Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Ahí va Martín y su mula, / (…) Llevan prendidos los ojos/ (…)de herida y hambre de pobres los dos, Martín y la mula. / (…)Y es la esperanza del pobre, / y es el consuelo del rico,un hombre de tez morena / y el alma como paloma.
(De: Coplas a Fray Martín – Chabuca Granda)
El de Chabuca Granda (María Isabel Granda Larco, 1920-1983) es, en mi opinión, fundamentalmente un aporte poético a la música. Letrista que evoca el ande de su niñez, la tierra amada, los paisajes urbanos de Lima y sus gentes. Pero es además Chabuca, una extraordinaria compositora de melodías ágiles, novedosas que rompen la monótona suntuosidad de los antiguos valses peruanos. Tal vez por ello logra el reconocimiento internacional en tiempos en que las comunicaciones y la difusión estaban limitadas en comparación con los actuales -además de ser valses peruanos, un género de poco arraigo internacional-. Sus canciones suelen tener un sello propio, de bien cuidadas armonías.
Al final de su carrera Chabuca hizo de la música negra peruana un bello tránsito entre la alegría inherente de esa raza y su propia concepción del ritmo, dándole un toque se sensibilidad y belleza con su lírica elegante y pulida.
Aunque no fue una eximia cantante, su voz logró atravesar ese requisito para atender fundamentalmente la necesidad de trasmitir y ahondar en el espíritu del oyente. Por ello, prefiero el dueto que grabó ella misma con el maestro Oscar Avilés: Dialogando (1968). Extraordinaria conjunción de la límpida guitarra del maestro y la voz emergida desde el alma de la gran Chabuca.
Fina cadencia en el anca,
brillantes se ven las crines,
y el nervio tierno y alerta
para el deseo del amo.
(José Antonio)
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lunes, 3 de septiembre de 2012
EL ARQUERO
También lo llaman portero, guardameta, golero, cancerbero o guardavallas, pero bien podría ser llamado mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas. Dicen que donde él pisa, nunca más crece el césped.
Es un solo. Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores.
Él no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace.
Lleva a la espalda el número uno. ¿Primero en cobrar? Primero en pagar. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos.
Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición.
Eduardo Galeano (Montevideo, 1940)
El Fútbol a sol y sombra(2006). Siglo XXI de España Editores, 405 pgs.
miércoles, 15 de agosto de 2012
¡LEVÁNTESE CABALLERO...!
¿Cómo es posible que, hoy en día, un hombre inteligente no tenga prisa? «¡Levántese, caballero, pues tiene grandes cosas que hacer!» Pero cada vez hay que levantarse más temprano. Aceleren sus máquinas de ver, de oír, de pensar, de recordar, de imaginar. Nuestro mejor lector, el más caro a nuestros ojos, habrá terminado con nosotros en dos o tres horas. Conozco algunos hombres que leen, con el máximo de provecho, cien páginas de matemáticas, de filosofía, de Historia o de arqueología en veinte minutos. Los actores aprenden a «situar» su voz. ¿Quién nos enseñará a «situar» nuestra atención? Hay una altura a partir de la cual todo cambia de velocidad. No soy, en esta obra, uno de esos escritores que pretenden, meciéndole, conservar a su lado al lector el mayor tiempo posible. Nada para el sueño, todo para la vigilia. Vamos, pronto, ¡tomen y márchense! Fuera les esperan otras preocupaciones. En caso necesario, sáltense capítulos, empiecen por donde les plazca, lean en diagonal: éste es un instrumento para múltiples usos, como los cuchillos de los excursionistas. Por ejemplo, si temen llegar demasiado tarde al meollo del asunto que les interesa, salten estas primeras páginas.
Fragmento de la Primera Parte de: 'Le Matin des Magiciens' (Louis Pauwels y Jaques Bergier),1960.
miércoles, 25 de julio de 2012
A LA OPORTUNIDAD
No voy a escribir de la impaciencia como hace un año.
Ni de la nostalgia macerada en acíbar y clavada en el costado.
No diré por qué morí en tu boca la penúltima vez.
No hablaré de tu soberbia que mata por matar.
No voy a recordar tus reproches.
Hay culpas que seguirán siendo culpas y silencios que exudarán dolor.
Voy a volver.
A trasuntar la oscuridad.
A vivir o morir.
