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miércoles, 5 de noviembre de 2014

MACHU PICCHU SIDERAL




Hacia el arquetipo de la creación, simetría formas y trazos,
acápite de caprichosas juntas.
Hacia tu nombre, múltiplo de majestad.
Hacia asombro, piedra y acantilado, perplejidad exactitud y traslado. Historia orgullo tristeza.
Hacia la audacia, apellido de Pachacuti.
Victoria sobre el abismo, traje maravilla, visión esplendorosa, caudal de viento, solsticio del asombro.
Gama inagotable sobre el Willkamayu, colores trenzas fulgor piedra.
Danza del viento, clamor de la historia, honra y honor, muros y estirpe.
 
Hacia el cóndor de piedra y sus alas.
Hacia las escaleras inagotables y las ventanas luz rumbo Qhapaq Ñan.
Hacia Uku Pacha, entre piedra y piedra el hombre.
 
Hacia el concepto bizarro que te ha creado Machu Picchu sideral.
Hacia la inclemencia del olvido que has vencido.
Sol a sol, orquídea y roca, ande plano aire y dominio.
 
Hacia tus símbolos tesón, valientes incógnitos, voluntades indomables,
labradores y artesanos, albañiles sin pausa, creadores míticos de mundos insondables.
 
Hacia el sollozo y el orgullo.
Hacia la reflexión y el regocijo, la magnitud del paisaje, tu hombro Wayna Picchu.
Palpando la tarea, revelando oprobio e injusticia.
Sintiendo el reproche sobre grama y neblina, abismo portentoso.
 
Sobre terrazas y tambos, sobre tu cosmogonía.
Sobre quipus y amautas, uncus y ojotas.
Sobre lo Inverosímil, Magnífico, Fastuoso, Meseta de Arañas.
Manto de berilo engarzado, como un puma de nostálgico silencio.
Puma estupefacto, olfato infinito, árbol indescifrable y luminoso, alquimia y tenacidad.
 
Azul Machu Picchu de ocasos ornamentales, plenitud opulencia coyas y llameros.
Azul magistral, arquitectura y voluntad, sencillo parco aullido infinito, azul incandescente, azul generoso.
 
Flor organdí pétalos sin fin, aromas pétreos tallos abismales,
verdes indecibles, marrones légamo, blancos incógnita, amarillos perdón.
Color riguroso, color definitivo. Ciruelos de azote y exceso.
 
Grutas y aposentos, campos caminos.
Desfiladeros, escaleras desafiantes.
Piedra sobre piedra, mazorcas homogéneas,
Machu Picchu sideral solar epicentro,
lucero vasto en las montañas cuchillo.
Altura infinita, espuma y relámpago.
 
Hacia el arquetipo,
Machu Picchu sideral, caricia y espina.
 
 

DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2014 de Rogger Alzamora Quijano

domingo, 8 de septiembre de 2013

CUSCO, MACHU PICCHU, HUAYNA PICCHU EN 10 DÍAS


Escribe: Rogger Alzamora Quijano


Cusco y Machu Picchu son Patrimonios de la Humanidad desde 1983, por la UNESCO.
El Santuario Histórico de Machu Picchu (Montaña Vieja) es desde 2007 una de las "7 Maravillas del Mundo Moderno"




Actualización del autor: Después del viaje narrado en esta crónica, he ido al Cusco al menos una vez cada año. Para mí Machu Picchu y Cusco son, histórica y culturalmente, únicos en el mundo. Sólo hay que detenerse a imaginar la obra de los incas paso a paso, piedra a piedra. A mi crónica del año 2013 no le quito ni una coma. Añado sí la actualización de mi visita a Wayna Picchu y la recomendación -especialmente a todo peruano(a)- de que es imprescindible visitar Cusco y Machu Picchu más de una vez -y Wayna Picchu al menos una vez en la vida- solo hay que contar con una condición física aparente para la escalada.

Más abajo, no dejen de ver mi video testimonial Escalar / Climb to Huayna Picchu.





CUSCO Y MACHU PICCHU, EL PLANEAMIENTO ES IMPORTANTE

Conocer Cusco, Machu Picchu, y todo el circuito turístico alrededor es prioritario para todos, pero especialmente para los peruanos y puede ser más fácil y cómodo tomando algunas precauciones. Yo no tomé varias, lo admito, pero ese hecho motiva la siguiente crónica, que contiene información importante para un turista nacional promedio, como yo.

Tip 1: Si eres turista nacional lleva sí o sí tu DNI, te ahorrará mucho dinero.

Comprar el pasaje en avión es una buena idea, y mejor si se hace con anticipación. Dos o tres meses antes del viaje los precios pueden ser económicos para los peruanos, incluso más que ir en bus. Yo compré por cincuenta dólares ida y vuelta. Viajando en avión gané tiempo, porque salí de Lima a las 7 am y al borde de las 9 am estaba ya en la ciudad imperial, que me recibió con un agradable clima de 24 grados centígrados.

Tip 2: Es preferible visitar Cusco, en lo posible, entre la segunda semana de Mayo y tercera de Julio, si deseas comodidades y cumplir todos tus objetivos. Desde la última semana de julio hasta la segunda semana de Septiembre (y aún hasta noviembre, cuando comienzan a aparecer las lluvias) turistas extranjeros y nacionales -colegiales en viaje de graduación incluidos- convierten el circuito en una despiadada pugna entre oferta y demanda. Yo elegí la tercera semana de agosto, entonces tuve algunos problemas.

