeres de mis obras sean de carne y hueso: a veces valientes, a veces cobardes, imperiosas, frágiles, tercas, vanidosas, ambiciosas, dulces, crueles, soñadoras o insatisfechas.

Hombres y mujeres nos hermanamos en torno al misterio de la existencia: a todos nos sobrecoge por igual la posibilidad de la muerte, el amor, la temblorosa constatación de los ciclos, de la belleza, de la maldad y la violencia. Y si algo pretende un escritor es poder penetrar la naturaleza humana, sin barreras. Es esto lo que permite a Flaubert crear ese personaje lleno de dudas, insatisfacción y veleidades, que es madame Bovary. Y lo que hace posible que Marguerite Yourcenar asuma la complejísima conciencia de Adriano, el emperador.

En un país como éste, enturbiado por tantos bajos sentimientos, «la carrera de un creador —como dijo Javier Marías, hablando de España— a veces es la imagen de alguien que está en el agua y se esfuerza por salir mientras algunos lo empujan hacia abajo». Por eso, un homenaje verdadero es como un abrazo fraterno, estimulante, que congrega a los lectores, los cuales son siempre la mayor recompensa para un escritor. Ellos lo hacen olvidar sus diarias vicisitudes y las envidias y maledicencias que lo persiguen desde que los medios lo convierten en figura pública.
Cuando en lo más alejado de la provincia, en la modesta biblioteca de mi padre, y con la guía de mi madre, una sencilla maestra, descubrí las felicidades de la literatura, jamás habría podido imaginar que el sueño temprano de ser escritora se cumpliría. He dado una dura pelea por hacer de mi vocación una opción de vida y una posibilidad de felicidad, pero no más ni menos que muchos otros escritores colombianos, apasionados por su oficio. No soy yo la llamada a hablar de logros. Bien se sabe que cada obra entraña un fracaso, pues siempre hay una distancia entre lo que se quiso decir y lo que logramos decir. El estímulo que hoy recibo me ayuda a aspirar, no a la perfección, que está siempre fuera de nuestro alcance, sino, como dijo Beckett, a fracasar cada vez de una mejor manera.

ARMONÍA

Oye cómo se aman los tigres
y se llena la selva con sus hondos jadeos
y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
Mira cómo giran los astros en la eterna
danza de la armonía y su silencio
se puebla de susurros vegetales.
Huele la espesa miel que destilan los árboles,
la leche oscura que sus hojas exudan.
El universo entero se trenza y destrenza
en infinitas cópulas secretas.
Sabias geometrías entrelazan las formas
de dulces caracoles y de ingratas serpientes.
En el mar hay un canto de sirenas.
Toca mi piel,
temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
antes que el ritmo de mi sangre calle,
antes de que regrese al agua y a la tierra.

sábado, 6 de septiembre de 2008

DÍA DIECISIETE



UNO
¡Por nosotros!
Tus dedos y mis dedos encallecidos por la soledad
apuran el vaso final.
Tú agua, yo metal.

DOS
¡He hablado de ti!
¡He escrito tanto!
¿Para qué seguir usando las palabras?

TRES
Hoy escuché Albinoni y su adagio sonó a Giazzoto,
falso como un charco de lluvia en la arena.
Hay cosas más tristes que tu mentira.



DE: versos conversos Derechos reservados Copyright © 2003 Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 3 de septiembre de 2008

EL SENTIDO SOCIAL DE LA BELLEZA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

La poesía es la ciencia de lo exacto, la cima del lenguaje , decía Armando Rojas. Además de eso, la poesía debe estar basada en la belleza, tiene que estarlo, por estética, por objetivo, por cauce, por esencia. La poesía debe ser accesible a todos y por lo tanto, deberá ser también social: por compromiso, por sobre todo tipo de consideraciones, llámese económicas, racionales o de otros tipos aún más mundanos.

Dicho esto, se puede colegir que la poesía, siendo sustancialmente expresión de la belleza, debe serlo también de la sociedad. Es verdad que en el mundo cada día suceden calamidades; que la pobreza y la miseria llevan a los seres humanos a extremos insospechados; que la enfermedades suelen ser cada vez más dramáticas y terminantes, y etcétera. A pesar de todo eso, los seres humanos debemos aspirar a la belleza. La belleza es el alimento de los sentidos.

Es un crimen, por ejemplo, imponer a los niños vivir en ciudades estériles, vidas malvadamente competitivas y cada vez más cerca del mundo virtual que lo colman de tensiones y lo enfrentan a los demás. Es un crimen también someter a los creyentes en un determinado Dios, inmolarse so pretexto de cumplir un mandato divino. Y así, hay tanto que aborrecer, que nos obliga a vivir a salto de mata en un mundo sombrío.

Si embargo, la vida nos exige un uso mucho más optimista de los recursos que nos ofrece. La vida es también belleza. Y debemos aspirar a ella para, al menos, sentir que pasamos tibiamente por este mundo. Buena parte de la belleza está en la poesía y toda poesía encierra belleza. La belleza es un destino social. La poesía es un vehículo hacia ella. Si nuestra vida busca y se dirige hacia lo bello, tendría que hacerlo trepada sobre poesía. No solamente cuando se canta al amor, ni a las protestas; se rebela o se indigna contra guerras o injusticias; sino también cuando ofrece un campo visual y espiritual pleno de armonía en todos los demás aspectos.