De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2000 de Rogger Alzamora Quijano
domingo, 15 de julio de 2012
LA ÚLTIMA CARTA
Gracias... por no haberme dejado un solo mensaje que respondiera mis e-mails, tercos de toda terquedad.
Gracias por no haberme respondido ni siquiera inconsciente, telepática o subjetivamente, menos aún con la respuesta que éticamente me adeudas, pero que ya no necesito.
Gracias por darme un final que tuve que adivinarlo a punta de sufrimiento.
Gracias por sugerirme tu nueva personalidad, por más que sea ajena para mí (cosa que de hecho ya no te incumbe).
Gracias por no demostrarme entrega incondicional, amor insoslayable, urgencia tácita.
Gracias por borrar mi horizonte.
Sé que estás agazapada, divirtiéndote con mi desesperación, regocijándote con mis súplicas.
He esperado poco, muy poco. No puedo esperar más y odio esperar.
Esperé días enteros encontrar una respuesta, emplasto para mi angustia.
Soy absolutamente imperfecto, absurdo, errático e incompetente, pero creí merecer una importancia en tu vida que –ciertamente- no tengo.
Estás fuera de mi entendimiento, aunque todavía dentro de mi corazón.
Debo levantarme, sereno, sin aspavientos. Tomar mis cosas e irme.
En estos últimos días ha llovido sobre mojado sobre mí.
Y he intentado vanamente ir por un poco de tu abrigo, como mil veces nos prometimos.
Y te he sentido en algún punto lejano y ya inalcanzable para mí.
Pasarán los días. De amor ya no se muere.
La distancia y el tiempo saben confabular junto al olvido.
Algún día encontrarás las pruebas de mi inocencia que también hoy tienes y desprecias.
Para entonces ya yo habré aceptado culpas que nunca tuve ni tendré.
La fe puede durar para siempre o extinguirse en un instante sin reparación posible.
Quedarán rastros de las quemaduras
por la milagrosa conjunción que pareció unir definitivamente nuestras vidas,
por el roce de los cuerpos,
por los diarios despertares,
por los abrazos interminables,
por las miradas,
por el amor que nunca podrás negar que te di.
Pero sólo serán recuerdos de sensaciones salvajemente incineradas.
Baste esta definitiva nota donde me reafirmo en un adiós que me duele, pero que necesito (quizá tanto como tú, que debes estar harta de arrojar a la papelera mis empalagosas cartas bañadas en súplica).
Un adiós que -espero- no te reproches nunca, por haberme prendido fuego sólo para congraciarte con la multitud que te exigía mi cabeza.
Un adiós que, por el camino de los tormentos, me llevará de retorno a la penumbra de donde nunca debí salir, ni lo volveré a hacer.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano
Gracias por no haberme respondido ni siquiera inconsciente, telepática o subjetivamente, menos aún con la respuesta que éticamente me adeudas, pero que ya no necesito.
Gracias por darme un final que tuve que adivinarlo a punta de sufrimiento.
Gracias por sugerirme tu nueva personalidad, por más que sea ajena para mí (cosa que de hecho ya no te incumbe).
Gracias por no demostrarme entrega incondicional, amor insoslayable, urgencia tácita.
Gracias por borrar mi horizonte.
Sé que estás agazapada, divirtiéndote con mi desesperación, regocijándote con mis súplicas.
He esperado poco, muy poco. No puedo esperar más y odio esperar.
Esperé días enteros encontrar una respuesta, emplasto para mi angustia.
Soy absolutamente imperfecto, absurdo, errático e incompetente, pero creí merecer una importancia en tu vida que –ciertamente- no tengo.
Estás fuera de mi entendimiento, aunque todavía dentro de mi corazón.
Debo levantarme, sereno, sin aspavientos. Tomar mis cosas e irme.
En estos últimos días ha llovido sobre mojado sobre mí.
Y he intentado vanamente ir por un poco de tu abrigo, como mil veces nos prometimos.
Y te he sentido en algún punto lejano y ya inalcanzable para mí.
Pasarán los días. De amor ya no se muere.
La distancia y el tiempo saben confabular junto al olvido.
Algún día encontrarás las pruebas de mi inocencia que también hoy tienes y desprecias.
Para entonces ya yo habré aceptado culpas que nunca tuve ni tendré.
La fe puede durar para siempre o extinguirse en un instante sin reparación posible.
Quedarán rastros de las quemaduras
por la milagrosa conjunción que pareció unir definitivamente nuestras vidas,
por el roce de los cuerpos,
por los diarios despertares,
por los abrazos interminables,
por las miradas,
por el amor que nunca podrás negar que te di.
