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viernes, 9 de marzo de 2012

CONFESIÓN

Para mi hijo


Lo que vi esa mañana, te confieso,
lo que burló mi malgenio,
fue tu sonrisa
y la ágil mariposa
que son tus manos.

Sabías,
desde que el sol me llevó a tus ojos,
que te amaba.
Tomaste mis abrazos
y en ellos viajamos
por los sueños.

Vi cómo crecías.
Fue entonces que hablaste.
El día comenzó mil veces,
frente a las verdes moras.

Jugamos en el pasto
y me contaste
el secreto del colibrí para beber de las flores.

Mi cansancio murió
a manos de la esperanza
que tú llevas adherida
y que regalas.



DE: "40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES" Copyright © 1989 de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 25 de febrero de 2012

DÍA VEINTISIETE



A la luz de la tarde la guitarra vomitó desdicha.
Habías elegido para mí el olvido.
Caracola catarata silencio causa efecto carta trayecto.
 
La paz se hizo angustia. Me temblaron las manos,
se vaciaron mis rodillas.
Macerada conmiseración, tu mirada tiro de gracia
pública súplica pronto desdén.
Dos veces amén.



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 1975 de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 11 de febrero de 2012

DÍA VEINTE



Otra noche más, lobo triste y sin luna,
caracol desorientado polilla sin luz.
Otra noche más. Demás.
Sin un cigarrillo que me alumbre.



De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 1994 de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 4 de febrero de 2012

ENTONCES



En aquél entonces tú y yo vivíamos cerca.
Cruzabas mi puerta y caminabas hasta la escuela.
Allí alumbrabas la fila de desamparados
y tu seráfica mirada repartía esperanza.
 
En aquél entonces corríamos con los perros
tras terneros y bueyes, entre flores libres y cactus eternos.
Bebíamos del arroyo su helada calma.
En aquél entonces conocimos el vacío de las despedidas.
 
En aquél entonces urgíamos un beso.
 


DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 1994 de Rogger Alzamora Quijano

jueves, 26 de enero de 2012

DÍA TREINTA


Toma.
Bebe.
Te regalo cien poemas.
Mis poemas.
Están hechos de sangre.
De piel
y de huesos.
Haz con ellos un pequeño dedo.
Tapa el sol con ese dedo.




DE: versos conversos Derechos Reservados © Rogger Alzamora Quijano

jueves, 29 de diciembre de 2011

DÍA VEINTISEIS


Llega la voz que calma la ausencia en el invierno en Chosica.
Llega la voz que clama la urgencia en los parajes de La Molina.
Llega la voz emplasto en la playa Barranquito de aguas
rebeldes.
 
Promesas que se fueron raudas volando sobre los acantilados.
Lágrimas de paz. Absoluciones consuelo
que se secaron entre nuca y garganta.
 
Marejadas que la voz amaina sobre la soledosa avenida El Sol,
vigentes en la espuma nostalgia.
 
 
Voces que se llevan los pedazos de cielo
y el deshielo de las andinas montañas.
 
Caminos y flores, piel y entrañas.
El pasado sin nosotros y el presente sin ellos.


De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2006 de Rogger Alzamora Quijano

martes, 13 de diciembre de 2011

DÍA CATORCE


El sorbo de insidia no fue suficiente para inculparte.
Permaneciste de negación en negación.
Y quedaba de ti dulce nueva caliente adicción.
 
Desde recónditas articulaciones y desconocidos huesos tú,
tu nombre reflujo desde mis entrañas para atosigar mi garganta,
hundías tus dedos pesadilla sobre reclamos y rebeldía.
 
Un sorbo de insidia es un vano consuelo que no alcanza.




DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2002 de Rogger Alzamora Quijano.

jueves, 17 de noviembre de 2011

DÍA VEINTIOCHO



Felicidad es esperarte fresca como la madrugada.
Es saberte y conocerte en los predios de tu modestia.
En las aguas de la conciencia limpia.
En tu desdén por los conspiradores.
Es tener tu abrazo perpetuo,
descubrir en el terreno de tu frente
mapas de un mundo que no conozco.
Es oír tu risa cósmica.
Conocer la nube de tu tacto.
Tus colinas, la sombra de tu espalda.
Todos tus bebederos y despeñaderos.
Es confluir en un mismo milagro.



De: versos conversos Derechos Reservados © Rogger Alzamora Quijano

domingo, 6 de noviembre de 2011

EL PESO DEL ALMA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Francis Crick, el biólogo y Premio Nobel encontró que el alma humana pesa 21 gramos y está ubicada en la marea de neurotransmisores y recovecos de las estructuras cerebrales. ¿Se separan esos 21 gramos del cuerpo cuando morimos?
¿Acaso ese último suspiro, aquella exhalación definitiva, deriva en una separación cuasi material de lo intangible?

¿Y qué contienen esos 21 gramos? ¿Qué incluye aquél último equipaje? ¿Son acaso las mejores experiencias? ¿Son nuestros mejores sentimientos? ¿La mejor parte de nosotros? ¿O es lo más negativo, ruin y oscuro de nuestro ser? ¿O en definitiva es un último ejercicio de humildad que nos obliga a aceptar dentro de los 21 gramos lo bueno y malo, la felicidad y el dolor, las taras y las virtudes en partes iguales? ¿O algún papel tendrá la dictadura del azar?

Cuando morimos disfrutamos de un último estallido de conciencia, aquél panorama brevísimo y misterioso que nos obliga a confrontarnos, repasarnos, auscultarnos íntimamente. Lo inexplicable de su origen, lo fascinante e intrincado de su definición, y en este caso el intrincado teorema de su composición, hacen del alma la parte más importante -aunque paradójicamente también la más liviana.

¿Qué hay en esos 21 gramos? Valores y prejuicios, conductas y desórdenes, nuestros placeres más intensos, las delicias y el acíbar de nuestras vidas. Lo que nos dolió y enfureció. Aquellos nobles sentimientos frente a la desdicha propia y ajena; el deseo de disfrute y la sensación de paz. Todo eso que parece ser abundante e interminable sólo pesa 21 gramos, según parece sugerir de alguna forma el señor Crick.

Quizá no tengamos que entender lo del rayo destellante llamado “córtex visual” y hallaremos algún atajo para no enfrascarnos en explicaciones acerca de la teoría de la oscilación (algo así como grupos de neuronas que cambian de foco de atención según su percepción de los estímulos); o asentir acerca de que la conciencia puede construir por sí misma vías alternas a partir de la transmisión e interpretación. Quizá nos preocupa más ese algo que abandona el cuerpo para irse a un limbo metafísico donde acampará quién sabe si para siempre. Aunque 21 gramos sea el equivalente a una pequeña rebanada de pan, de estos 21 que pesa el alma su contenido está elevado a la enésima potencia.

El alma, ese gigante contenedor de experiencias, pesa apenas 21 gramos. Pero no es su peso físico lo que nos interesa -o le suma interés-, sino lo que significa respecto de la vida que se va. O lo que es lo mismo: lo que se llevará la muerte.
¿Dónde y cómo queda ese menudo ato al momento de partir (o partirnos en dos)?


© 2011

sábado, 22 de octubre de 2011

SUEÑO GAVIOTA


Volamos estepas y ciudades. Calles, árboles, nubes,
silencios y tormentas.
Ibas morena, magnánima, soberana.
Volamos sobre zanjas profundas
envueltos por tinieblas miedos, llantos y resuellos.
Y sobre el bucólico balcón que dominaba la ciudad.

Altitud y distancia son eufemismos.
Moribundos kilómetros, opaco cansancio.

Volamos lejos sin trazar futuro
un sueño gaviota.


De: versos conversos Derechos Reservados © 2011 Rogger Alzamora Quijano