Derechos Reservados Copyright 1999 de Rogger Alzamora Quijano

domingo, 31 de agosto de 2008

ESTAMOS HECHOS DE RECUERDOS

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

El aquí y ahora tiende a confrontarnos permanentemente con la memoria, con el pasado. Y el pasado no perdona. Lo que somos, no fuimos ni lo seremos. La ilusión del hoy, que alimenta esa continuidad, no por aparentemente nítida debería convencernos. Ese alguien que parece estar aquí para decirnos lo que fuimos o somos, no existe. Los momentos más intensos de la vida se evaporan muy pronto, no importa cuánto los hayamos esperado, preparado, deseado. Cuando amamos no hay nada que nos pueda decir: yo amo; no hay ningún Yo; hay amor. Cuando después decimos: yo amé, en realidad estamos usurpando una experiencia que ya escapó. Cuando decimos fui feliz es porque ya no lo somos o al menos, no lo somos tanto. Cuando somos verdaderamente felices no hay portavoz que nos diga que lo estamos siendo.

Nos transformamos, mutamos, pero sin percatarnos hasta después, o nunca. Hasta que nos apremie el recuerdo de una sensación que ya no podemos tener. Que sabemos que nos pasó, que la tuvimos, que la vivimos, pero que solamente podemos recordar.
¡Cómo nos gustaría poder palpar otra vez nuestros más gratos recuerdos!: el roce de una piel, el cataclismo tras una mirada, el sabor de un beso. No es posible. Lo único que nos queda es la memoria. Ya el tiempo pasó, como entonces que se hizo esperar tanto para durar un instante y desaparecer.

¿Cuál es nuestra materia prima más valiosa? La memoria.
¿De qué estamos hechos? De recuerdos.


Derechos Reservados Copyright 2001 de Rogger Alzamora Quijano

viernes, 29 de agosto de 2008

TARDE...



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

No sé por qué hay tardes como esta, que no encandilan, que no seducen, que no sirven para nada. Quiero escuchar música y no sé cuál. Quiero sentarme y escribir, pero no logro alzar vuelo.

Son las tres de la tarde y he pensado irme a mi cama como si ya fuese de noche. Hacer cuenta de que ya cené, calzarme las pantuflas y cepillarme los dientes. Click al televisor y ver alguna cosa donde no falte sangre, sexo, ni traición. Pero ni eso. Mis perros me miran y reclaman su paseo diario. Ya regresé de hacer una consultoría y no me fue bien tampoco en eso. Fue muy fácil. Me dejó un vacío en la boca. Quería darle más intensidad, pero nada más había por hacer.

Vivir solo no es malo, ya conocí la soledad. Hoy parece ser lo peor. Me siento con la urgencia de salir de acá. Ni el Rulfo que siempre me entretiene da hoy luces a mi vida. Veo mis cuadros. Tal vez empezar otro, pero ¿qué pintaría?

Ella se fue.
Y no volverá.

Me dijo que me adora, pero no me aguanta. Que soy lo que toda mujer quisiera tener, pero que es imposible vivir conmigo. Yo lo sé mejor que nadie.

Recogió sus cosas. Me pidió que la ayudara, y lo hice. Sabía que lloraba y lloré también. No quise retenerla, porque no. Sentí que debía dejarla ir. Se llevó la suave tempestad de su Chanel No. 5, el desorden que trajo como su sello propio. Se llevó los secretos que aplicaba en sus comidas. Se llevó sus ojos. Le hice adiós con ambas manos, para esconder mis temblores. Le di un beso directo al cuello y ella se sonrojó como si lo supiera.

No era justo hacerla quedar, sólo para disimular que sólo yo puedo vivir conmigo.


DE: EL JUEGO DE LA VIDA Derechos Reservados Copyright © 2005 Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 23 de abril de 2008

ANTONIO CISNEROS, POESÍA Y PERIODISMO


Ilustración: Antonio Cisneros en 1998, dibujo a tinta, por Rogger Alzamora Q.


Escribe: Rogger Alzamora Quijano


En 1984 el poeta Antonio Cisneros dejó la dirección del suplemento dominical “El Caballo Rojo” -del controvertido periódico “Diario de Marka”-, luego de cuatro años. Poco antes, en agosto de 1983, me concedió esta entrevista, valiosa por el contexto: la violencia terrorista y el desorden económico que envolvían al Perú. Cisneros habla sin medias tintas sobre política y literatura y hace notar su personalidad, siempre contestataria y directa. He aquí el texto completo (sin editar) de la entrevista (publicada en la Revista Apuntes), a quien es -para muchos- el mayor poeta vivo del Perú.


ANTONIO CISNEROS, POETA VIVO


Antonio Cisneros (Lima, 1942), poeta, profesor de Literatura de San Marcos, director del Suplemento “El Caballo Rojo”, guionista de cine y habitual conferencista, nos recibe en su departamento de Miraflores. Él, apertrechado con cigarrillos y encendedor, yo con una grabadora y tres cintas casetes. Ocho de la mañana.

Cisneros ha publicado entre otros libros: “Destierro”, “David”, “Comentarios Reales”, “Canto Ceremonial contra un oso hormiguero”, “Agua que no has de beber” y “Como higuera en un campo de golf”, “El Libro de Dios y de los Húngaros”. Es Premio Nacional de Poesía 1965, Premio Internacional Casa de las Américas 1968 y Premio Internacional de Poesía Rubén Darío.


Rogger Alzamora.- Antonio Cisneros es profesor universitario y periodista, además de poeta ¿Cómo ve el Cisneros profesor de Literatura al Cisneros poeta?