Día 1.- Apenas llegué al aeropuerto de Cusco, tomé un taxi en el exterior. Le pedí al taxista me llevara al Paradero Pavitos. Me cobró 5 soles. De allí abordé una minivan hacia la ciudad de Urubamba, a menos de dos horas de Cusco, en pleno Valle Sagrado de los Incas, por 10 soles. Allí comencé a sentir la paz, encanto y belleza del paisaje. No me canso de celebrar mi decisión de haber elegido el Valle del Urubamba como base (por 40 dólares la noche incluido desayuno) para pernoctar y desplazarme. Todo está muy cerca y cuenta con buenos y fáciles accesos.

Tip 3: Aunque en ningún lugar del planeta se puede estar libre de delincuentes, puedo decir que -tomando precauciones- Cusco es una ciudad segura.


Día 2.- A Ollantaytambo. También en minivan (o Starex, como algunos las llaman), por 4 soles. El recorrido es excepcional, inolvidable, relajante. Compré mi Boleto Turísitico(BGT). Hay varias opciones: General: 130 soles; estudiantes extranjeros y turistas internos: 70 soles; estudiantes nacionales -con carnet válido-: 40 soles; y cusqueños y residentes -con ubigeo en el DNI que consigne Cusco como lugar de votación-: gratis. Yo compré el de 70 soles, válido por 10 días, en la misma boletería de ingreso a la ciudadela de Ollantaytambo. Con ese mismo boleto, además, se puede ingresar a 16 lugares de interés, en Cusco y el Valle Sagrado (varios de los cuales yo había elegido como prioritarios: Ollantaytambo, Pisac y Chinchero).
Las magníficas ruinas de Ollantaytambo con su glorioso pasado inca deslumbran de inmediato. El largo ascenso muestra asombrosos rastros de la orgullosa raza inca. Ollantaytambo requiere al menos tres horas para visitarlo. Yo me regalé cinco. Siempre he preferido la calidad de tiempo a la cantidad de destinos. Ollantaytambo merece ser visitada en detalle, con tranquilidad y atención.
Luego de regresar a la ciudad, almorcé en un lugar con una espectacular vista del río, después caminé las angostas callecitas de la ciudad. Piedra e historia en armonía con clima, naturaleza y silencio-. Al filo de las seis regresé a Urubamba.

Día 3.- A Ollantaytambo, para conseguir mi boleto hacia Machu Picchu. Allí recibí mi primera alerta: el dueño del hotel me dijo la noche anterior que no iba a ser tan fácil. Me dirigí a PERURAIL –a unos trescientos metros de la plaza de Ollantaytambo- que es la empresa de trenes hacia Machu Picchu que dispone de vagones para el turismo interno llamados "Tren Local": 20 soles ida y vuelta. Hay además otras clases de vagones en esta empresa, generalmente para turistas extranjeros: Expedition, desde 124 dólares ida y vuelta, sale una vez al día desde Cuzco y Ollantaytambo; Vistadome, desde 220 dólares ida y vuelta, sale una vez por día, vista panorámica, aire acondicionado, calefacción, etc., y Hiram Bingham, desde 600 dólares ida y vuelta, de lujo. La otra empresa, Inca Rail, tiene clase Turista y Ejecutivo, desde 150 y 250 dólares respectivamente ida y vuelta, y Primera Clase, desde 300 dólares, su servicio más costoso. Hay vagones especiales para residentes y trabajadores de la zona.

Tip 4: Compra los boletos con anticipación vía internet desde cualquier punto del país. Deberás pagar vía Banco de la Nación. No necesitas tarjeta de crédito. En caso no lo hayas hecho y estés en Cusco te recomiendo comprarlos apenas llegas. Tres días de anticipación para Comprar un boleto de tren estando ya en Cusco es muy poco tiempo. Para entonces tal vez ya no haya disponibles. Las agencias de viajes y los operadores turísticos acaparan a veces más de lo necesario. Este es el mayor problema, dado el momento y la urgencia. Comprar ese boleto de ida y vuelta es el reto para un turista nacional desde la última semana de Julio hasta la tercera de Agosto.


En la ventanilla de PERURAIL me preguntaron si ya tenía el boleto de ingreso a la ciudadela de Machu Picchu. Mi lógica de que podía comprarlo en la ciudad de Ollantaytambo no funcionó, como no funciona la lógica para muchas otras cosas cuando se quiere visitar Machu Picchu. Tuve que ir hasta el Cusco y comprar mi boleto para ingresar a Machu Picchu en el Ministerio de Cultura. Eso, sin embargo, en lugar de una traba fue una oportunidad. Era temprano, podía usar mi BGT para ir a Pisac y Chinchero, de paso a Cusco. Así fue. Tomé una minivan hasta Urubamba, y de allí otra a Pisac donde visité el famoso mercado artesanal, que abre sólo jueves y domingo. Valió la pena. Pisac me significó casi tres horas, y Chinchero otro par de horas más, con almuerzo incluido. De allí a Cusco. Cuando llegué, en el Ministerio de Cultura había tal fila que me asusté. Eran casi las cuatro de la tarde y la atención es hasta las 5 pm. Pero la diosa fortuna acudió en mi ayuda. Rubén, un amigable cusqueño, me tranquilizó: la fila es para quienes deben registrar a sus niños. Desde su tableta reservó mi boleto por internet. Hecha la reserva me acerqué a la ventanilla y pagué. En menos de un minuto tenía mi boleto para Machu Picchu por 64 soles (para extranjeros cuesta 126 soles). Agradecí a Rubén y regresé a Urubamba a dormir. Al día siguiente tendría que ir muy temprano por el escurridizo boleto de tren. El francés me dijo, en el hotel, que por internet se podía conseguir boletos de tren a 130 dólares. Yo descarté de inmediato tal posibilidad. Estaba fuera de mi presupuesto.

