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sábado, 24 de noviembre de 2012

UN PEDAZO DE NADA


En medio de la vorágine que todo lo envuelve y hunde,
antes de claudicar de una vez ante la muerte,
más cerca de las fauces del océano,
un trozo de madera puede salvar mi vida.
 
Perdido, sin horizonte,
ante el remolino que me traga,
veo la madera que salvará mi vida.
Y pienso ¿para qué?



(De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2012 de Rogger Alzamora Quijano)


sábado, 17 de noviembre de 2012

HAY UN BELLO Y TRISTÍSIMO SOL EN EL CIELO DE LIMA

When life looks like easy street, there is danger at your door...
Robert Hunter - Uncle John's Band

Hay un bello sol en el cielo triste de Lima.
Aún peor: hay un bello y tristísimo sol en el cielo de Lima.
Han muerto esta mañana los valiosos sueños
dentro de mi alma amenazada de muerte.
Han muerto de palabras desertoras, de reproches púa,
diatribas que me serviste como desayuno.
 
Ya no quiero que me mates sin pausa
y prefiero morirme de mí.
Cuando llegué estaba atormentado
y te pedí una mano sobre mi mano,
un abrazo breve, una palabra.
No una casa, sino una luna de paz.
Ni calor ni frío, sólo el intento.
 
Te di mi amor, mi canción desbaratada,
mi baile desdibujado de armonía.
Ansiaba una noche sin los agoreros grillos,
sin perros furibundos. Una muerte sin guadaña.
Recibí el frío panteón de la insidia,
tu vinagre de nupcias truncas,
tu resuello sin bronce ni sustento.
Tu jauría rabiosa e injusta.
 
Tomo aire y continúo.
Como un maldito. Tieso y desangrado.
Como un orate pupilas de tomate,
bajo el bello sol de Lima.
Bajo el bello y tristísimo sol de Lima.
 


(De: VERSOS CON VERSOS Copyright © 2012 de Rogger Alzamora Quijano)

jueves, 15 de noviembre de 2012

MURIENDO ...O NACIENDO

I've looked at life from both sides now,
from win and lose, and still somehow.
It's life's illusions I recall,
I really don't know life at all.

Both Sides Now - Joni Mitchell


Escribe: Rogger Alzamora Quijano


Aquella tarde la había dedicado otra vez a buscar apartamentos. Fue desde el principio un día difícil, con altibajos muy extraños.
Encontré un lugar bonito, pequeño y aseado con desdén -sólo para que los potenciales inquilinos no tuviéramos una mala impresión-. Me gustaron las ventanas: por una entraba el sol y por la otra se iba. Me gustó también ese toque íntimo que logré advertir. Abrí los cajones del clóset del dormitorio y en uno de ellos, el más cercano al suelo, pude ver al fondo un papel. Cuidadosamente lo extraje, pensando que tal vez se tratara de la copia de un contrato anterior. Lo abrí y leí:

Luz de mi alma:
Triste por el adiós reciente y carnívoro que me devora a dentelladas, te escribo para alejarme definitivamente de tu vida… y de la mía.

Siempre he tratado de mantenerme al menos un paso delante de las circunstancias. Trataré entonces de leer las páginas que todavía no se han escrito. Me arriesgaré a ser el primero en llegar a las playas del olvido… o el último que se ahogará en el intento.

Apenas nos conocimos, nos dejamos llevar. Me hiciste flotar. Tuvimos tiempos buenos y tiempos difíciles, pero nunca malos tiempos. Aprendimos juntos las maravillas de la convivencia, las alegrías, los sufrimientos, las comidas, los momentos de complicidad, los vinos en el balcón mientras mirábamos la ciudad de nuestros amores. Ahora ya no estamos juntos, pero tú has plantado mi alma en los predios fantásticos de la felicidad. Contigo comencé a flotar, ahora siento que mis pies jamás volverán a tocar el suelo.