Antonio Cisneros.- Bueno, en realidad el profesor universitario mira al poeta con envidia, porque yo creo que la poesía es en mí una real vocación y teóricamente podría llenarme la vida. Lo malo es que en la práctica hay que vivir de algún otro oficio y es por eso que soy profesor. No quiero decir que mi actitud frente a la enseñanza sea estrictamente mercenaria o pragmática, pero efectivamente la enseñanza es un camino al que se llega más por necesidad que por vocación en la mayoría de los casos. Después uno termina agarrándole el gusto, pero en las condiciones del Perú, de la universidad estatal peruana, enseñar es una tarea cada vez más difícil y por momentos hasta desagradable. Sin embargo esa persona es la que mantiene a la otra que es poeta.

R.A..- Dentro de esas labores se encuentra la periodística, Ud. es director del suplemento dominical “El Caballo Rojo”. Cuéntenos cómo resultó eso.

A.C..- En la práctica hace bastantes años, aunque no de una manera tan a fondo como ahora, me dedico al periodismo. Desde hace quince o veinte años siempre he colaborado, pero desde el año 75 trabajo en la Revista Marka, donde además llegué a ser editor de internacionales. Entonces, el pase de la revista semanal al periódico diario se ha hecho de una manera gradual y dentro del diario he asumido la dirección de “El Caballo Rojo” que de algún modo es un semanario que yo mismo había estado dándole vueltas. Claro que “El Caballo…” actual por la misma práctica, por el concurso de otros compañeros, por la misma realidad, dista un poco, debido a la pobreza que tiene la empresa que saca “El Diario”. No se parece 100% a la idea en abstracto que yo tenía hace cuatro años, pero más o menos es lo mismo. Entonces, el periodismo siempre ha sido una vieja vocación paralela a la creación literaria -concretamente poesía- paralela a la enseñanza en la que siempre me he sentido curiosamente instalado. Hay momentos en que me gusta mucho enseñar, otros en que no tengo deseos de enseñar; hay momentos en que me siento destinado a la enseñanza, hay momentos en que siento que estoy completamente fuera de lugar, resignado a mantenerme por necesidades. Pero yo creo que todo esto, más que un problema profesor-alumnos es por las condiciones de trabajo que con el tiempo se van haciendo cada vez más difíciles en la enseñanza y que ponen a prueba una vocación de mártir que muchas veces yo no tengo. Mientras que el periodismo siempre ha sido una vocación más fluida, más espontánea. Me atrevo a decir que el periodismo me gusta, pese a las condiciones adversas en que estamos sacando nuestras cosas ahora, pese a que el espacio de libertad de prensa y de juego democrático se está reduciendo cada vez más y pese a que yo creo que, después del último cargamontón entre el Comandante General del Ejército, el Segundo Vicepresidente y el Ministro del Interior, ya se convierte en una franca amenaza contra los periodistas (de Marka, más en concreto). Así y todo yo sentía la necesidad de hacer un semanario eminentemente cultural, pero donde no hubiera la separación esquizofrénica de cultura y política, puesto que en la vida real caminan juntas. Entonces, también con una perspectiva política de izquierda pero en ambos casos (cultura y política) con una posición antidogmática y pluralista dentro de la izquierda; anti-mitificadora, con una vocación universalista donde no solamente los representantes culturales de la izquierda sean Vallejo, Mariátegui y Arguedas, sino la posibilidad de que muchos más creadores, escuelas, tendencias, corrientes de la cultura también formen parte del patrimonio de lectura del pueblo, de la gente. Por eso es que alguna vez he dicho que “El Caballo…” está un poco planteado como una “biblioteca de los pobres”, como el semanario para la gente que no tiene plata para comprar libros – que hoy es el 99% del Perú. Por eso algunas veces hemos tenido choques, entredichos con los compañeros del campo popular de la izquierda o del periódico. Por mi actitud antidogmática he tenido líos con “versiones oficiales” de la izquierda, cuando por ejemplo el paro de hace dos años que fracasó. Entonces claro, se tapujan entre ellos y no mencionan, no admiten el fracaso. “El Caballo…” analizó por qué el paro fracasó. Eso siempre enemista con algunas cúpulas de la izquierda que quieren que las cosas no se digan.
Por otro lado, siempre hemos abierto un abanico muy amplio, donde las diversas tendencias de la izquierda tienen columna, opinión. O si no, en otros casos, acogiendo a periodistas como Ricardo Letts, hemos tenido más de un enfrentamiento con la cúpula de Izquierda Unida, porque dice que por qué escribe Letts que es pro-senderista o muy alocado. O cosas por el estilo. Y en el otro terreno también, porque siempre hay una tendencia populista, ingenua, de decir por qué “El Caballo…” no es más ágil. Y “más ágil significa, traducido en otras palabras, por qué no tiene más calatas, más picadillo, más chismes. Por qué no hay más Tulio Loza. Si hubiéramos querido hacer eso, lo hubiéramos hecho -y quizá no tan mal- pero nuestra aparente densidad en el suplemento no es casual. No es porque no sabemos hacer cosas más ligeras o más “ágiles”, como dicen, sino porque nosotros tratamos de dar un material de lectura que no hay otra manera de conseguirlo y que no brinda a las mayorías la posibilidad de conseguirlo o de comprarlo.