Tip 5: El Tren Local sale 5:07, 12:58 y 21:00, de Ollantaytambo a Machu Picchu. Y viceversa: 6:00, 14:55 y 21:30 horas. La ciudadela de Machu Picchu está abierta al público entre las 6:00 y las 17:30 hrs. El acceso a Huayna Picchu es en dos turnos: 7am y 10 am, y requiere registro previo y pago de 24 soles para toda persona nacional o extranjera, pues sólo hay cupo diario limitado.

Día 4.- Muy temprano en Ollantaytambo. Ya la cola tenía unas 20 personas por cada ventanilla. No todos buscaban los mismos boletos que yo, pero sí la mayoría. Mostré mi boleto de ingreso a Machu Picchu al empleado de PERURAIL para convencerlo de extenderme el de tren. Mientras hacía la fila me enteré de que no había boletos disponibles hasta tres o cuatro días después. En efecto, el empleado me lo confirmó tajantemente. Preocupado, mas no desanimado, hice otra vez la cola -para otra ventanilla-. Aquí tuve más suerte. Karina, una amable empleada, me extendió el boleto para el asiento D-43 (¿no era que no había lugar, ni para ir en intermedio?), pero dijo que era imposible extenderme el boleto de regreso. Me aconsejó comprarlo en Aguas Calientes, para eso tendría que hacer cola desde las 3:00 en ventanilla, dijo. No lo dudé, pese a la incertidumbre que eso significaba. Agradecí a Karina y me fui a buscar una buena comida, que me durara todo el día. ¡Tenía ya mi boleto en el Tren Local a Machu Picchu, por 10 soles!
Estuve en la Terminal de trenes media hora antes de la hora. A las 12:58, el tren comenzó a moverse. El recorrido es fantástico, los paisajes hermosos, buen clima y el Río Urubamba discurriendo junto a nuestro tren (ver mi video en VIMEO y en YOUTUBE). Aquí tuve otro golpe de suerte: en el tren conocí a Daniela, una guía de turistas. Me dio abundante información sobre los secretos para hacer turismo en Cusco pero, además, me recomendó con su amiga, dueña de un hotel en Aguas Calientes, para que me reservara una habitación allí, cosa que con el entusiasmo no había tenido en cuenta (de no haber sido así, habría sido imposible encontrar una habitación –que resultó cómoda, limpia y con una excelente vista de la ciudad-).
Hora y media después de haber partido de Ollantaytambo, el tren arribó a Aguas Calientes, la ciudad pequeña pero vivaz y encantadora, que se acurruca sin temor al pie de las enormes montañas que la rodean. Pagué los 100 soles del hotel, tomé posesión de mi habitación (hay hoteles de todo precio -hasta de 550 dólares por noche). Luego fui a la ventanilla de PERURAIL. Fue más fácil de lo que había imaginado: obtuve el boleto de retorno en menos de dos minutos y también por 10 soles. Sólo me quedaba comprar el del bus Consettur hacia Machu Picchu, 30 soles ida y vuelta. Estos salen tan pronto como se llenan (y eso no tarda más de 10 minutos).

Tip 6: Compra una o dos botellas de agua. En Ollantaytambo cuesta 1.50, en Aguas Calientes 3.00 y en Machu Picchu 10 soles.

La subida hacia Machu Picchu es espectacular. A medida que el bus alcanza más altura, las montañas de enfrente se alzan verdes, enormes, señoriales. Veinte minutos o media hora después se llega a la gran ciudadela. No se puede evitar el asombro por lo que se está viendo. La ansiedad apura también por lo que aún falta verse. El clima era perfecto, unos 23 a 26 grados (se dice que puede haber lluvias aisladas). Había que subir y bajar escaleras incas, pero la emoción logra que la experiencia sea única. Pablo Neruda me atizó con su poesía en medio de mi asombro. Quisiera haber podido quedarme más tiempo, quizá esperar la noche en la majestuosa cumbre, pero a las 17:30 los guarda-parques persuaden a la gente a que se retire. Ha sido una experiencia insuperable, pero no completa. Volveré cuantas veces sea posible.
Llegué a Aguas Calientes al filo de las siete. Ya la oscuridad envolvía a la pequeña ciudad, pero su frenético ritmo se podía ver desde cualquier ángulo. Los lugareños y turistas nacionales y extranjeros se confundían en animadas charlas en los cafés y restaurantes, o en plena calle. Danzantes y músicos celebraban el final del día y presagiaban una espléndida noche en la ciudad agazapada.

Tip 7: Si te es posible quédate a dormir en Aguas Calientes. La noche allí es fantástica. La gente se mueve envuelta por la magia del Machu Picchu, de su historia de ingenio, sagacidad, portento y dolor que la increíble ciudad-cumbre simboliza. Una noche en Aguas Calientes es perfecta para cerrar el círculo de ensueño.

Día 5.- Tren a Ollantaytambo. Hermoso amanecer desde la ventana. Hora y media después Ollantaytambo, con sol intenso y aire fresco. De inmediato a Urubamba, a chequear la salida del hotel. Me recibieron con calor familiar. Me sentí de lo mejor. Me había guardado las dos últimas noches para Cusco. Partí hacia allá.
Llegué a mediodía, para almorzar chicharrones en la calle Pampa del Castillo. Delicioso y diferente. Por la tarde caminé por la ciudad y de noche me fui al Centro Qosqo de Arte Nativo (con mi BGT). A la salida, exquisita cena buffet en un balcón con vista a la Plaza de Armas.

Día 6.- Por la mañana, un buen desayuno en el Mercado San Pedro, luego buscar un city tour para, por la tarde, visitar Qoricancha, Saqsayhuamán, Qenqo, Pukapukara, etc. Interesante circuito, pero hay demasiada gente y ello lo convierte más en un negocio que en un servicio o un disfrute. La próxima vez alquilaré un auto o un taxi para este mismo recorrido. Retorné a la capital inca a las 8pm.

