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martes, 20 de julio de 2010
HECTOR
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
-Son dos cosas distintas que parecen lo mismo -decía-.
Ahora lo pienso. Me detengo aquí mismo y lo pienso. La soledad puede ser tierna y sutil, apropiarse de uno, entibiarnos, arroparnos bajo los recuerdos, tras un comienzo desalentador. El abandono, en cambio, es un voraz secuestrador que va matando de a pocos.
-El día que te quedas sin agua, enseguida te acostumbrarás a olvidarla. La noche que te falta almohada, te quedarás también sin sueños. Pasarás desapercibido. No existirás, y a nadie le importará. El abandono es un cuchillo que se hunde en ti cada instante un poco más.
Me contó que en un principio fue como empezar un juego. Se sentía solo, pero debía explicaciones, acarreaba responsabilidades, asumía sus deberes. No era suficiente para lo que buscaba. Entonces fue más allá. Le subyugaron las incalculables opciones que le ofrecía el abandono: la extrema libertad y el desparpajo fueron luces que alumbraron sus noches. Pronto la luz se fue apagando: poco comer, nada dormir, repudio, vergüenza, invectiva. Eso y su propia memoria atragantada, sus culpas recurrentes, verdes vómitos de arrepentimiento.
-Traté de volver, lo juro.
Pero ya su asesino había dictado sentencia. El resto fueron manotazos de ahogado. Cada mirada atrás significó alargar su agonía. En el intento de una tardía redención terminó humillándose. Fue peor. Héctor ya no le importaba a nadie.
Cuando lo vi estaba sereno. Quise abrazarlo –era parte de mi niñez más feliz, mi adoptado primo- pero retrocedió. Con un ademán me pidió que no.
-No me importa, le dije.
Se sentía indigno de un abrazo. No quise insistir para no contrariarlo. Le ofrecí almorzar juntos ahí mismo -espalda del estadio donde se lució con atajadas memorables-, en la vereda.
-Traeré algo para comer.
-Ya para qué, primo- dijo con una mueca que alguna vez fue sonrisa.
Me miró profundamente, sin decir nada, y se marchó.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2008 Rogger Alzamora Quijano
jueves, 8 de julio de 2010
LA ROCKOLA
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Música por Gal Costa: Chega de saudade (Jobim-Moraes)
Chega, de saudade
a realidade, É que sem ela não há paz...
La tarde anterior, durante la sobremesa del almuerzo, mientras daban cuenta del vino tinto, escucharon cantar a Gal Costa. No tardaron en hablar de Tom Jobim y, como siempre, discreparon. Habían muchas buenas canciones del maestro como para elegir una sola, pero decidieron que Chega de Saudade sería su canción.
Regresaron a la oficina prometiéndose ir el fin de semana a cenar en el departamento de él, después de comprar el disco.
No puedo decir mucho de ella. Apenas la conocía. Era era menuda, feliz y de cabello negro alborotado.
Esa misma tarde él vino jugar billar con nosotros. Nos contó su historia con todo detalle y hasta tarareó la canción. Bebimos abundante cerveza. Cuando se fue a casa había empezado la madrugada del sábado. Nosotros nos quedamos una hora más.
La resaca me despertó de pronto. Sed, dolor de cabeza, sed, dolor de cabeza. No, no era la resaca solamente. Era el timbre de la puerta. Encendí la luz: siete y siete minutos. El silencio estaba perdiendo la batalla. La poca luz invernal y un frío viento súbito me terminaron por abofetear.
Otra vez el timbre. Me puse el sobretodo y salí. Tras el ojo mágico la deforme cara de Lorenzo me apuró.
Han pasado cinco años. Alguien en la rockola del café-bar ha hecho girar Chega de saudade. Mi amigo y su joven diosa de quien no recuerdo el nombre han regresado a mi memoria, otra vez cabalgados sobre ese frío tan suyo y tan repentino. Chega de Saudade trae consigo una sepia fotografía de ellos riéndose mientras se miran con absoluta pertenencia, libres ya de los tormentosos dilemas de la existencia humana, que por fuerza tuvimos que entender.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2007 Rogger Alzamora Quijano
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sábado, 20 de marzo de 2010
KAIA
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Cuando Kaia llegó, la tarde empezaba a delatarse. Odiosas ambas.
