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domingo, 12 de abril de 2015

ACOPIO



Breve leve y fresco como el amanecer nace su nombre.
Ha muerto el odio.
Cascada de letras torrente pronunciación.
Sabor aroma desayuno ausente maquilla un pasado repudio que pervive.
Las ofensas son ahora pan con carne y compasión.

Haber salido de la duda y el insomnio. De la sal y la sed.
Haber ganado la música y transigir ante el bullicio,
escarbar la gratitud, mitigar jugar arriesgar.

Eliminar palabras como perdón, círculo, dolor,
olvidar los zapatos de la pesadilla,
el costo de la cruz, el frío de la foto, el final de la noche,
las huellas llenas de pretéritos imperfectos.

Acopiar.
Elogios, palabras justas, besos perpetuos.

Acopiar.
Insensatez, estrechez de cama, exigua esperanza.

Acopiar la promesa de la sombra, la paz en el abandono,
la capitulación y el engaño.
El cigarro y la desdicha que fumamos juntos,
Las boutiques donde compramos dos adioses.

Y al caer la tarde otra vez las redundancias.




DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2015 por Rogger Alzamora Quijano

domingo, 8 de marzo de 2015

DETRÁS DE LOS PREMIOS LITERARIOS



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Jaime Bayly fue convencido de participar en el Premio Planeta 2005 al recibir una llamada que le aseguraba iba a ser finalista. Bayly presentó su novela -según sus propias palabras- “a medio escribir”. A la postre sería finalista. Sí, querido(a) lector(a): ganó 125,000 euros con una obra inconclusa (El Premio Planeta está dotado con 601,000 euros para el ganador y 125,000 para el finalista).

Esta es la historia que gracias a Juan Marsé y a Josep María Cuenca podemos corroborar (con planetaria vergüenza ajena). Farsa es la palabra que asociará -querido(a) lector(a)- con premio literario, por culpa de unos cuantos mercantilistas e ineptos.

“Mientras llega la felicidad” es la biografía de Marsé que Cuenca ha publicado en Anagrama. Hay muchas cosas interesantes en este libro, entre otras los verdaderos motivos de su renuncia a ser jurado del Premio Planeta 2005. Cuenca relata cómo Juan Marsé Carbó (Barcelona, 1933) hizo un honroso deslinde cuando se percató que Planeta no sólo no tomaba en cuenta sus razonables requerimientos, sino que avalaba el caótico sistema de lectura y selección de manuscritos y la falta de idoneidad de ciertos jurados.
Es indignante también saber que la valoración literaria del premio se ve claramente por debajo de la comercial. Es decir, si James Joyce hubiera presentado “Ulysses” al Premio Planeta, hay que imaginar cuál hubiera sido su suerte: muy probablemente el tacho de basura.

Sobre el caso Bayly, Cuenca relata que la citada obra inconclusa (que a la postre sería finalista) “De repente un ángel” fue motivo de un informe de lectura que para Marsé resultó siendo absolutamente adverso. Y para dejarlo muy claro lo cita textualmente: (La obra de Bayly es) “Una especie de culebrón peruano ternurista y desaforadamente verboso, tan decantado a lo sentimental y sensiblero que da grima. Juraría que el autor escribe telenovelas de éxito en su país. Trufada de diálogos ñoños y afectados, redundantes y vacuos a ratos, o pretendidamente graciosos, y reiterativos. Un hablar bonito, con ribetes de folletín -pasando de puntillas por lo escabroso, y eso que el protagonista es escritor-. Y al cabo, inverosímil, todo servido en una prosa simplona que duerme a las ovejas. Lo que más me fastidia es el alarde de buenos sentimientos de que hace gala el autor.”
¿Necesitan más? Aquí tienen:
Marsé: “Después del premio, Jaime Bayly quiso hablar conmigo y quedamos un día para tomar una copa en el Majestic. Me confesó que su novela no estaba terminada, que algunos capítulos sólo estaban apuntalados, y que entonces le comunicaron que iba a ser finalista del Planeta y la acabó deprisa y corriendo. “Acepté”, me dijo, “y sé que no tendría que haberlo hecho”.
Claro, se sintió culpable, pero... se quedó con el premio.