R.A.- Eso se manifiesta en el gran tiraje que tiene “El Diario” los domingos…

A.C.- Nosotros lo aumentamos, definitivamente. En una época hemos duplicado el tiraje de “El Diario”. Eso demuestra una vez más que el pueblo no es idiota. Porque aunque sea lectura densa y difícil tiene acogida.
R.A.- ¿Cree que la literatura peruana tiene una imagen actualmente, como la ha tenido hasta el 70, por ejemplo?
A.C.- Es un poco difícil decirlo, por dos razones: uno, porque mi opinión va a ser sumamente intuitiva. Y la otra, que siendo yo uno de los llamados “representantes más conspicuos de los años 60”, entonces parecería una mezquindad si yo opinara negativamente en este caso. Sin embargo y pese a todo, me atrevo a decir que en los últimos diez años hay un desdibujamiento de la literatura peruana en sus diversas manifestaciones. Por lo menos en los terrenos de la poesía, narrativa e inclusive en el teatro. Yo creo que hay una especie de estancamiento, no tanto porque no se produzca en la cantidad de antes –porque se continúa pese a la recesión y a la situación económica-. La gente sigue editando aunque sea revistas a mimeógrafo. Uno o dos ejemplares, pero hay mucho movimiento sobre todo en las universidades y en especial lo relacionado con la poesía. Yo creo que ese cierto vigor que empezó con la Década del 60, que hizo propuestas que correspondieron de algún modo a la latinoamericanización de nuestra poesía y la publicación en diversos centros de América Latina y una serie de búsquedas de una poesía que se dio en llamarla “del 60” y que correspondió también al período del “boom” (que es donde realmente gente como Vargas Llosa o Alfredo Bryce por citar simplemente dos ejemplos logran un cuerpo coherente, visible e internacionalizado también), esas fórmulas usadas y re-usadas, perfeccionadas en muchos casos pero al fin y al cabo no innovadas, están llegando a un callejón sin salida. Ahora, esa es, como digo, una opinión muy intuitiva. Me incomoda darla, puesto que parecería una mezquindad. Por otro lado, digamos que yo también lo asumo, puesto que formo parte del problema siendo –como soy- un poeta “en ejercicio”.
La literatura peruana de los últimos 25 años tiene una importancia en general, como corpus, dentro de la latinoamericana y además algunas características más o menos definibles, no sé si tanto como peruanas, pero como latinoamericanas sí. Ha tenido buena poesía. Es más, sigue teniéndola. Ese no es el problema, sino en que están variándose, cambiándose experimentos ya realizados. Lo que no se está haciendo es buscar nuevas salidas. Entonces lo que hacen lo hacen bien, pero con bondades probadas hace 20 años y así ya tampoco hay riesgo. Eso es por un lado.
Por otro lado, personalmente yo no estoy de acuerdo con esa especie de opinión optimista tipo carrera de caballos, de decir cuál literatura es mejor: si la peruana es muy buena o la mejor. Son frases que dependen de los entusiasmos de quienes las dicen. Yo creo que hay una buena literatura peruana, reconocible como corpus completo, pero la literatura no se mide en competencia por países. No es cosa de decir, cuál está primera, cuál segunda y etc. (en el ranking disquero, digámoslo así, del asunto)
En conclusión: Hay una identidad latinoamericana y dentro de ella, la peruana sigue siendo importante.

R.A..- En su poesía hay evidentemente un lenguaje original, animado por ciertas influencias ¿Cree que ha alcanzado lo que usted buscaba?

A.C..- No, de hecho estoy en permanente proceso. Una vez que uno termina de escribir un poema, un libro o una serie de poemas siente una satisfacción lógica: es una catarsis. Uno ha trabajado y ha terminado algo ¡Ahhh! ¡Quedó bonito! Bien. Pero pasadas las 24 horas de satisfacción sicológica uno vuelve a estar insatisfecho con lo que hizo. Creo que uno de los motores fundamentales de todo creador es su insatisfacción frente al mundo que lo rodea y justamente el acto de crear es un puente entre la realidad (frente a la que uno está insatisfecho) y la realidad que uno mismo pretende crear con la palabra. En esa medida yo estoy en permanente búsqueda. Algo he logrado, es cierto, sería un loco o un hipócrita si dijera que no. He logrado algunas formas, estructuras, un lenguaje, una manera de tratar la imagen, más o menos reconocible que hace decir “esto es de Cisneros”. Pero allí está el revés y el envés del problema. Por un lado es necesario ir creando un lenguaje propio para poder afirmar un mundo original y eso podría ser “mi triunfo”. Mi derrota está en que cuando uno crea algo que funciona, podría haber la tentación de sentirse cómodo en este lenguaje, entonces no avanzar, puesto que uno ya ha probado que con ciertas formas de expresión funciona. Hay esa contradicción. Se crea formas más o menos propias; uno establece su propia retórica. Pero después esa retórica se lo puede comer a uno, si es que se queda dormido.

R.A..- En ese aspecto, ¿ha pensado en la vallejiana posibilidad de romper con los cánones establecidos, es decir, escribir una especie de Trilce?

A.C..- Yo creo que hay muchas formas de romper con los cánones, pero lo importante no está en el hecho, sino en el por qué y para qué. Trilce, en la época de Vallejo (comienzo de los 20, comienzo de la vanguardia) cumple una necesidad fundamental de época y naturalmente también en el desarrollo personal de Vallejo. Yo en este momento me siento un poco empantanado y con una disposición cada vez mayor a tratar de abrir un mundo experimental muy distinto. Pero el experimento por sí mismo también es un riesgo. Siempre estamos en el umbral de lo que pudo haber sido y no fue, como dice el bolero. Lo importante es saber qué fórmulas queremos encontrar para expresar qué conceptos. Yo en estos últimos tiempos, más que nunca estoy dispuesto a revisar mi obra. Hay algunos elementos construidos -porque al fin y al cabo la poesía no es sólo palabras, sino una manera de asumir el mundo- pero quisiera hacer exploraciones, buscar caminos inéditos en lo posible. En eso estoy.