Tip 8: En Cusco hay city tours desde 15 soles -incluye guía- y recorren cada uno de los puntos de la Capital Arqueológica de América consignados en el BGT.



ESCALAR HUAYNA PICCHU (ADENDA - 2017)

El magnífico Valle Sagrado de los Incas es deleite para los ojos y el espíritu. Yo acudo cada año a esta zona y prefiero y recomiendo establecerse en Ollantaytambo para alistar mente, cuerpo y espíritu antes de acometer lo planificado. En mi caso, esta vez mi reto era Wayna Picchu.
A sabiendas de la gran demanda para apenas doscientos cupos diarios para escalar Wayna Picchu, dos meses antes reservé online mis boletos. Debo decir que buena parte de los problemas que los viajeros nacionales y extranjeros encuentran en su afán por visitar esta magnífica plaza, y que han sido materia de duras y muchas veces justas críticas a los proveedores de servicios —trenes, buses, boletos—, se producen a causa de la improvisación. Hay que planificarlo todo con tiempo. Elegí la primera quincena de junio para llegar hasta Wayna Picchu y no tuve problemas. Todo funcionó como un reloj suizo.

Tip 1
Si eres viajero nacional y quieres conseguir el tren correspondiente para ir a Aguas Calientes, no esperes conseguir boletos en Cusco. Debes ir a Ollantaytambo a comprarlos. Dirígete a la estación a las 5 am y encontrarás cupos sin problemas. En último caso ve al km 82 y espera a abordar el tren para residentes y trabajadores que pasa por allí aproximadamente a las 13:00.



Dos días antes, al salir de Lima sufrí un esguince y estaba tan adolorido que no podía caminar. Mi ilusión por no perderme esta experiencia me hizo rebelarme y casi de milagro, unas horas antes, al amanecer del día D, me sentí ligero, entero y presto. Cuando salí a la calle pasaba la procesión del Señor de Choquekillka acompañado de una impresionante caravana de danzantes y fieles. Me sumé al fervor con intrínseca gratitud.

A partir del 30 de mayo de 2017 han cambiado las condiciones y horarios de los trenes nacionales, el tiempo de permanencia en la ciudadela de Machu Picchu y la necesidad de contar con la obligación de contar con los servicios de guías. El tren nacional parte hacia Aguas Calientes en solo dos horarios: 10:30 am y 9:30 pm.

Yo abordé el de las 10:30 am, un día antes de mi travesía programada hacia Wayna Picchu. Me quedé en un hotel cómodo, limpio y económico en Aguas Calientes, donde me gusta disfrutar el imponente paisaje del entorno. Esta vez encontré la ciudad sumida en un caos más notorio que antes. La tugurización y el mercantilismo a ultranza hacen presa de esta pequeña ciudad de paso. Para mi no hay mucho que hacer, solo caminar y admirar las montañas circundantes. Hay muchos —demasiados— restaurantes, pero pocos —muy pocos— de calidad.

Tip 2
Hay dos horarios para ascender Wayna Picchu: entre 7:00- 8:00 y entre 10:00-11:00 am. Yo elegí el segundo porque quería tener tiempo soleado y visibilidad. A veces la neblina cubre la montaña a tempranas horas. También es cierto que comenzar a ascender entre 10:00 y 11:00 am nos pondrá a merced del intenso sol, pero la claridad es un factor que bien vale sudor y calor.


Amaneció en Aguas Calientes. El sol iluminó las cumbres sobre un fondo azul fastuoso. Tomé mi mochila con trípode, cámara, agua y casaca cortaviento y salí a desayunar. Eran las 7:20 am . Después de un desayuno con avena y pan con palta en el mercado, me fui a hacer la fila para los autobuses. Había poca gente, así que no tardé mucho en estar sentado en mi asiento. Cuando arribamos a Machu Picchu el reloj marcaba las 9:00 am. Tendría tiempo para un vistazo a la espléndida ciudadela antes de tomar la ruta a Wayna Picchu. Era la cuarta vez que estaba ante el mismo panorama y aún así no pude evitar el asombro y la emoción. El cielo pintaba unas cuantas nubes en un paisaje indescriptible. Al filo de las diez comencé a caminar hacia la puerta de entrada a Wayna Picchu.

Tip 3
No llevar trípode. No hay espacio suficiente en la breve planicie de Wayna Picchu y no es conveniente instalar un trípode limitando aún más el espacio a las personas.