El mar soportaba sobre su lomo el aplastante sol y el furioso viento caliente. Por la mañana nos había tocado Melissani donde ganamos tanto dinero para una semana, contándoles a unos turistas argentinos historias de ninfas y delfines de las cuevas de Kefalonia, todas de inverosímil azul turquesa. Algunos parecían creernos, otros claramente se divertían con nuestras contradicciones. Nunca se dieron cuenta de que, en realidad, apenas estábamos ensayando la estratagema para nuestros futuros servicios de free tour guide donde sobre el final apelábamos a la compasión. Funcionó. Las propinas fueron generosas. Ya no tendríamos que ir a Agios Gerasimos.
Debimos irnos a bucear. Eso hacíamos cada vez que ganábamos dinero extra. Pero nos quedamos aparcados en la curva, alborozados, riendo de cualquier cosa, con cerveza en mano, mientras comíamos dolmadakias. En un momento, el vasco Julen recordó que debíamos ensayar la historia de Aqueloo y Ligeia, que aparecían en las noches a venerar a la luna nueva. Había que unificar criterios. No siempre tendríamos un grupo de turistas tan flexibles como estos argentinos. Pero estábamos demasiado felices para ensayar nada. Debimos irnos de ahí.
- ¡Hey!
La voz de Kaia quebró el viento.
Sus magníficos dientes y su piel tostada estaban a diez pasos de nosotros. Bajó de la bicicleta. Caminó resoplando mientras no dejaba de mirarnos. Su gruesa cabellera revoloteaba sobre su rostro. Kaia se apresuraba por quitársela de encima.
- ¿Alguien aquí sabe qué significa ética?
Julen se congeló. Yo me atoré.
Nos arrancó las acreditaciones y se fue.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA © Rogger Alzamora Quijano
martes, 19 de enero de 2010
EL ZOO HUMANO DE FONTANARROSA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano
“La flaca estuvo buena, siempre yo la miraba trotando adelante mío y decía "mamita si te agarro".Más la miraba y más me calentaba, me ponía al palo y eso que ella no me había dejado acercarme demasiado. Porque es grandota la guacha, algo desmañada te diría. Pero incluso eso, ese mismo asunto de moverse así, un poco torpe, un poco zanguanga ¿viste? ese trotar un poco de costado, era lo que más me venía loco…” (Fragmento de: “Sexo Explícito”, Roberto Fontanarrosa)
Leí Sexo Explícito de Fontanarrosa y quedé listo para lo demás.
Es imposible leerlo sin sentirse en sus cómics, pero también quedarse satisfecho. Siempre hay más y para todos los gustos. Al final se siente el vacío de haber llegado al final, pero eso no es irreversible. Fontanarrosa es de los que ponen el dedo en la llaga. Crea personajes cáusticos que nos despellejan con sutil ironía o despiadada burla. Siempre encuentra la forma de cuestionar, desmitificar, mofarse. Los que son creados sublimes, desposeídos, carentes, solitarios, nos arrastrando a solidarizarnos, a sentir ternura e identificarnos con ellos. Y quienes son ridiculizados también nos piden compasión, aunque tengamos que pasar el trago lentamente. Los lectores podemos vernos secreta pero fácilmente en Inodoro Pereyra, o en Ulpidio Vega, ser el pelotero soñador o el futbolista mágico. O las lectoras ser Rosita, la obrerita. Fontanarrosa provoca desdoblarnos en sus personajes, así cada lector es un alter ego, que puede verse en un espejo imaginario, descubriendo sus propios complejos.
-¿Sabés cómo sería un día perfecto? -dijo Hugo tocándose, pensativo, la punta
de la nariz. Pipo meneó la cabeza lentamente, sin mirarlo. Estaba abstraído observando
algo través de los ventanales.
-Suponete... -enunció Hugo entrecerrando algo los ojos, acomodándose
mecánicamente el bigote, corriendo un poco hacia el costado el sexteto de tazas de café
que se amontonaba sobre la mesa de nerolite-... que vos vas de viaje y llegás, ponele, a
una isla del Caribe. Qué sé yo, Martinica, ponele, Barbados, no sé... Saint Thomas.
-¿Martinica es una isla? -preguntó Pipo, aún sin mirarlo, hurgando con el
índice de su mano izquierda en su dentadura.
-Sí. Creo que sí. Martinica. La isla de Martinica.
Pipo aprobó con la cabeza y se estiró un poco más en la silla, las piernas por
debajo de la mesa, casi tocando la pared.
-Llegás a la isla... -prosiguió Hugo-... Solo ¿viste? Tenés que estar un día,
ponele. Un par de días. Entonces vas, llegás al hotel, un hotel de la gran puta, cinco
estrellas, subís a la habitación, dejás las cosas y bajás a la cafetería a tomar algo. Es de
mañana, vos llegaste en un avión bien temprano, entonces es media mañana. Bajás a
tomar algo.