Sin embargo, asumiendo que la opinión de Marsé como jurado es -o puede ser- discutible, lo que resulta despreciable es que, mientras miles de autores en todo el mundo se esmeran en escribir bien y mejor para tener la posibilidad de recibir de Planeta el impulso mediático, en caso de un posible galardón, los “responsables” de este evento ya tengan "controlados" (léase acordados y elegidos) los finalistas, al tiempo que publican la convocatoria.

Pero es necesario citar otros tramos de Marsé:
Acerca de la ganadora de ese año: “Pasiones romanas” de María de la Pau Janer dice: “Solamente una pregunta. ¿Alguien de los presentes se ha leído hasta el final este artefacto de tedio y molicie interminables? Una vez más me he visto sorprendido por la valoración literaria en el informe de la preselección. Un 7 sobre 10. Y la valoración comercial aún es más alta: un 8,5. Francamente, me parece que eso es poner en serio peligro la estabilidad mental de los lectores habituales de los Premios Planeta, ya de por sí bastante deteriorada.”

Marsé no se quedó en el gesto. Se lo hizo saber a José Manuel Lara Bosch, presidente de Planeta-, y lo cuenta con insoslayable amargura:
“Insistí mucho en la necesidad de introducir cambios en el equipo de lectores que hacía la selección previa de manuscritos y dictaminaba cuales eran las obras finalistas. Porque ese equipo, que dirigía un tal Emili Rosales, era de una incompetencia total. Todos los informes que hacía para el jurado -alguno incluso estaba firmado por el propio Rosales- eran malísimos; decían cosas como: “Novela que va a cambiar el curso de la literatura contemporánea“, y constaban de dos partes: una literaria y otra comercial. Normalmente la comercial era la más honesta y la literaria, la más demencial. Por todo esto le pedí a Lara que introdujera cambios en el equipo, porque trabajando así no era de extrañar que entre las novelas descartadas hubiese alguna realmente buena. Yo quería, además, un listado de las novelas presentadas con una ficha informativa, por si me llamaba la atención alguna novela descartada. A esto último Lara me respondió, sorprendido, que eso nunca se había hecho. Yo le repliqué que el Premio La Sonrisa Vertical de Tusquets sí se hacía y le sugerí que llamara a Beatriz de Moura y Toni López; lo hizo y se lo confirmaron. Y, por último, yo quería librarme de tener que intervenir en público, porque si tenía que hacerlo y me hacían preguntas contestaría con total sinceridad. Lara me aseguró que en las ruedas de prensa del Planeta los periodistas nunca preguntaban nada, y que sólo hablaba Carlos Pujol en nombre del jurado, pero luego no ocurrió así. En fin, que ante mis peticiones, Lara me dijo que de acuerdo, pero al final no cumplió. Y no sólo no cumplió, sino que ha promocionado todavía más arriba a ese incompetente de Rosales.”