Seguramente tengo la más grande pena que un ser humano puede cargar, pero esa carga me resulta liviana pues lo entregué todo. No me guardé nada. No tengo que reprocharme, sino el haber fracasado en mi búsqueda de la felicidad definitiva. Quizá no sea tan injusta esta forma de morir, que es el fracaso, porque están los recuerdos para remover los sentimientos, está la nostalgia para conseguir una leve y tibia sonrisa. No me iré de ti definitivamente, como tampoco te irás de mí. Me gusta pensar que hay algo que sobrevive después de la muerte. Y ahora estoy convencido de ello, pues en el pálpito final de nuestro adiós he ido sintiendo que podré vivir siempre en ti. Y mientras te veía también morir ante mis ojos, cincelabas tu presencia en mí, indestructible, altiva, serena.

Nuestro amor y respeto seguirán prosperando pese a la separación, estoy seguro. Sabemos que tras la colisión hay heridas que restañar, pero también perdones que extender. Tras ello nos ubicaremos en el justo medio, desde donde nos podremos mirar además con gratitud, emoción y ternura. Hemos soñado juntos y en la misma dirección, hasta que una pesadilla trajo a nuestras noches el insomnio, y a nuestros días la ruina. Nada es imposible: ello no lo fue y tampoco lo será la resignación.
Ahora he amanecido sintiéndome solo. Preguntándome si es esta la habitación donde duermo. Y sí, es esta misma habitación, pero ya no estás. Ya no estamos. Entonces, abrumado por el desconcierto salí a la calle. Y me vi solo, mientras la gente se multiplicaba a cada instante. Hubiera preferido no caminar estas calles hoy, porque a pesar de que las he visto miles de veces, siento que no las conozco más. Estoy perdido. Pero hay calles que sí conozco, porque las caminé contigo. Ambos sabemos dónde y a qué hora me sentaba a esperarte al filo de las siete de la tarde, para luego comprar una coca cola para ti, por ejemplo. O aquella preciosa calle llena de robles verdísimos por donde pasamos corriendo en medio de la lluvia. Eso tampoco morirá. En las noches y dormido podré regresar por esas calles, parques y ciudades donde sólo fuimos felices, sin más explicación.

Si pudiera dejar mis prejuicios me gustaría encontrarte otra vez, para saber que es posible regresar por nuestras huellas más valiosas, sueños imperdibles, abrazos todavía tibios o hasta calientes. Quizá no me importaría volver atrás para llenar contigo -y una vez más- nuestros sacos de esperanza, así ello signifique retractarme y aceptar que sí: es posible remendar un cristal roto, sin dejar rastros.

Con el vasto amor que, sabes, siento por ti:

(y en este punto terminaba la carta, sin una firma, sin un nombre).


Las primeras sombras de la noche me sorprendieron con el papel entre las manos. Todavía turbado asentí con la cabeza al casero que preguntó si me quedaría con el apartamento.


DE: CARTAS APÓCRIFAS (EL JUEGO DE LA VIDA) Copyright © 2012 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 20 de octubre de 2012

STEVE JOBS - LA SIMPLICIDAD ES LA MÁXIMA SOFISTICACIÓN




Algunas anotaciones sobre el libro: “Steve Jobs”, de Walter Isaacson.

“Este es un libro sobre la accidentada vida y la abrasadora e intensa personalidad de un creativo emprendedor cuya pasión por la perfección y feroz determinación revolucionaron seis industrias diferentes: los ordenadores personales, las películas de animación, la música, la telefonía, las tabletas electrónicas y la edición digital (…) Este es también, espero, un libro sobre la innovación.” (Pág. 19).