Pero sólo serán recuerdos de sensaciones salvajemente incineradas.
Baste esta definitiva nota donde me reafirmo en un adiós que me duele, pero que necesito (quizá tanto como tú, que debes estar harta de arrojar a la papelera mis empalagosas cartas bañadas en súplica).
Un adiós que -espero- no te reproches nunca, por haberme prendido fuego sólo para congraciarte con la multitud que te exigía mi cabeza.
Un adiós que, por el camino de los tormentos, me llevará de retorno a la penumbra de donde nunca debí salir, ni lo volveré a hacer.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano
viernes, 13 de julio de 2012
DÍA DIECISEIS
¿Qué confluencia hace que esta noche le tema más al silencio?
Los grillos han dejado de cantar
y las luciérnagas mueren con mi cigarro.
Vengo de transitar la oscuridad donde sólo tú habitas.
De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2002 de Rogger Alzamora Quijano
sábado, 30 de junio de 2012
DÍA QUINCE
Está doliendo el invierno sobre las calles vacías
como lluvia silencio o nieve neblina.
Habrá un día sin embargo, que el sol tomará el cielo
y el agujero que dejaste a mi lado morirá con la luz.
De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2002 de Rogger Alzamora Quijano
viernes, 15 de junio de 2012
RUBÍ
Desde aquella tarde en la que, confundido y azorado, retuve tu mano entre las mías ha pasado mucho tiempo. Hoy ni tus manos están, ni las mías las sienten.
En aquél entonces eras una niña de catorce para quince. Un día te encontré en mi ruta hacia el colegio, como quien se encuentra un rubí a la vera del camino. Y te rogué me dejaras ir contigo y regresar.
Había un largo paréntesis entre la escuela y tu casa, el cual disfrutábamos en silencio y con miedos. Miedo de que tus padres nos sorprendieran mirándonos. Miedo de que se acabara el tiempo. Miedo de que, en cualquier momento, alguien se mezclara con nosotros e interrumpiera nuestro precioso silencio.
Y así, siempre con algún miedo, celebrábamos cada día el sólo hecho de encontrarnos.
Me pareció que habíamos vivido así por largos años, pero en realidad fueron apenas los tres últimos meses de aquél año escolar.
Luego me fui, jurando buscarte. Por motivos propios y ajenos no cumplí mi palabra y sé que tampoco tú me esperaste, tal como habías prometido.
Hoy es tu cumpleaños. Quiero pensar cómo tus hijos te celebrarán, tu marido te llevará a cenar y te regalará un collar y un variopinto ramo de flores. Quiero pensar cómo te alegrarás.
Por eso escribo. Con la subterránea esperanza de que mi fantasma se aparecerá en la celebración para recordarte la hirviente sensación de las promesas incumplidas. Hay algo de maldad en esto, y proviene de mi obsesión por los recuerdos. Estoy enfermo de recuerdos.
DE: CARTAS APÓCRIFAS (EL JUEGO DE LA VIDA) © 2007 Rogger Alzamora Quijano
martes, 5 de junio de 2012
DÍA VEINTIDÓS
Pérgola escondida semitonos angustia
blues centinela.
Lleno mi noche melodía con misiles
de aguardiente y estrellas.
Y la luna, un orificio blanco y sin garantías
me pone el ojo en la huída.
Yo aguardo sentado como brujo en Tolón
sobre la hoguera.
Canto, masa de llanto manto de miedo.
Muero al cielo pierdo balas y melodía.
DE: versos conversos Derechos Reservados © Rogger Alzamora Quijano
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domingo, 13 de mayo de 2012
AL DOLOR
Me aferré al sonido de tu voz.
A las mañanas de sol inmóvil
en nuestra casa alquilada.
Tu presencia viento iba y volvía.
Quise ser mayor. No pedir ni esperar.
Impaciente y rebelde, seguro de mí.
No me preocupé de la muerte,
no me avisé del dolor.
Has viajado a la memoria.
Yo me siento en tu mesa, aguardo tu comida sabrosa
que viene con la vitamina de consejos y un té caliente.
El dolor se hizo crónico y sin angustia,
un tatuaje sobre la nada, sobre nadie y ninguno.
Eterna Luz, vives hasta dolerme.
De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 1990 de Rogger Alzamora Quijano
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