El día de la entrega del Premio Planeta 2004 había escrito:
A las dos me recoge un taxista (Paco, muy simpático) y me lleva al restaurante Vía Veneto. Comida-trabajo con el resto del jurado y con José Manuel Lara de mirón. Rosa Regás, Carmen Posadas, Pere Gimferrer, Alberto Blecua, Antonio Prieto, Carlos Pujol y Manolo Lombardero de secretario, sin voto. Empieza a hablar Blecua y hace un increíble elogio de la infame novela de L. Etxebarría. Llega a calificar a esa niña estúpida de “transgresora” literaria. La Posadas, aleccionada por mí, dice que ninguna de las cinco novelas le gusta. Antonio Prieto critica algo a la Etxebarría, pero al cabo dice que es la mejor opción. Pujol también. Rosa Regás también. P. Gimferrer me resulta el más patético y despreciable, por ser el más inteligente: dice que la novela de esa chica “no le aburre”. Yo me la cargo furiosamente […] y declaro que no votaré a ninguna de las cinco por considerarlas un insulto a mi inteligencia y un desprecio al jurado. Pero sé que el premio no puede declararse desierto, etc. La cena y la entrega del premio, con la asistencia de la ministra Calvo y del president de la Generalitat Pascual Maragall, y, sobre todo, la rueda de prensa con los ganadores (L. Etxebarría y F. Torrent, el valensianet trepa, los dos pésimos escritores) un horror. Tengo que replantearme dimitir como jurado.

El día 20, Marsé escribe en su diario: “Me siento sucio.”

Mi admiración y solidaridad con Marsé, un tipo honesto y valiente.
Juan Marsé había ganado el Premio Planeta 1978 por “La muchacha de las bragas de oro”. Sólo fue jurado del Premio Planeta el 2004 (entró para reemplazar al fallecido Manuel Vasquez Montalbán) y el 2005 en el que dimitió un día antes del fallo.

Agradecimientos a:
- Josep María Cuenca: “Mientras llega la felicidad”, Editorial Anagrama, 2015. 752 páginas.
- “Patrulla de Salvación”.

domingo, 15 de febrero de 2015

FOTO



Mundo superfluo cosmopolita precario y fascinante.
Mundo inmediato egoísta.
 
Vestigios vestidos poses miradas gestos tramas.
Auxocromo versus pixeles oportunidad versus confusión.
Disparo.
 
Fiesta de los dientes gozo blancura.
Redondo momento redonda memoria vacua vanidad,
pretensión y conquista.
Fragilidad mundano regocijo saturación,
toque de luz abertura captura instante,
pluma de vuelo memorioso.
 
La premonición una fruta mágica,
un planeta ignoto quietud inagotable,
despensa de soberbia.



DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2015 de Rogger Alzamora Quijano

martes, 27 de enero de 2015

ARQUITECTURA



Tu silueta concisa, la fundación de tu edad,
el germinar matutino de tu rosada flor,
los ojos prontos guardados tras fastuosas celosías,
como la luz insuperable de la madrugada,
como la promesa escrita a vapor en un espejo.
Tu silueta concisa de sinuosos trayectos,
olor a fresno, contornos deliberados,
profundos desfiladeros.
Aún sin haber pagado tu deuda con el tiempo
tu piel expele el aire menta de los campos,
cotiza cada pétalo de bronce y plata en la bolsa del deseo.
Cita colores y sombras como un cromóforo.
Tu piel deslumbra súmmum atezado en todos sus ángulos.
Te yergues sobre nieves, vientos umbríos valles y toscas arenas,
laberinto de pierna cadera cintura y busto hacia el pasillo del artístico cuadrante que se abre a los pies del delirio,
con tus aleros pintando el viento.
 
Se dice que tu mirada custodia un tesoro, acaso el esbozo de una juventud despiadada,
tal vez el estreno de un talante rebelde o la muestra del enigma zodiacal.
Para mí es la escotilla encubierta que deja ver pasmo y mentira,
ambos abismos de la fantasía.
Te yergues sobre angustias y maldiciones laberinto de piel músculos y huesos,
mente corazón y espíritu, gestos modos y movimientos.
Tu miedo desafiando la suerte.
Te yergues sobre trazos diseños y coordenadas.
Suerte belleza ensamble estudio y teoría.
Ángulos y curvas genuinas y abstractas,
suerte de una dimensión indescifrable.
Poderes y flaquezas reunidos en un mismo
inútil concepto de la utopía.



DE: versos conversos DERECHOS RESERVADOS Copyright © 2015 de Rogger Alzamora Quijano

viernes, 16 de enero de 2015

PARA QUÉ



Me dejó en su casa. Las nueve de la mañana. Es un día de otoño.