“No ha sido (Steve Jobs) un modelo, ni como jefe ni como ser humano, perfectamente empaquetado para que lo imitaran después. Movido por sus demonios, podía empujar a quienes lo rodeaban a un estado de furia y desesperación. Sin embargo, su personalidad, sus pasiones y sus productos estaban todos interconectados, como lo estaban el hardware y el software de Aplle, igual que si fueran parte de un único sistema integrado. Por tanto, su historia, a la vez instructiva y aleccionadora, está llena de enseñanzas sobre la innovación, los rasgos de la personalidad, el liderazgo y los valores”. (Pág. 20).
“Abandonado. Elegido. Especial. Estos conceptos pasaron a formar parte de la identidad de Jobs y de la forma en que se veía a sí mismo”. (Pág, 25).
“No es sorprendente, pues, que lo mandaran expulsado a casa dos o tres veces antes de acabar el tercer curso. Para entonces, no obstante, su padre había comenzado a tratarlo como a un chico especial, y con su estilo tranquilo pero firme dejó claro que esperaba que el colegio hiciera lo mismo. “Verán, no es culpa suya –le defendió Paul Jobs ante los profesores, según relató su hijo-. Si no pueden mantener su interés, la culpa es de ustedes”. (…) Y añadió (Steve Jobs)que sus padres “sabían que la culpa era del colegio por tratar de hacer que memorizara datos estúpidos en lugar de estimularme”. (Pág.35).
“Jobs se aburrió rápidamente de la universidad. Le gustaba estar en Reed, pero no solo asistir a las clases obligatorias. (…) Jobs se negó a asistir a las materias en que estaba matriculado, y en vez de eso se presentó a las que él quería (…) “Entonces decidí dejar los estudios y confiar en que todo acabara saliendo bien”. (Pág. 68).
“El pensamiento racional occidental no es una característica innata del ser humano; es un elemento aprendido y el gran logro de nuestra civilización. En las aldeas indias nunca han aprendido esta técnica. Les enseñaron otras cosas, que en algunos sentidos son igual de valiosas, pero no en otros. Ese es el poder de la intuición y de la sabiduría basada en la experiencia.
Al regresar tras siete meses por los pueblos de la India, pude darme cuenta de la locura que invade al mundo occidental y de cómo nos centramos en desarrollar un pensamiento racional. Si te limitas a sentarte y observar el mundo, verás lo inquieta que está tu mente. Si tratas de calmarla, sólo conseguirás empeorar las cosas, pero si le dejas tiempo se va apaciguando, y cuando lo hace deja espacio para escuchar cosas más sutiles. Entonces tu intuición comienza a florecer y empiezas a ver las cosas con mayor claridad y a vivir más en el presente. Tu mente deja de correr tan rápido y puedes ver una tremenda dilatación del momento presente. Puedes ver mucho más de lo que podías ver antes. Es una disciplina. Hace falta practicarla.
El pensamiento zen ha sido una influencia muy profunda en mi vida desde entonces. Hubo un momento en que me planteé viajar a Japón para tratar de ingresar en el monasterio de Eihei-ji, pero mi consejero espiritual me rogó que me quedara. Afirmaba que no había allí nada que no hubiera aquí, y tenía razón. Aprendí la verdad del zen que afirma que quien está dispuesto a viajar por todo el mundo para encontrar un maestro, verá cómo aparece uno en la puerta de al lado”. (Steve Jobs, pág. 79).
“Entones Wayne se echó atrás. (...) Así, once días más tarde regresó a la oficina de la administración del condado de Santa Clara con una “declaración de retiro” y una enmienda al acuerdo de la sociedad. “En virtud de unas reevaluación de los términos acordados por y entre todas las partes –comenzaba-, Wayne dejará por la presente declaración de participar en calidad de “Socio”. El escrito señalaba que, en pago por su 10% de la compañía, recibiría 800 dólares, y poco después otros 1500.
Si se hubiera quedado y mantenido su participación del 10%, a finales del año 2010 habría contado con una cantidad de aproximadamente 2,600 millones de dólares. En lugar de ello, en ese momento (2010) vivía solo en una pequeña casa de la población de Parhump, en Nevada, donde jugaba a las máquinas tragaperras (tragamonedas) y vivía gracias a los cheques de la seguridad social”. (Págs. 98, 99).

"Este es un homenaje a los locos. A los inadaptados. A los rebeldes. A los alborotadores. A las fichas redondas en los huecos cuadrados. A los que ven las cosas de forma diferente. A ellos no les gustan las reglas, y no sienten ningún respeto por el statu quo. Puedes citarlos, discrepar de ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar al género humano. Y aunque algunos los vean como a locos, nosotros vemos su genio. Porque las personas que están suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo... son quienes lo cambian".