R.A..- ¿Algo ha significado en usted sentirse primero poeta joven-nuevo y ahora poeta maduro-autoridad? ¿Algún conflicto? Y si es así, ¿lo ha superado?

A.C..- Cuando uno arranca con suerte, arranca bien, copa algunos premios que –se supone- son para personas mayores (Premio Nacional a los 22, Casa de las Américas a los 26), muy bien recibido por la crítica, etc. medio que se hace a la idea de ser poeta-joven-eterno. Cuando uno se da cuenta ya pasó el tiempo. En cuanto a los conflictos que se suscitan normalmente son: cuando un joven publica por primera vez algo, siempre es bien acogido puesto que es joven y no ofrece competencia a los demás escritores o críticos. A medida que va avanzando y que se va haciendo más reconocido, mediante ediciones, publicaciones, premios, reediciones, traducciones, al revés de lo que debería ser: ganar más afecto y apoyo, lo que va ganando es más envidia y más odio.
Si hay algún conflicto entre pasar de joven semi-precoz al poeta más o menos maduro, más o menos establecido que soy sería que en el camino he ido perdiendo afectos, abrazos, palmoteos y ganando envidias, sobre todo de la gente que está más cercana. De la gente que está lejana, que yo muchas veces no conozco personalmente, de repente merezco algún afecto, aprecio. Como también debe haber gente a la que no he hecho ningún daño, también adopta una actitud hostil, pero esos son gajes del oficio. A veces veo poetas jóvenes (y viejos también) que son muy susceptibles a la crítica de lo que escriben. Yo creo que no deberían serlo tanto. Debemos saber que cuando sometemos algo al juicio público inevitablemente nos estamos sometiendo a la opinión de los demás la cual puede ser muy justa o muy desapasionada y también estamos sometiéndonos a las deformaciones, sobre todo en un país como el nuestro donde hay gente humillada, resentida, pobre, ofendida. Y que toda esa imagen de aparente triunfo, de aparente consenso siempre va a provocar resistencias y nos va a caer de todo.

R.A..- Hablando de sus premios, ¿han repercutido éstos en su universo poético, directa o indirectamente?

A.C..- No. Esas son cosas externas. Claro que da gusto ganar un premio. Más aún si anda uno caído de plata. Da gusto que el premio sea en sólido. Hay una relación natural de satisfacción, pues uno siente que sus desvelos han sido reconocidos. Pero en la obra nada de eso. Cuando yo gané el Premio Nacional con Comentarios Reales, el siguiente libro es Agua que no has de beber, que en realidad es mucho más deprimido que Comentarios… donde hay un optimismo político e irónico. Luego gané el Casa de las Américas con Canto Ceremonial…, después viene Como higuera… que es probablemente un de los libros más tristes que se han escrito en poesía en este siglo.

R.A..- ¿Recuerda cuándo comenzó a escribir poesía? ¿Cuándo se le manifestó?

A.C..- Yo creo que escribí poesía siempre.

R.A..- ¿La militancia política debe conjugar con la poesía?

A.C..- Siempre y cuando no sea militancia orgánica, propiamente dicha, sí. De lo contrario, la militancia no se puede sobrellevar con otra actividad, cualquiera que sea.

R.A..- ¿Tiene usted una hora favorita para escribir?

A.C..- Si “escribir” se refiere a poesía, lo hago cuando las cosas me salen. A veces apunto algo para que no se me vaya. Generalmente lo hago entre las siete y las once de la mañana, en que hago todo. No escribo de noche.

R.A..- ¿Qué antecesores literarios le han enseñado más?

A.C..- Mis influencias no son sólo literarias, sino todo lo que he leído en mi vida: lecturas sociológicas, antropológicas, políticas, folklóricas, La Biblia, libros técnico-científicos en algunos casos, artes plásticas, cine (mucho cine), teatro. Todas esas cosas tienen que ver. Si nos remitimos estrictamente a la poesía y siendo injustos con mis maestros y mis padres espirituales vivamente podría decir que las obras de Eliot, Pound, Lowell, Pessoa, San Juan de la Cruz, el romancero español, La Biblia como libro literario, las poesías clásicas chinas y japonesas. Inclusive la poesía maya-azteca (recuerdo mucho la impresión que me causó la Antología de Poesía Pre-Colombina que reunió Asturias hace muchos años). En todo caso esos son los libros que he leído con más deleite, siendo injusto con muchos otros autores.

R.A..- ¿Puede decirnos en qué medida hay un esfuerzo consciente en su estilo?

A.C..- Siempre hay un esfuerzo consciente, más allá de la inspiración, de la necesidad de comunicación, etc. A la hora de poner negro sobre blanco se supone que vamos acompañados de una intención racional y de una tecnología adquirida.

R.A..- ¿De los lugares que ha visitado alguno tiene peso específico en su poesía?