Habíamos llegado en autobús y las cuatro cuadras que nos separaban de su casa las caminamos en silencio. Me mostró la mesa. Ahí tienes, dijo. Tiró las llaves sobre el mueble y se fue. Los folios, agrupados con un clip. Más allá, fotografías, una cajita con discos, un vaso publicitario lleno de bolígrafos y un cenicero vacío.

Primera hoja:

"Fecha Ene/3. No contestó. La llamé diez veces. Dejé mensajes en el buzón de voz: 'Es posible que el usuario no esté disponible o se encuentre fuera de alcance'. En WhatsApp, última vista, ayer a las nueve de la noche.
El cuatro por la mañana, al no tener noticias, fui a buscarla a su casa. Su madre me atendió un tanto confundida, pero sin pizca de alarma. Eso me tranquilizó, pero también me dejó sembradas más dudas. Al final de la tarde apareció en mi puerta. Cariacontecida, me dijo que la hermana de su amiga de colegio y tal, que sin intención sea fueron a la Polmalca y tal, que su teléfono murió de tanto intentar llamarme y tal, y a su madre le alcanzó a explicar, pero que para mí se cortó la línea. Que Cartavio es un pueblito complicado para los celulares. Que lo sentía mucho y que me invitaba un chifita para reparar su ausencia y compensar mi angustia.

No era angustia, eran dudas, sospechas. Pero no le dije eso. Solo le dije que no, gracias. Que se fuese a su casa y mañana hablaríamos. Que tenía mucho que hacer. No me creyó, pero igual se fue. No dormí bien por alistar mis argumentos. No dejar nada al azar, porque seguramente aprovecharía cualquier inconsistencia. Ella no imaginaba lo que yo sabía. La primera vez, hace una año, tuvo también una extraña desaparición por casi tres horas. La segunda, hace seis meses, Lucas me envió su foto a mi WhatsApp: una de sus amigas posteó una foto (que unas horas más tarde retiró), con Lucero y unos amigos lanzando gallos en un karaoke de Huanchaco, después que ella me dijera que aquella tarde se iba temprano a casa porque sentía el cuerpo apaleado debido a un inminente resfrío. Después, al ser descubierta, ensayó uno de sus consabidos ataques a modo de defensa: píldoras acerca de la confianza y la fidelidad. Siempre le habrá dado resultado.

Como un molde, los días subsiguientes a cada episodio, se mostraba absolutamente dócil, entregada, querendona. De hecho, no es habitual en ella. Parece que después de comprender la magnitud de su traición, inevitablemente se derrumba y va a parar primero al especialista, después al sanatorio. Cuando la visito en su retiro, siento pena e infinito amor por ella. La amo tanto que olvido todo y me dedico únicamente a consentirla y atenderla. Y por su mirada siento que ella también me ama. Me pide perdón mil veces, y cuando le pregunto por qué, me mira largamente, calla y rompe a llorar amargamente. Por eso ya no le pregunto. Sólo le digo, está bien, está bien. Y cambio de tema.

Su tratamiento dura un mes o más. Es un mes donde podemos sentirnos cercanos y unidos. Al término, sale radiante. Yo voy a recogerla a esa casa grande, aislada de la ciudad, adonde Lucero no quiere que su familia vaya. La mayoría de sus compañeras la despiden con mucho cariño. Tiene el don de hacerse querer. Es muy generosa y capaz de dejar de comer para que otro lo haga. Esa es una razón más para admiradla y quererla como el primer día. Pero, ¿qué tiene que pasar para que ella rompa esos códigos, su lealtad, y ponga en riesgo todo: nuestra relación, sus vínculos familiares y su salud emocional? ¿Alguien la manipula de una manera que ella no pueda resistir? ¿Alguien conoce sus debilidades más que ella misma? Y si no es así, ¿es ella quien busca la aventura de un instante de placer? ¿Es solo una aventura o es una forma de hartazgo? ¿Acaso la necesidad de anclarse en su pasado? ¿Es autodestrucción?."