Un dependiente me mostró el libro de control de ingreso y salida, mientras me solicitaba mi boleto. Firmé el libro y me dirigí a cumplir mi sueño. De inmediato un descenso bastante abrupto me recibió como una muestra de lo que se venía. Alguien dijo que todavía era tiempo de arrepentirse. El radical descenso duró algunos minutos en los que me topé con un grupo de extenuados japoneses. Casi no podían continuar. La mayoría de ellos trepaba la escarpada cuesta a gatas. Y yo recién comenzaba. En fin, volví a recordarme que era mi oportunidad. Crucé la breve garganta que une Machu con Wayna. Los que retornaban me alentaban pese al evidente agotamiento físico.
Soy de Aija, capital de la provincia del mismo nombre en Ancash, Perú. Vengo de una comarca donde se acostumbra jugar entre precipicios y acantilados, pendientes, vegetación y abrupto suelo. Aunque salí de mi pueblo hace cuatro décadas, no he olvidado mi abolengo montuno y puedo identificar fácilmente los tipos de suelo, las plantas resistentes, y adoptar la inclinación del cuerpo necesaria para acometer pendientes peligrosas. Eso, sumado a mi experiencia como caminante, me sirvió para tomar un ritmo constante tanto en ascenso como descenso. Es importante no apresurarse ni tratar de competir con los demás. Yo tomé mi ritmo tan pronto como me fue posible.
El camino es en más de 90% una sola vía para subir y bajar, por senderos bastante delgados, lo que exige extremo cuidado. Hay espacio para detenerse a mirar, sentarse, y hasta beber unos sorbos de agua o dar paso a los que van en sentido contrario. En los lugares más extremos o peligrosos hay cuerdas de cable metálico confiables, para sostenerse.
El increíble paisaje se abre a los ojos. Yo llevé una buena cámara de fotos, mi mejor música a volumen moderado —más bien bajo— porque es preciso escuchar los pedidos de ayuda, preguntas o cualquier detalle. Mi paso regular se hacía comprensiblemente más lento en las zonas demasiado escarpadas o peligrosas. Ya eran pocos los que descendían y al llegar a la primera andenería me topé con unos veinte que aprovechaban el lugar para tomar descanso, agua y fotos. Yo hice lo mismo. Había pasado una hora diez desde que partí de la puerta a de control. Veinte minutos más tarde arribaba a la planicie principal de Wayna Picchu, después de auscultar las edificaciones que los incas habían construido al borde del precipicio. No pude evitar cavilar que era este el último refugio del inca, en caso su vida corriera peligro. En el argot actual: su búnker. Inexpugnable, panorámico, además de magnífico. Las casi veinte personas que nos encontramos al mismo tiempo en la cima, nos quedamos mudos. Luego reaccionamos para fotografiar, filmar, mirar o simplemente respirar los cuatro vientos. Este es el momento cumbre y hay que aprovecharlo completamente. Hay más arriba un lugar más elevado, pero es esta explanada la que más posibilidades ofrece para disfrutar. Aquí es donde más tiempo se puede uno detener.
Unos minutos y comencé a rematar la cumbre. Yo la llamo “la cima de la cima”. Aquí solo hay rocas. Una de ellas tiene un asiento para la foto de rigor. Desde aquí se puede ver los 360 grados del paisaje. Como dije, este lugar es pequeño y enmarañado de rocas y escaladores que también quieren su foto, así que hay que hacer la fila, la foto y comenzar el descenso. El descenso produce una emoción distinta a la de ascender. Aquí uno se vuelve más reflexivo. Se encuentran distintas razones para reflexionar. La escarpada pendiente probará las rodillas y los músculos durante hora y media de descenso. Al final, después de bajar y bajar, llegamos a la garganta, y cuando creemos que terminó se abre un último ascenso, gradas de piedra, un último esfuerzo. El mismo lugar donde al inicio sentí compasión por el grupo de japoneses. Este tramo es la cereza del pastel. En la puerta de salida, el dependiente entrega el libro, al tiempo que pregunta a qué hora aproximada se ingresó. Hay que firmar la salida y al cruzar la puerta, nos encontramos con Machu Picchu sideral.


Tip 4
Guardar un poco de agua para el tramo final: una subida de al menos 10 o 15 minutos cuando las fuerzas están decayendo.



EL SUEÑO Y LA META

La experiencia de escalar Wayna Picchu colmó largamente mis expectativas. Paso a paso, el hechizo aumenta. El increíble paisaje se mezcla en partes iguales con el esfuerzo de la escalada. Ambas intensas, ambas preciosas experiencias que celebro haber vivido. Nada se compara con tocar, sentir, caminar sobre la historia de nuestra raza inca. Nada se compara con la magnitud del silencio, con el deleite del paisaje; con la sensación de infinito, que va en aumento a medida que se va subiendo. Las escarpadas escalinatas, la brevedad de algunos parajes, la intensidad de la respiración, el sudor y el acelerado latido del corazón, son el denominador común de todos los que acometen este reto. Y al llegar a las primeras edificaciones, muy cerca de la cumbre, la perplejidad y el asombro nos invaden sin que podamos decir algo. Cada piedra colocada para prolongar el abismo, nos traslada hasta los tiempos de Pachacuti, el gran e inflexible arquitecto del incanato. Desde las ventanas se puede ver la inmensurable belleza a los cuatro vientos. El lugar es perfecto para todo tiempo: sol, lluvia o neblina.
Un poco más arriba, la inmensidad en todas sus formas. He visto gente con lágrimas en los ojos, al recorrer con la vista el paisaje. No hay palabras. No son necesarias. Solo mirar, respirar, sentir, imaginar. Es la forma que encontré para proveerme de lo que estaba viviendo. Todo esto sólo cabe en la mente. No hay nada más que pueda contenerlo. Hay y habrá millones de fotografías, videos y testimonios. Nada será suficiente. Los que hemos vivido esta experiencia nunca podremos explicar ni contar tal cual nuestra experiencia. Hay mucho, demasiado para explicarlo con palabras o imágenes. Visitar Wayna Picchu, es como Machu Picchu, cuestión de sentidos.

*Algo más: OLLANTAYTAMBO

Ollantaytambo está ubicado en el Valle Sagrado de los Incas a 80 kms de Cuzco y 40 kms de Machu Picchu, Perú. Es uno de los asentamientos incas más impresionantes, por su enigmático significado, su minuciosa planificación urbana, su impecable arquitectura y su ingeniería hidráulica. Es un pueblo vivo donde algunas de las antiguas tradiciones aún se conservan.
Se ubica en la confluencia del Urubamba o Willkamayu con el río Patakancha; entre los cerros denominados Pinkuylluna y Bandolista. Fue conquistado y re-fundado por el Inca Pachacútec en el siglo XV.


Espero que esta información y consejos básicos te sirva. Es mi experiencia como un turista nacional promedio. Compártelo, y así ayuda a los que necesitan información, para que el viaje a Cusco, Machu Picchu (y Huayna Picchu) sea divertido, espléndid e inolvidable.