A.C..- He ido a distintos lugares, épocas, circunstancias y períodos. No es lo mismo dos años de la vida de uno que dos semanas. No es lo mismo viajar a los 38 años que a los 25. No es lo mismo viajar casado que soltero. No es lo mismo viajar pobre que rico. No es lo mismo viajar a un Congreso de Luchadores por la Paz o a un Congreso de Poetas Latinoamericanos que viajar para buscar trabajo o para no hacer ni una ni otra cosa. Particularmente y no porque sea tal o cual lugar, sino porque he vivido cuatro años de mi vida pienso en Londres. Allí fui muy joven, pero no tanto como para que todo me deslumbre y para no absorber lo que acontecía –era la segunda mitad de los años 60- Allí me divorcié. Todo eso no se ha repetido más. Londres ha sido la imagen de una extraña isla feliz (porque fue muy doloroso también).

R.A..- No conozco mucho sobre su actividad como guionista de cine. Háganos un resumen, por favor.

A.C..- La verdad es que no he hecho gran cosa. En cortometrajes tengo seis guiones que se han exhibido en los circuitos obligatorios. De ellos, en 1976, con el título de En la orilla (que el director cambió porque el mío era El mar de dónde venimos) de corte científico, ganó un premio del CETUC. Otro, Mi dulce amiga, ganó un premio internacional en Moscú.
El primer largo metraje que estoy haciendo es Tatán y La Raya con la dirección de Luis Llosa.

R.A..- Gracias por la entrevista, y la paciencia.

A.C..- De nada.



PARA HACER EL AMOR

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.


Enlaces que refieren esta entrevista:

http://www.letras.s5.com/ac020508.html
http://www.letras.s5.com/archivocisneros.htm
http://zonadenoticias.blogspot.com/2008/05/antonio-cisneros-carlos-caldern-fajardo.html
http://www.blogalaxia.com/post/rogger


Derechos Reservados Copyright 2008 © de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 1 de marzo de 2008

MEJORES 20 CANCIONES DE AMOR

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

El sólo hecho de hablar de música sugiere controversia. Cada quien tiene sus preferencias y dependen mucho de su cultura, personalidad y hasta del estado anímico.
En esta lista, cuyo orden es absolutamente arbitrario, figuran temas en distintos idiomas. Imposible abarcar todas las lenguas de manera que, al menos en cuatro de los más importantes idiomas del mundo, esperamos sea representativa. Por razones obvias las traducciones son, en lo posible, lo más cercanas .


1.- Ne me quitte pas


Jacques Brel (Bélgica, 1929). Lanzada en 1959.
«Un hombre no debería cantar cosas así», comentó la gran Edith Piaf cuando en 1959 oyó interpretar por primera vez a Jacques Brel Ne me quitte pas.
«No me dejes./ No quiero llorar más./ No voy a hablar más./ Me esconderé aquí,/ para mirarte,/ bailar y sonreír,/ y para escucharte./ Deja que me convierta/ en la sombra de tu sombra,/ la sombra de tu mano,/ la sombra de tu perro. / No me dejes...»


2. - Gloomy Sunday


Billie Holiday (Filadelfia, 1915)
Compuesta en 1933 por los húngaros Rezso Seress (música) y Laszlo Javor (letra), aunque en los créditos aparece también Sam Lewis quien lo llevó al inglés. Se dice que fueron más de 15 los suicidios relacionados con Gloomy Sunday en Hungría antes de que la canción fuera prohibida.
Billie Holiday la estrena e 7 de Agosto de 1941 en Nueva York, con la Orquesta de Teddy Wilson.
El domingo es triste, mis horas son de insomnio / Amado, las sombras con las que vivo son infinitas / Pequeñas flores blancas nunca te despertarán / Allá donde el coche fúnebre de la tristeza te ha llevado / Los ángeles no tienen intención de resucitarte / ¿Se enfadarían si pienso en reunirme contigo?


3.- La quiero a morir


Francis Cabrel (Francia, 1953)
Les Chemins de Traverse (1979) contiene “Je l´aime à mourrir”, un clásico. He elegido la versión en castellano que canta el propio Cabrel.
“…podéis destrozar todo aquello que veis / porque ella de un soplo lo vuelve a crear / como si nada, como si nada / la quiero a morir…”


4.- Sorry seems to be the hardest word


Joe Cocker (Inglaterra, 1944)
En 1976 Elton John graba “Blues Moves” un álbum doble que contiene el tema. Debo decir que me gusta más la versión de Cocker.
¿Qué tengo que hacer para que me quieras? / ¿Qué tengo que hacer para ser escuchado? / ¿Qué digo cuando todo ha terminado? / Cuando lo “siento” parece ser la palabra más difícil.


5.- Chelsea Hotel No. 2


Leonard Cohen (Montreal 1934), el de la voz grave, el poeta impertinente, el del lenguaje provocador, el de la terca vigencia, graba "Chelsea Hotel #2" (letra: Cohen, música: Cohen/Ron Cornelius)en su quinto disco "New Skin for the Old Ceremony", editado en 1974, como un testimonio sobre su encuentro con la célebre Janis Joplin, ocurrido en el hotel del mismo nombre.
"Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea./ Ya eras famosa, tu corazón era una leyenda./ Volviste a decirme que preferías hombres bien parecidos,/pero que conmigo harías una excepción."


6. - Michelle


Los Beatles
Del disco “Rubber Soul” aparecido el 3 de diciembre del 65 y grabado en sólo cuatro semanas, sin embargo todo un éxito. De Mc Cartney/ Lennon.
“Michelle, mi bella/ son palabras que encajan muy bien/ encajan muy bien / Te amo, te amo, te amo, / es todo lo que quiero decir. / Hasta encontrar otra manera / diré las únicas palabras / que sé que entiendes / Michelle, mi bella.