He dejado de leer. La habitación es grande. Por aquí, como dije, la mesa con sus manuscritos. Unos cinco pasos más allá, junto a la ventana, el escritorio con un computador, libros apilados, otro cenicero vacío y una botella con agua. En la esquina de ese lado su cama, un velador con un par de libros y una lámpara azul. Alrededor, más anaqueles con libros, un par de pesas y una bicicleta estacionaria. En las paredes, dos cuadros, siete fotografías familiares -yo aparezco en cinco de ellas-, y dos grandes ventanas desde donde se puede oír el rumor del mar.

Me cuesta volver a enfocarme. Hay todavía más, pero tengo miedo. Me voy a saltear algunos párrafos, demasiado explícitos.

"La sospecha es un plato que quema aunque esté frío. Hace medio año yo confiaba en ella. Ahora no me reconozco. No la reconozco. Solo tengo una foto que no prueba nada, algunas conclusiones y que quizá no pasan de ser eso. La sospecha, sin embargo, es un aluvión. Nada lo contiene. No es racional. Son conjeturas. Pura intuición. La suma de ambas. Y concluye con un írrito concepto del amor."

Quince folios de puño y letra. Leer lo que no esperaba. Lo que no quiero seguir leyendo. Un amor malgastado que imaginé provechoso y hasta eterno, por más exagerada que sea la palabra. Porque Lucero me dio esa pista. Porque nos la dio a todos, hace mucho tiempo.

Quince folios puede ser demasiado o muy poco, según quien los lea. Descubrir el sufrimiento de tu mejor amigo condiciona la opinión y las fuerzas. Luego de una hora y media me niego a leer la última página. Ya no quiero más. No es necesario. Fechas, horas, trances, argucias, estratagemas, excusas, idas y retornos. Todo minuciosamente registrado. Ahora puedo entender. Me arrepiento de haber confrontado a mi amigo de la forma en que lo hice, lindante con la canallada.

Según esto, Lucero había logrado por mucho tiempo disfrazar de ficción la realidad, con una depurada técnica de negación y distorsión de la realidad. Me da pena por ella y, después de esto, estoy de acuerdo con Lorenzo. Reconozco que yo lo hubiera hecho peor. Admiro en él la sensatez y la ecuanimidad para tomar el camino más doloroso, sin atisbo de repudio ni revancha. Aunque Lucero es mi hermana, celebro la decisión de Lorenzo. Estaré del lado de ella, ahora que ya mi amigo no irá al sanatorio.

Voy a dejarle una nota breve. Me disculparé con él y le dejaré clara muestra de mi posición. Pero también que antes que amigo soy hermano, y debo cumplir mi deber. Lorenzo lo entenderá.

Algún día, si ambos nos lo permitimos, recuperaremos el puente que construimos cuando niños.



DE: "EL JUEGO DE LA VIDA" Copyright © 2015 de Rogger Alzamora Quijano




jueves, 15 de enero de 2015

LA FOTOGRAFÍA


Escribe: Rogger Alzamora Quijano


La fotografía viene del alma y hacia ella va. Hace su propio camino. Carece de sentido, si no revuelve el espíritu, si no punza el corazón. Una foto debe conmover, rebelar, enternecer, lastimar, repugnar, denunciar, transportar. Y en todos los casos invitar al silencio. Si no lo logra, debe ser borrada o quemada.

Una fotografía sirve como señuelo del pasado.

Al desgaire, sin entusiasmo u obligados por las circunstancias, los fotografiados se colocan ante la cámara. Unos posan con desfachatez, irreverencia, burla, otros con resignación, los más sonríen, gesticulan, celebran, ¡chisss! siempre feliz (aunque en realidad no lo sean ni lo estén).