DE: CUADERNO DEAMBULANTE - Derechos Reservados Copyright © 2017 de Rogger Alzamora Quijano



ASCENSO AL WAYNA PICCHU 2017
(VIDEO)



jueves, 7 de julio de 2011

MACHUPICCHU, CIEN AÑOS ABIERTO AL MUNDO

ALTURAS DE MACHUPICCHU
PABLO NERUDA
Musicalizado por Los Jaivas - Sube a nacer conmigo hermano:


I



Del aire al aire, como una red vacía,
iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo,
en el advenimiento del otoño la moneda extendida
de las hojas, y entre la primavera y las espigas,
lo que el más grande amor, como dentro de un guante
que cae, nos entrega como una larga luna.

(Días de fulgor vivo en la intemperie
de los cuerpos: aceros convertidos
al silencio del ácido:
noches desdichadas hasta la última harina:
estambres agredidos de la patria nupcial.)

Alguien que me esperó entre los violines
encontró un mundo como una torre enterrada
hundiendo su espiral más abajo de todas
las hojas de color de ronco azufre:
más abajo, en el oro de la geología,
como una espada envuelta en meteoros,
hundí la mano turbulenta y dulce
en lo más genital de lo terrestre.

Puse la frente entre las olas profundas,
descendí como gota entre la paz sulfúrica,
y, como un ciego, regresé al jazmín
de la gastada primavera humana.

II

Si la flor a la flor entrega el alto germen
y la roca mantiene su flor diseminada
en su golpeado traje de diamante y arena,
el hombre arruga el pétalo de la luz que recoge
en los determinados manantiales marinos
y taladra el metal palpitante en sus manos.
Y pronto, entre la ropa y el humo, sobre la mesa hundida,
como una barajada cantidad, queda el alma:
cuarzo y desvelo, lágrimas en el océano
como estanques de frío: pero aún
mátala y agonízala con papel y con odio,
sumérgela en la alfombra cotidiana, desgárrala
entre las vestiduras hostiles del alambre.

No: por los corredores, aire, mar o caminos,
quién guarda sin puñal (como las encarnadas
amapolas) su sangre? La cólera ha extenuado
la triste mercancía del vendedor de seres,
y, mientras en la altura del ciruelo, el rocío
desde mil años deja su carta transparente
sobre la misma rama que lo espera, oh corazón, oh frente triturada
entre las cavidades del otoño.
Cuántas veces en las calles del invierno de una ciudad o en
un autobús o un barco en el crepúsculo, o en la soledad
más espesa, la de la noche de fiesta, bajo el sonido
de sombras y campanas, en la misma gruta del placer humano,
me quise detener a buscar la eterna veta insondable
que antes toqué en la piedra o en el relámpago que el beso desprendía.

(Lo que en el cereal como una historia amarilla
de pequeños pechos preñados va repitiendo un número
que sin cesar es ternura en las capas germinales,
y que, idéntica siempre, se desgrana en marfil
y lo que en el agua es patria transparente, campana
desde la nieve aislada hasta las olas sangrientas.)

No pude asir sino un racimo de rostros o de máscaras
precipitadas, como anillos de oro vacío,
como ropas dispersas hijas de un otoño rabioso
que hiciera temblar el miserable árbol de las razas asustadas.

No tuve sitio donde descansar la mano
y que, corriente como agua de manantial encadenado,
o firme como grumo de antracita o cristal,
hubiera devuelto el calor o el frío de mi mano extendida.
Qué era el hombre? En qué parte de su conversación abierta
entre los almacenes de los silbidos, en cuál de sus movimientos metálicos
vivía lo indestructible, lo imperecedero, la vida?





III

El ser como el maíz se desgranaba en el incansable
granero de los hechos perdidos, de los acontecimientos
miserables, del uno al siete, al ocho,
y no una muerte, sino muchas muertes llegaba a cada uno:
cada día una muerte pequeña, polvo, gusano, lámpara
que se apaga en el lodo del suburbio, una pequeña muerte de alas gruesas
entraba en cada hombre como una corta lanza
y era el hombre asediado del pan o del cuchillo,
el ganadero: el hijo de los puertos, o el capitán oscuro del arado,
o el roedor de las calles espesas:

todos desfallecieron esperando su muerte, su corta muerte diaria:
y su quebranto aciago de cada día era
como una copa negra que bebían temblando.





IV

La poderosa muerte me invitó muchas veces:
era como la sal invisible en las olas,
y lo que su invisible sabor diseminaba
era como mitades de hundimientos y altura
o vastas construcciones de viento y ventisquero.

Yo al férreo vine, a la angostura
del aire, a la mortaja de agricultura y piedra,
al estelar vacío de los pasos finales
y a la vertiginosa carretera espiral:
pero, ancho mar, oh muerte!, de ola en ola no vienes,
sino como un galope de claridad nocturna
o como los totales números de la noche.

Nunca llegaste a hurgar en el bolsillo, no era
posible tu visita sin vestimenta roja:
sin auroral alfombra de cercado silencio:
sin altos enterrados patrimonios de lágrimas.

No pude amar en cada ser un árbol
con su pequeño otoño a cuestas (la muerte de mil hojas)
todas las falsas muertes y las resurrecciones
sin tierra, sin abismo:
quise nadar en las más anchas vidas,
en las más sueltas desembocaduras,
y cuando poco a poco el hombre fue negándome
y fue cerrando paso y puerta para que no tocaran
mis manos manantiales su inexistencia herida,
entonces fui por calle y calle y río y río,
y ciudad y ciudad y cama y cama,
y atravesó el desierto mi máscara salobre,
y en las últimas casas humilladas, sin lámpara, sin fuego,
sin pan, sin piedra, sin silencio, solo,
rodé muriendo de mi propia muerte.