7.- Y el amor


Joan Manuel Serrat (España, 1943).
Incluído en el disco “Utopía”, en el sello Arbola en 1992. Dura solamente 2.40 minutos y es una alegoría al amor.
“El milagro de existir / el instinto de buscar, / la fortuna de encontrar / el gusto de conocer. / ….”


8.- Layla


Eric Clapton (Inglaterra, 1945).
Con “Derek and the domino´s” graba su éxito “Layla” (incluido en “Layla and the other assorted love songs”) dedicada a Patty Boyd, entonces esposa de George Harrison y con quien se casaría luego. La versión es de un concierto acústico para MTV.
“Layla, te lo suplico cariño, por favor, / Layla, ¿no aliviarás mi mente atormentada? / Traté de consolarte / sabes que tu hombre nunca te fallará, /
como un tonto me enamoré de ti. “


9.- Te extraño


Luis Miguel ((México, 1970) graba “Romance” el año 91, con la producción y dirección musical de Armando Manzanero. En el track 5 se encuentra “Te extraño”, tal vez la canción más sublime de Manzanero.
“Te extraño / como los árboles extrañan el otoño / en esas noches que no concilio el sueño / no te imaginas, amor, como te extraño…”


10.- Perfect Day


Lou Reed (Estados Unidos, 1942)
Single incluido en su disco “Transformer” (1972), producido por David Bowie y que le hace día a día revaluarse, como corresponde.
“Un día perfecto / Hiciste que me olvidara de mí mismo / Que me creyera otra persona / Alguien bueno..”


11.- Pequeña serenata diurna


Silvio Rodríguez (Cuba, 1946)
Lanza “Días y Flores”, su primer disco como solista en La Habana entre 1974 y 1975, con sus propias letras y música, y producida por Frank Fernández.
“Vivo en un país libre / cual solamente puede ser libre / en esta tierra, en este instante / y soy feliz porque soy gigante. / Amo a una mujer clara / que amo y me ama / sin pedir nada / o casi nada, / que no es lo mismo / pero es igual.“


12.- A case of you



Joni Mitchell (Canadá, 1943)
Tiene gran influencia sobre muchos de los cantantes y músicos actuales, entre otros Prince. Su música y su estilo siguen dejando huella.
“Estás en mi sangre como vino santo / Tú, sabor tan amargo y tan dulce / yo podría beber un caso de ti, cariño / Y yo todavía estaría en mis pies /todavía estaría en mis pies.”


13.- Je crois entendre encore


David Gilmour (Reino Unido, 1946).
Aria incluida en la ópera “Los pescadores de perlas” de Georges Bizet, interpretada entre otros por Alfredo Krauss. La versión es de un concierto en Buenos Aires.
“Creo escuchar todavía, / escondido bajo las palmeras, / su voz tierna y sonora
como un canto de las tórtolas. / Oh noche encantadora / Divino arrobamiento / Oh recuerdo encantador / Loca embriaguez, / Dulce sueño.”


14.- Ella ya me olvidó (yo la recuerdo ahora)


Leonardo Favio (Argentina 1938-2012)
El gran compositor argentino, dueño de una imponente voz, graba Ella ya me olvidó (yo la recuerdo ahora) en su memorable larga duración Fuiste mía una verano (1968), sello CBS. Poéticamente sencillo, impecable y sensitivo, Favio desliza esta balada por los más profundos cauces del amor resignado pero persistente y sereno.
"Ella, ella ya me olvidó / yo, yo la recuerdo ahora / era como la primavera / su anochecido pelo / su voz dormida al beso / y junto al mar la fiebre / que me llevó a su entraña / y soñamos con hijos
que nos robó la playa."

15.- She


Elvis Costello (Inglaterra, 1954)
Costello graba "She" para el soundtrack de la película "Nothing Hill” en 1999. La música es de Charles Aznavour y la letra de M. Kretzmer.
“Ella puede ser la razón por la cual sobrevivo, / El porqué por el que estoy vivo, / La que cuidaré a través de los años duros pero respetables. / Yo, tomaré su risa y sus lágrimas / Y las convertiré a todas en mis recuerdos / Porque adonde ella vaya, yo tengo que estar. / El significado de mi vida es ella. / Ella, ella, ella. “



16.- Sólo pienso en ti



Víctor Manuel San José (España, 1947)
En 1979 graba “Sólo pienso en ti” (incluido en su LP “Soy un corazón tendido al sol”) considerada su obra maestra. Aborda el tema del amor entre los excluidos. Milán, producción de Danilo Vaona.
“En el comedor les sientan separados a comer / si se miran bien les corren mil hormigas por los pies / ella le regala alguna flor / y el le dibuja en un papel / algo parecido a un corazón...”


17. - Sad Lisa


Cat Stevens (Londres ,1947), rey del rock-folk graba su álbum "Tea for the Tillerman" en 1971. Un álbum genial, el más importante de su carrera. Lírica, armonía, sensaciones, íntima celebración. Con otros temas prodigiosos como "Where Do The Children Play", "Hard Headed Woman", "Wild World" o "Father & Son", el gran Stevens graba "Sad Lisa", tierno tema de amor y desesperación.
"Aunque mi amor quiere ayudarla/ella camina sola de un rincón a otro,/perdida en un corredor. Ella no puede oírme/aunque yo sé que le gusta estar cerca de mí./Lisa, Lisa, triste Lisa, Lisa."