Extraído del libro: “Steve Jobs, la biografía”. Walter Isaacson. Editorial Random House Mondadori, 2011. 735 páginas.

viernes, 7 de septiembre de 2012

MELODÍA


He creado una melodía para el amor.
Una melodía que explica la plenitud del amor.
Una melodía que puede absolutamente explicar el amor.
Que describe lo que las palabras no pueden.
 
He creado una melodía para el amor.
Una melodía para que todos lo entiendan.
Larga, sutil, preciosa, libre, vibrante, envolvente y caliente.
Pura, sencilla, interminable, definitiva, absoluta.
Dolorosa y triste también. Sensual, luminosa, tierna y creyente.
Molto Allegro Adagio Minueto Presto. Lento Rondó Sonata Silencio.
 
He creado una melodía que explica la magnitud del amor.
Ecuación de ritmos. Sentencia que doblega miserias y enconos.
Que transita cuerpo y espíritu.
Una melodía que puede absolutamente explicar el amor.



De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2012 de Rogger Alzamora Quijano

lunes, 3 de septiembre de 2012

EN HONOR A CHABUCA GRANDA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Ahí va Martín y su mula, / (…) Llevan prendidos los ojos/ (…)de herida y hambre de pobres los dos, Martín y la mula. / (…)Y es la esperanza del pobre, / y es el consuelo del rico,un hombre de tez morena / y el alma como paloma.
(De: Coplas a Fray Martín – Chabuca Granda)

El de Chabuca Granda (María Isabel Granda Larco, 1920-1983) es, en mi opinión, fundamentalmente un aporte poético a la música. Letrista que evoca el ande de su niñez, la tierra amada, los paisajes urbanos de Lima y sus gentes. Pero es además Chabuca, una extraordinaria compositora de melodías ágiles, novedosas que rompen la monótona suntuosidad de los antiguos valses peruanos. Tal vez por ello logra el reconocimiento internacional en tiempos en que las comunicaciones y la difusión estaban limitadas en comparación con los actuales -además de ser valses peruanos, un género de poco arraigo internacional-. Sus canciones suelen tener un sello propio, de bien cuidadas armonías.
Al final de su carrera Chabuca hizo de la música negra peruana un bello tránsito entre la alegría inherente de esa raza y su propia concepción del ritmo, dándole un toque se sensibilidad y belleza con su lírica elegante y pulida.
Aunque no fue una eximia cantante, su voz logró atravesar ese requisito para atender fundamentalmente la necesidad de trasmitir y ahondar en el espíritu del oyente. Por ello, prefiero el dueto que grabó ella misma con el maestro Oscar Avilés: Dialogando (1968). Extraordinaria conjunción de la límpida guitarra del maestro y la voz emergida desde el alma de la gran Chabuca.

Fina cadencia en el anca,
brillantes se ven las crines,
y el nervio tierno y alerta
para el deseo del amo.
(José Antonio)

EL ARQUERO





También lo llaman portero, guardameta, golero, cancerbero o guardavallas, pero bien podría ser llamado mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas. Dicen que donde él pisa, nunca más crece el césped.

Es un solo. Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores.

Él no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace.

Lleva a la espalda el número uno. ¿Primero en cobrar? Primero en pagar. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. Cuando un jugador cualquiera comete un penal, el castigado es él: allí lo dejan, abandonado ante su verdugo, en la inmensidad de la valla vacía. Y cuando el equipo tiene una mala tarde, es él quien paga el pato, bajo una lluvia de pelotazos, expiando los pecados ajenos.

Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición.

Eduardo Galeano (Montevideo, 1940)
El Fútbol a sol y sombra
(2006). Siglo XXI de España Editores, 405 pgs.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¡LEVÁNTESE CABALLERO...!