V

No eras tú, muerte grave, ave de plumas férreas,
la que el pobre heredero de las habitaciones
llevaba entre alimentos apresurados, bajo la piel vacía:
era algo, un pobre pétalo de cuerda exterminada:
un átomo del pecho que no vio al combate
o el áspero rocío que no cayó en la frente.
Era lo que no pudo renacer, un pedazo
de la pequeña muerte sin paz ni territorio:
un hueso, una campana que morían en él.
Yo levanté las vendas del yodo, hundí las manos
en los pobres dolores que mataban la muerte,
y no encontré en la herida sino una racha fría
que entraba por los vagos intersticios del alma.




VI

Entonces en la escala de la tierra he subido
entre la atroz maraña de las selvas perdidas
hasta ti, Macchu Picchu.
Alta ciudad de piedras escalares,
por fin morada del que lo terrestre
no escondió en las dormidas vestiduras.
En ti, como dos líneas paralelas,
la cuna del relámpago y del hombre
se mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio:
aquí los anchos granos del maíz ascendieron
y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña
a vestir los amores, los túmulos, las madres,
el rey, las oraciones, los guerreros.

Aquí los pies del hombre descansaron de noche
junto a los pies del águila, en las altas guaridas
carniceras, y en la aurora
pisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,
y tocaron las tierras y las piedras
hasta reconocerlas en la noche o la muerte.

Miro las vestiduras y las manos,
el vestigio del agua en la oquedad sonora,
la pared suavizada por el tacto de un rostro
que miró con mis ojos las lámparas terrestres,
que aceitó con mis manos las desaparecidas
maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas,
palabras, vino, panes,
se fue, cayó a la tierra.

Y el aire entró con dedos
de azahar sobre todos los dormidos:
mil años de aire, meses, semanas de aire,
de viento azul, de cordillera férrea,
que fueron como suaves huracanes de pasos
lustrando el solitario recinto de la piedra.





VII

Muertos de un solo abismo, sombras de una hondonada,
la profunda, es así como al tamaño
de vuestra magnitud
vino la verdadera, la más abrasadora
muerte y desde las rocas taladradas,
desde los capiteles escarlata,
desde los acueductos escalares
os desplomasteis como en un otoño
en una sola muerte.
Hoy el aire vacío ya no llora,
ya no conoce vuestros pies de arcilla,
ya olvidó vuestros cántaros que filtraban el cielo
cuando lo derramaban los cuchillos del rayo,
y el árbol poderoso fue comido
por la niebla, y cortado por la racha.

Él sostuvo una mano que cayó de repente
desde la altura hasta el final del tiempo.
Ya no sois, manos de araña, débiles
hebras, tela enmarañada:
cuanto fuisteis cayó: costumbres, sílabas
raídas, máscaras de luz deslumbradora.

Pero una permanencia de piedra y de palabra:
la ciudad como un vaso se levantó en las manos
de todos, vivos, muertos, callados, sostenidos
de tanta muerte, un muro, de tanta vida un golpe
de pétalos de piedra: la rosa permanente, la morada:
este arrecife andino de colonias glaciales.

Cuando la mano de color de arcilla
se convirtió en arcilla, y cuando los pequeños párpados se cerraron
llenos de ásperos muros, poblados de castillos,
y cuando todo el hombre se enredó en su agujero,
quedó la exactitud enarbolada:
el alto sitio de la aurora humana:
la más alta vasija que contuvo el silencio:
una vida de piedra después de tantas vidas.





VIII

Sube conmigo, amor americano.
Besa conmigo las piedras secretas.
La plata torrencial del Urubamba
hace volar el polen a su copa amarilla.

Vuela el vacío de la enredadera,
la planta pétrea, la guirnalda dura
sobre el silencio del cajón serrano.
Ven, minúscula vida, entre las alas
de la tierra, mientras -cristal y frío, aire golpeado -
apartando esmeraldas combatidas,
oh agua salvaje, bajas de la nieve.

Amor, amor, hasta la noche abrupta,
desde el sonoro pedernal andino,
hacia la aurora de rodillas rojas,
contempla el hijo ciego de la nieve.

Oh, Wilkamayu de sonoros hilos,
cuando rompes tus truenos lineales
en blanca espuma, como herida nieve,
cuando tu vendaval acantilado
canta y castiga despertando al cielo,
qué idioma traes a la oreja apenas
desarraigada de tu espuma andina?

Quién apresó el relámpago del frío
y lo dejó en la altura encadenado,
repartido en sus lágrimas glaciales,
sacudido en sus rápidas espadas,
golpeando sus estambres aguerridos,
conducido en su cama de guerrero,
sobresaltado en su final de roca?

Qué dicen tus destellos acosados?
Tu secreto relámpago rebelde
antes viajó poblado de palabras?
Quién va rompiendo sílabas heladas,
idiomas negros, estandartes de oro,
bocas profundas, gritos sometidos,
en tus delgadas aguas arteriales?

Quién va cortando párpados florales
que vienen a mirar desde la tierra?
Quién precipita los racimos muertos
que bajan en tus manos de cascada
a desgranar su noche desgranada
en el carbón de la geología?

Quién despeña la rama de los vínculos?
Quién otra vez sepulta los adioses?

Amor, amor, no toques la frontera,
ni adores la cabeza sumergida:
deja que el tiempo cumpla su estatura
en su salón de manantiales rotos,
y, entre el agua veloz y las murallas,
recoge el aire del desfiladero,
las paralelas láminas del viento,
el canal ciego de las cordilleras,
el áspero saludo del rocío,
y sube, flor a flor, por la espesura,
pisando la serpiente despeñada.

En la escarpada zona, piedra y bosque,
polvo de estrellas verdes, selva clara,
Mantur estalla como un lago vivo
o como un nuevo piso del silencio.