-Un jugo -aportó Pipo, bostezando, pero al parecer algo más interesado.
-Un jugo. Un jugo de tamarindo, de piña...
-De guayaba, de guayaba -corrigió Pipo.
-De guayaba, de esas frutas raras que tienen por ahí. Calor. Hace calor. Vos
bajás, pantaloncito blanco livianón. Camisita. Zapatillitas.
-Deportivo.
-Deportivo.
-Tipo tennis.
-No. No. Ojo, pantaloncito blanco pero largo ¿eh? No short. No.
(Fragmento de “ El Mundo ha vivido equivocado”, Roberto Fontanarrosa)
Recomendado: “El mayor de mis defectos y otros cuentos”
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sábado, 21 de noviembre de 2009
DÍA TRES
Mi deber no es seguirte todos los siglos para arrancarte un solo día.
Aprendí a cubrir mis carencias.
Ya no muerdo la derrota si pierdo la batalla.
Ahora regreso por mi revancha
aunque haya perdido tus indicios brizna y ceniza.
Tu fantasma se va con la niebla, sin tacto ni caricia.
No otorgo respuestas ni concesiones.
Un instante es demasiado e innecesario.
DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano
domingo, 9 de agosto de 2009
A LA TARDE
De todas las tardes prefiero ésta porque te tengo.
El sol ahorca la neblina y me deja verte.
Me has dicho de tu amor piadoso,
me has hablado de la devoción y la entrega,
de lo que esperas y no tienes.
Te he mostrado mis heridas,
has tocado mi alma a voluntad,
has visto mi dolor y mis entrañas.
De todas las tardes prefiero ésta porque te tengo
jugando con tus dedos mientras los miras.
Tu pierna causa estragos en un equinoccio que no conoces
en los tiempos del desparpajo que hoy propones.
Prefiero esta tarde sobre todas las demás
porque absolutamente te tengo.
DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano
sábado, 18 de julio de 2009
A LA COSTUMBRE
Tu música no se fue y las tardes no han muerto.
Mi memoria no renuncia.
La calle que había entre nosotros ha ganado longitud
pero he renunciado a la renuncia.
Puedo vivir y morir nocturno.
Soy también una cobardía llena de coartadas.
Invectivas, odios, manías y orgullo,
pero también tenacidad.
Puedo vivir mi propio soliloquio.
Mi perniciosa devoción.
DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano
sábado, 11 de julio de 2009
LA RUTINA
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Poner en un cubilete la existencia y echarla a la suerte. Eso parece, pero no. Es mucho más complicado.
Lo que llamamos destino son en realidad vericuetos y estratagemas que encarecen, complican y maravillan con sus extrañas sincronías que confluyen armoniosamente.
Lo inesperado irrumpe en nuestras vidas para que todo parezca repetirse. La rutina es en verdad un aparente calco de sucesos parecidos, uno tras otro, cada día, cada noche. No hay tal. No nos percatamos de invisibles alteraciones que terminan cambiando dramáticamente las consecuencias. Cada día es un triunfo sobre el azar. Los engranajes deberán funcionar perfectamente antes de que cerremos los ojos sobre la almohada. Pequeños milagros pasan desapercibidos ante nuestros ojos y conforman nuestra cotidianidad.
Por eso, cuando empezamos diciendo "buenos días", no imaginamos que tal vez nos espera un pésimo día. No hay manera de sospechar lo que nos aguarda a la vuelta de la esquina, al final de una risotada o del duchazo matutino.
Derechos Reservados Copyright © 2009 de Rogger Alzamora Quijano
Poner en un cubilete la existencia y echarla a la suerte. Eso parece, pero no. Es mucho más complicado.
Lo que llamamos destino son en realidad vericuetos y estratagemas que encarecen, complican y maravillan con sus extrañas sincronías que confluyen armoniosamente.
Lo inesperado irrumpe en nuestras vidas para que todo parezca repetirse. La rutina es en verdad un aparente calco de sucesos parecidos, uno tras otro, cada día, cada noche. No hay tal. No nos percatamos de invisibles alteraciones que terminan cambiando dramáticamente las consecuencias. Cada día es un triunfo sobre el azar. Los engranajes deberán funcionar perfectamente antes de que cerremos los ojos sobre la almohada. Pequeños milagros pasan desapercibidos ante nuestros ojos y conforman nuestra cotidianidad.
Por eso, cuando empezamos diciendo "buenos días", no imaginamos que tal vez nos espera un pésimo día. No hay manera de sospechar lo que nos aguarda a la vuelta de la esquina, al final de una risotada o del duchazo matutino.