Nadie sabe, se imagina ni sospecha, si esta fotografía será en el futuro desdeñada o cobrará vida propia. Quizá trascienda, o no. Tal vez vaya a parar al basurero, sea arrojada al fuego o borrada.

Puede que se la coloque ante una vela y una flor.
Puede que nos lleve hasta la nostalgia infinita.
Puede que nos inspire una oración.
Que se la guarde muy lejos de los demás y muy cerca de nosotros.

Una fotografía debe tener vida propia o muerte inmediata. Es la luz de la nostalgia, la nave del recuerdo, el espejo del pasado.

lunes, 29 de diciembre de 2014

TANIA



Es año nuevo.

Siempre he pensado que el primero de enero es el día más triste del año. Las calles no solo están en silencio, están vacías. Es verano en Lima. El mismo sol de todos los años nuevos: un sol inútil.

He salido. Llevo lentes oscuros, sandalias y sombrero. El silencio contagia, aprisiona, coarta. Habitualmente soy parco. Igual, es demasiado el silencio del año nuevo. Lo peor no es que todo esté cerrado, sino que ni el hambre puede evitar este silencio que aplasta.

Llegan los tibios murmullos de los árboles. No sé si estoy buscando algo o solo quiero comprobar la vacuidad del primer día del año. Los semáforos funcionan para nadie. Cruzo. Hasta podría caminar sin prisa por la pista. Esto no es armonía, como dicen algunos, esto es vacío.

He llegado al parque, donde habitualmente corro. Sólo dos bancas ocupadas de un total de catorce. Vuelvo a contar, son quince. Hay dos parejas de enamorados, distantes una de otra. El mismo ritual: se miran, hablan, sonríen, se acarician, se seducen. Me he quedado parado. Esto mismo solíamos ver con Tania, desde la ventana del séptimo piso del hotel, cada fin de mes. Más abajo flamean las descoloridas banderas que pretenden darle categoría a este hotel de medio pelo.

Un tipo cruza intempestivamente. Rompe mi abstracción. La vida está llena de paréntesis. Nos apartan de la realidad, de la sensatez, de la cordura, de la razón.

Tania.
¿Qué estará haciendo en este momento? ¿Dibujando eses en las arenas de playas ignotas? ¿Corriendo, cual gacela montaraz por las colinas provincianas? ¿Echando vapores de hirviente aliento en las gélidas calles nórdicas? ¿Gastando el tiempo en los pasillos de cines, bares, mercados y hoteles? ¿Buscando en iglesias, mezquitas y sinagogas la fe perdida? ¿Soslayando sus traiciones en puertos olvidados, cruceros absurdos y románticos trenes? ¿Reemplazando sus sueños con falsos afectos?

Suena mi teléfono.
Es Paco. Me dice: ¡Feliz año nuevo!... (Silencio) ¡Hey flaco, desmodórrate! (Silencio).

Piensa que se cortó la llamada, por eso vuelve a decir: Alex, ¿me escuchas?
Le digo que sí, que qué pasa, que para qué me llama.
Paco suelta un improperio. Te llamaba para deserte feliz año. Y cuelga.

Que no joda.


De la colección: EL JUEGO DE LA VIDA © 2014 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 20 de diciembre de 2014

SIN HUMILDAD



Desafiante, altiva, esplendorosa. Fugaz como todas pero inmortal.
Real como todas pero única. Soberana de nada, dueña de todo.
Basta tu mirada para sembrar decepción oro oropel, veneno y maldición.
Cuando el tiempo expira lejos de sentenciarte te concedo,
olvidando nuestras caminatas, los cencerros de las vacas, el sol de todos los labios juntos, las frutas las flores y rumores de la encañada, el frío voraz de las montañas, los hoteluchos rojos como sangre de granada,
las yemas muertas de pintura, el hambre y las batallas.
Cuando el tiempo expira relegamos la brisa y las arenas, el mar y los cormoranes,
el valle las estancias y los sueños, el olor fecundo a nogal,
el tacto los espejos y los planes.
Al final resignamos tristeza pobreza y abrazo,
angustia necesidad minutos música versos
y todos los sinónimos de amor.