¿Cómo es posible que, hoy en día, un hombre inteligente no tenga prisa? «¡Levántese, caballero, pues tiene grandes cosas que hacer!» Pero cada vez hay que levantarse más temprano. Aceleren sus máquinas de ver, de oír, de pensar, de recordar, de imaginar. Nuestro mejor lector, el más caro a nuestros ojos, habrá terminado con nosotros en dos o tres horas. Conozco algunos hombres que leen, con el máximo de provecho, cien páginas de matemáticas, de filosofía, de Historia o de arqueología en veinte minutos. Los actores aprenden a «situar» su voz. ¿Quién nos enseñará a «situar» nuestra atención? Hay una altura a partir de la cual todo cambia de velocidad. No soy, en esta obra, uno de esos escritores que pretenden, meciéndole, conservar a su lado al lector el mayor tiempo posible. Nada para el sueño, todo para la vigilia. Vamos, pronto, ¡tomen y márchense! Fuera les esperan otras preocupaciones. En caso necesario, sáltense capítulos, empiecen por donde les plazca, lean en diagonal: éste es un instrumento para múltiples usos, como los cuchillos de los excursionistas. Por ejemplo, si temen llegar demasiado tarde al meollo del asunto que les interesa, salten estas primeras páginas.



Fragmento de la Primera Parte de: 'Le Matin des Magiciens' (Louis Pauwels y Jaques Bergier),1960.

miércoles, 25 de julio de 2012

A LA OPORTUNIDAD


No voy a escribir de la impaciencia como hace un año.
Ni de la nostalgia macerada en acíbar y clavada en el costado.
No diré por qué morí en tu boca la penúltima vez.
No hablaré de tu soberbia que mata por matar.
No voy a recordar tus reproches.
Hay culpas que seguirán siendo culpas y silencios que exudarán dolor.
 
Voy a volver.
A trasuntar la oscuridad.
A vivir o morir.



De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2000 de Rogger Alzamora Quijano




domingo, 15 de julio de 2012

LA ÚLTIMA CARTA

Gracias... por no haberme dejado un solo mensaje que respondiera mis e-mails, tercos de toda terquedad.
Gracias por no haberme respondido ni siquiera inconsciente, telepática o subjetivamente, menos aún con la respuesta que éticamente me adeudas, pero que ya no necesito.
Gracias por darme un final que tuve que adivinarlo a punta de sufrimiento.
Gracias por sugerirme tu nueva personalidad, por más que sea ajena para mí (cosa que de hecho ya no te incumbe).

Gracias por no demostrarme entrega incondicional, amor insoslayable, urgencia tácita.
Gracias por borrar mi horizonte.


Sé que estás agazapada, divirtiéndote con mi desesperación, regocijándote con mis súplicas.
He esperado poco, muy poco. No puedo esperar más y odio esperar.
Esperé días enteros encontrar una respuesta, emplasto para mi angustia.
Soy absolutamente imperfecto, absurdo, errático e incompetente, pero creí merecer una importancia en tu vida que –ciertamente- no tengo.
Estás fuera de mi entendimiento, aunque todavía dentro de mi corazón.


Debo levantarme, sereno, sin aspavientos. Tomar mis cosas e irme.
En estos últimos días ha llovido sobre mojado sobre mí.
Y he intentado vanamente ir por un poco de tu abrigo, como mil veces nos prometimos.
Y te he sentido en algún punto lejano y ya inalcanzable para mí.


Pasarán los días. De amor ya no se muere.
La distancia y el tiempo saben confabular junto al olvido.

Algún día encontrarás las pruebas de mi inocencia que también hoy tienes y desprecias.
Para entonces ya yo habré aceptado culpas que nunca tuve ni tendré.

La fe puede durar para siempre o extinguirse en un instante sin reparación posible.

Quedarán rastros de las quemaduras
por la milagrosa conjunción que pareció unir definitivamente nuestras vidas,
por el roce de los cuerpos,
por los diarios despertares,
por los abrazos interminables,
por las miradas,
por el amor que nunca podrás negar que te di.
Pero sólo serán recuerdos de sensaciones salvajemente incineradas.


Baste esta definitiva nota donde me reafirmo en un adiós que me duele, pero que necesito (quizá tanto como tú, que debes estar harta de arrojar a la papelera mis empalagosas cartas bañadas en súplica).
Un adiós que -espero- no te reproches nunca, por haberme prendido fuego sólo para congraciarte con la multitud que te exigía mi cabeza.
Un adiós que, por el camino de los tormentos, me llevará de retorno a la penumbra de donde nunca debí salir, ni lo volveré a hacer.




DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2007 Rogger Alzamora Quijano