Derechos Reservados Copyright © 2009 de Rogger Alzamora Quijano
jueves, 28 de mayo de 2009
AL REENCUENTRO
Que volvieras repleta de esa altivez que todo lo abarca.
Que me reconocieras tan mal después de cinco años (luz).
Que no acataras mi celada ni mi beso.
Que te negaras a mi constrictor abrazo.
Que atravesaras los quince metros del pasado
y asestaras la mortal noticia,
no hizo más que atizar mi fuego.
Así acabó tu garabato que quiso ser repudio.
Ya estás sobre mi vida ruinosa, como el ojo del sol.
Soslayándome infamias apatías deserciones.
Estás aquí fruta celeste, celebración del amanecer.
Sin la monserga del odio, sin el tapiz del olvido.
Sin tu garabato que quiso ser repudio.
El amor congeló tus pretextos y demolió tu talante.
Voy a envolver tu escueto contorno
con mi gratitud sobre tu perdón sin olvido.
DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano
domingo, 3 de mayo de 2009
LA DEUDA DEL PERÚ CON OSCAR AVILÉS

Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Si hay un guitarrista que representa la música criolla del Perú ese es, sin duda, Oscar Avilés. Cambió para siempre la percepción monótona del vals peruano que se había encasillado en el “tundete”. Le dio fribra y sentimiento basándose en el elaborado uso de los tiempos y silencios. Su trepidante ritmo le imprime a cada uno de sus arreglos un sello particular que ha conquistado generaciones y le da a nuestra música costeña el notable nivel que Chabuca Granda, Felipe Pinglo y varios de los más eximios cultores criollos hubiera querido, como complemento invaluable de sus composiciones. Debemos a Oscar Avilés que nuestra música criolla se mantenga vigente.
El maestro Oscar Avilés recibió premios y condecoraciones nacionales y extranjeras del más alto nivel, haciendo justicia a su capacidad innovadora, calidad artística, aporte a la cultura, etc, etc. Sin embargo, a sus 85 años de edad debe continuar trabajando. Hace unos días, se lo vio visitando varios programas de televisión, junto al también mítico “Zambo” Cavero y a la mejor intérprete criolla que tenemos: Lucía de la Cruz. Promocionaba, dijo, unas presentaciones con los citados. Es decir, Oscar Avilés sigue trabajando. Como cualquier artista (él no lo es) debe promocionar sus presentaciones “peñeras” en la televisión y se expone inútilmente, en lugar de dedicarse a dictar conferencias magistrales, reconocer y aconsejar nuevos talentos o compartir su rica experiencia en programas de difusión de la música criolla peruana. Está desprotegido por el Estado Peruano. Y para ganarse el sustento debe seguir trabajando, a costa de su propio prestigio.
Me pregunto: ¿Algunos de los congresistas ha hecho los méritos de don Oscar Avilés? Ninguno de ellos, estoy seguro, puede mostrar lo que él: más de 70 años difundiendo cultura. Ningún político puede exhibir, como don Oscar, una impecable y honorable hoja de de vida. Y ninguno puede decir que merece una retribución del Estado. Pero como el Estado no le reconoce su verdadero valor, nuestro eximio guitarrista, ejemplar patriota y destacado músico tiene que seguir exponiéndose públicamente en peñas y programas de televisión de dudosa calidad.
Los que no podemos ver impasibles el maltrato a don Oscar Avilés, tenemos que exigirle al Estado Peruano un sueldo equivalente al de congresista, más todos los beneficios que estos gozan, para Don Oscar Avilés, quien ha dado toda una vida por la cultura peruana. Que no sólo sean condecoraciones, sino retribuciones, porque el país debe retribuirle pecuniariamente por lo que "La Primera Guitarra del Perú" ha dado a la consolidación de nuestra identidad peruana. Que pueda tener una vida digna, acorde con su altísimo nivel, calidad, ingenio y talento. Como un acto de justicia, pero también para que los jóvenes puedan seguir sus huellas, sabiendo que al final de sus vidas tendrán el reconocimiento nacional y una vida más que decorosa y lejos de carencias materiales.
Aunque se dirá que esto es pedirle "peras al olmo", es un deber de conciencia que no puedo callar.
Aquí una clase magistral del maestro:
Y esta es una inigualable interpretación del maestro, cuando formaba parte de Los Morochucos. Prestar atención a la primera guitarra, profundamente emotiva. Así tocaba el maestro Oscar Avilés. Por eso es "La Primera Guitarra del Perú".
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