18. - Something


George Harrison (Reino Unido, 1943)
Los Beatles lanzaron su álbum “Abbey Road” en septiembre del 69, considerado por la crítica como la obra cumbre del grupo. En él destaca el single “Something” dedicado a su esposa Patty Boyd. Ofrezco la versión donde Harrison y Clapton, grandes amigos y enamorados de la misma dama, ejecutan años después esta canción.
“En algún lugar de su sonrisa ella sabe / que yo no necesito ningún otro amor / Hay algo en ella que me lo demuestra / No quiero dejarla ahora / Tú sabes que creo en ella aún.”


19. - No ordinary love


Sade (Nigeria, 1959)
Edita en 1992 su album “Love Deluxe”. La canción fue tema principal de “Indecent Proposal”.
“Yo te dí todo el amor que yo tuve / Yo te dí más de lo que pude dar / Yo te dí amor / Yo te dí todo lo que tengo / Y tomaste mi amor / Tú sólo tomaste mi amor.”


20.- Con te partiro


Andrea Bocelli (Italia, 1958)
El single grabado en 1995 rompe récords en todo el mundo, en el Festival de San Remo. Después es editado como parte del álbum “Bocelli”. De melodía vibrante y sofisticada.
“Tú / en tu mundo / separado del mío por un abismo. / Oye / llámame / yo volaré / a tu mundo lejano. / Por ti volaré / espera que llegaré / mi fin de trayecto eres tú / para vivirlo los dos. / Por ti volaré / por cielos y mares
hasta tu amor. / Abriendo los ojos por fin / contigo viviré.”

sábado, 2 de febrero de 2008

PISCO SOUR CON PISCO PERUANO (CON RECETA)



Escribe: Rogger Alzamora Quijano


El Pisco Sour elaborado con pisco peruano nos eleva hasta insospechados cielos. Su equilibrio, su delicada agresividad, su acidez única, proveniente del limón también peruano y paradójicamente confabulada con un exacto dulzor, lo llevan a transitar por las herméticas carreteras del corazón hasta llegar al espíritu.
En mi opinión, su preparación depende más del factor humano que de las consabidas fórmulas de pizarrón. Quien asume el reto de prepararlo debe estar consciente de que no se trata sólo de mezclar ingredientes. Es imprescindible estar espiritual, sensitiva, artística y emocionalmente listo para crearlo. Se busca el deleite supremo en quienes celebren, copa en alto, la inmejorable experiencia de beber una copa de Pisco Sour con pisco peruano.
Un Pisco Sour con pisco peruano no se bebe en soledad. Se comparte. Tampoco se exagera: una copa es deleite, dos copas son suficientes, porque toda exageración con Pisco Sour es una ofensa.

Dedicado a contestatarios y rebeldes, comparto mi receta:


PISCO SOUR CON PISCO PERUANO (para 4 copas)

1.- Extraer el zumo de cinco limones de tamaño grande y de incipiente madurez (aconsejable el limón peruano, ácido y sabroso) con mucho cuidado, porque el limón forma -junto con el pisco peruano- la columna vertebral de un buen Pisco Sour. Se recomienda no estrujar el limón, así se evita el llanto amargo de la corteza en nuestra alegre bebida. Antes que jarabe de goma, prefiero azúcar blanca en exacta medida. Es muy importante no exagerar el dulzor, para no quitarle protagonismo al pisco peruano ni a su escudero, el limón.
2.- Separar en un recipiente las claras de dos huevos pardos grandes y escrupulosamente lavados.
3.- Alistar una taza rebosante con hielo picado y una licuadora. Como es de suponer, no uso coctelera. Allá los de salón, aquí los terrícolas de a pie.
4.- Antes de comenzar el rito, invocar a los dioses del disfrute y la exultación.
5.- En nuestra licuadora, completamente seca, colocamos las claras de huevo. Añadir cuatro cucharaditas solemnes de azúcar, una por cada copa. Hacerlo cuando ya están girando las aspas de la licuadora, vía la tapa superior de la licuadora. De esa misma forma, y luego de al menos minuto y medio o dos de batido, agregar el hielo picado. Un minuto después, vertemos tres cuartos de taza de pisco peruano (aconsejable la variedad quebranta) y enseguida el zumo de limón (no más de cinco minutos después de haber sido extraído).
5.- Un minuto y medio más a velocidad máxima y... a servir.
6.- Ya en la copa, sembramos sobre la reluciente espuma, una gota (o dos) de Amargo de Angostura (o similar).
Y ¡salud!

Este es el inicio de otra gran experiencia. Nada mejor que un Pisco Sour con pisco peruano para abrir una amena conversación, inaugurar una amistad, celebrar una especial ocasión o invitarse a la aventura y la seducción.

ALGO MÁS ACERCA DEL PISCO PERUANO:
Las variedades de legitimo pisco peruano se definen por el sabor, no por el aroma. Algunos de los más importantes son:

• Puro. – Elaborado con cepas de uvas no aromáticas, como "Quebranta", "Negra corriente" y "Mollar".
• Aromático. – Con cepas de uvas aromáticas: "Moscatel", "Italia" o "Albilla".
• Acholado. – De la mezcla de caldos de distintas variedades de uva.
• Mosto verde. – De la destilación de caldos incompletamente fermentados.


Enlaces de interés acerca del origen del pisco peruano:

- https://www.academiaperuanadelpisco.pe/2020/02/el-pisco-la-primera-referencia-a-su-nombre/

- https://gestion.pe/economia/evidencias-revelan-que-el-pisco-se-vendia-en-sudamerica-antes-de-1733-ano-que-dicen-nacio-en-chile-noticia/