Ven a mi propio ser, al alba mía,
hasta las soledades coronadas.
El reino muerto vive todavía.

Y en el Reloj la sombra sanguinaria
del cóndor cruza como una nave negra.





IX

Aguila sideral, viña de bruma.
Bastión perdido, cimitarra ciega.
Cinturón estrellado, pan solemne.
Escala torrencial, párpado inmenso.
Túnica triangular, polen de piedra.
Lámpara de granito, pan de piedra.
Serpiente mineral, rosa de piedra.
Nave enterrada, manantial de piedra.
Caballo de la luna, luz de piedra.
Escuadra equinoccial, vapor de piedra.
Geometría final, libro de piedra.
Témpano entre las ráfagas labrado.
Madrépora del tiempo sumergido.
Muralla por los dedos suavizada.
Techumbre por las plumas combatida.
Ramos de espejo, bases de tormenta.
Tronos volcados por la enredadera.
Régimen de la garra encarnizada.
Vendaval sostenido en la vertiente.
Inmóvil catarata de turquesa.
Campana patriarcal de los dormidos.
Argolla de las nieves dominadas.
Hierro acostado sobre sus estatuas.
Inaccesible temporal cerrado.
Manos de puma, roca sanguinaria.
Torre sombrera, discusión de nieve.
Noche elevada en dedos y raíces.
Ventana de las nieblas, paloma endurecida.
Planta nocturna, estatua dc los truenos.
Cordillera esencial, techo marino.
Arquitectura de águilas perdidas.
Cuerda del cielo, abeja de la altura.
Nivel sangriento, estrella construida.
Burbuja mineral, luna de cuarzo.
Serpiente andina, frente de amaranto.
Cúpula del silencio, patria pura.
Novia del mar, árbol de catedrales.
Ramo de sal, cerezo de alas negras.
Dentadura nevada, trueno frío.
Luna arañada, piedra amenazante.
Cabellera del frío, acción del aire.
Volcán de manos, catarata oscura.
Ola de plata, dirección del tiempo.


X

Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo?
Aire en el aire, el hombre, dónde estuvo?
Tiempo en el tiempo, el hombre, dónde estuvo?
Fuiste también el pedacito roto
de hombre inconcluso, de águila vacía
que por las calles de hoy, que por las huellas,
que por las hojas del otoño muerto
va machacando el alma hasta la tumba?
La pobre mano, el pie, la pobre vida...
Los días de la luz deshilachada
en ti, como la lluvia
sobre las banderillas de la fiesta,
dieron pétalo a pétalo de su alimento oscuro
en la boca vacía?
Hambre, coral del hombre,
hambre, planta secreta, raíz de los leñadores,
hambre, subió tu raya de arrecife
hasta estas altas torres desprendidas?

Yo te interrogo, sal de los caminos,
muéstrame la cuchara, déjame, arquitectura,
roer con un palito los estambres de piedra,
subir todos los escalones del aire hasta el vacío,
rascar la entraña hasta tocar el hombre.

Macchu Picchu, pusiste
piedra en la piedra, y en la base, harapos?
Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?
Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo
goterón de la sangre?
Devuélveme el esclavo que enterraste!
Sacude de las tierras el pan duro
del miserable, muéstrame los vestidos
del siervo y su ventana.
Dime cómo durmió cuando vivía.
Dime si fue su sueño
ronco, entreabierto, como un hoyo negro
hecho por la fatiga sobre el muro.
El muro, el muro! Si sobre su sueño
gravitó cada piso de piedra, y si cayó bajo ella
como bajo una luna, con el sueño!
Antigua América, novia sumergida,
también tus dedos,
al salir de la selva hacia el alto vacío de los dioses,
bajo los estandartes nupciales de la luz y el decoro,
mezclándose al trueno de los tambores y de las lanzas,
también, también tus dedos,
los que la rosa abstracta y la línea del frío, los
que el pecho sangriento del nuevo cereal trasladaron
hasta la tela de materia radiante, hasta las duras cavidades,
también, también, América enterrada, guardaste en lo más bajo
en el amargo intestino, como un águila, el hambre?


XI

A través del confuso esplendor,
a través de la noche de piedra, déjame hundir la mano
y deja que en mí palpite, como un ave mil años prisionera
el viejo corazón del ovidado!
Déjame olvidar hoy esta dicha, que es más ancha que el mar,
porque el hombre es más ancho que el mar y que sus islas,
y hay que caer en él como en un pozo para salir del fondo
con un ramo de aguas secretas y de verdades sumegidas.
Déjame olvidar, ancha piedra, la proporción poderosa,
la trascendente movida, las piedras del panal,
y de la escuadra déjame hoy resbalar
la mano sobre la hipotenusa de áspera sangre y silicio.
Cuando, como una herradura de élitros rojos, el cóndor furibundo
me golpea las sienes en el orden del vuelo
y el huracán de plumas carniceras barre el polvo sombrío
de las escalinatas diagonales, no veo la bestia veloz,
no veo el ciego ciclo de sus barras,
veo el antiguo ser, servidor, el dormido
en los campos, veo el cuerpo, mil cuerpos, un hombre, mil mujeres,
bajo la racha negra, negros de lluvia y noches,
con la piedra pesada de la estatua:
Juan Cortapiedras, hijo de Wiracocha,
Juan Comefrío, hijo de estrella verde,
Juan Piesdescalzos, nieto de la turquesa,
sube a nacer conmigo, hermano.


XII

Sube a nacer conmigo, hermano.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.

A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.

Dadme el silencio, el agua, la esperanza.

Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.

Apegadme los cuerpos como imanes.

Acudid a mis venas y a mi boca.

Hablad por mis palabras y mi sangre.