De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2014 de Rogger Alzamora Quijano

viernes, 5 de diciembre de 2014

TEOREMA DE LA SOLEDAD



“Poco sutil en sus venganzas,
cómplice de la opacidad, secuaz del tormento,
adlátere de la nebulosa, abrazo del dolor,
beso que ahorca, consuelo que traiciona,
pierna que disuade, boca cruel,
ojos embusteros, verbo falaz.
 
Poco de sustento, de patria y libertad.
Todo de fiera voluble, flor venenosa, campo sin eco,
espacio sin azul y sin fondo.
Poco sutil en sus venganzas
noche ácida, silencio páramo y grito mudo,
pesadilla, pánico y urgencia,
penca voraz, cardo y corona.
Infarto de la memoria.
 

DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2014 de Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 5 de noviembre de 2014

MACHU PICCHU SIDERAL




Hacia el arquetipo de la creación, simetría formas y trazos,
acápite de caprichosas juntas.
Hacia tu nombre, múltiplo de majestad.
Hacia asombro, piedra y acantilado, perplejidad exactitud y traslado. Historia orgullo tristeza.
Hacia la audacia, apellido de Pachacuti.
Victoria sobre el abismo, traje maravilla, visión esplendorosa, caudal de viento, solsticio del asombro.
Gama inagotable sobre el Willkamayu, colores trenzas fulgor piedra.
Danza del viento, clamor de la historia, honra y honor, muros y estirpe.
 
Hacia el cóndor de piedra y sus alas.
Hacia las escaleras inagotables y las ventanas luz rumbo Qhapaq Ñan.
Hacia Uku Pacha, entre piedra y piedra el hombre.
 
Hacia el concepto bizarro que te ha creado Machu Picchu sideral.
Hacia la inclemencia del olvido que has vencido.
Sol a sol, orquídea y roca, ande plano aire y dominio.
 
Hacia tus símbolos tesón, valientes incógnitos, voluntades indomables,
labradores y artesanos, albañiles sin pausa, creadores míticos de mundos insondables.
 
Hacia el sollozo y el orgullo.
Hacia la reflexión y el regocijo, la magnitud del paisaje, tu hombro Wayna Picchu.
Palpando la tarea, revelando oprobio e injusticia.
Sintiendo el reproche sobre grama y neblina, abismo portentoso.
 
Sobre terrazas y tambos, sobre tu cosmogonía.
Sobre quipus y amautas, uncus y ojotas.
Sobre lo Inverosímil, Magnífico, Fastuoso, Meseta de Arañas.
Manto de berilo engarzado, como un puma de nostálgico silencio.
Puma estupefacto, olfato infinito, árbol indescifrable y luminoso, alquimia y tenacidad.
 
Azul Machu Picchu de ocasos ornamentales, plenitud opulencia coyas y llameros.
Azul magistral, arquitectura y voluntad, sencillo parco aullido infinito, azul incandescente, azul generoso.
 
Flor organdí pétalos sin fin, aromas pétreos tallos abismales,
verdes indecibles, marrones légamo, blancos incógnita, amarillos perdón.
Color riguroso, color definitivo. Ciruelos de azote y exceso.
 
Grutas y aposentos, campos caminos.
Desfiladeros, escaleras desafiantes.
Piedra sobre piedra, mazorcas homogéneas,
Machu Picchu sideral solar epicentro,
lucero vasto en las montañas cuchillo.
Altura infinita, espuma y relámpago.
 
Hacia el arquetipo,
Machu Picchu sideral, caricia y espina.
 
 

DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2014 de Rogger Alzamora Quijano