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domingo, 27 de febrero de 2011
EL ABRAZO
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
El abrazo es la mayor muestra de cercanía entre dos. Es la forma más sutil de comunión con las sensaciones del otro. De capturar su calor, su estado anímico, su necesidad.
Un abrazo sincero es la muestra más exquisita de ofrecer o recibir amistad.
Es la mejor manera de decir: que te vaya bien, regresa pronto; te necesito; te amo. O, no estás solo.
Un abrazo prueba que existimos.
Cuando te despidas de un amigo dale siempre un abrazo.
Su presencia quedará en ti y tu calor en él,
como si ambos se colocaran un invisible abrigo sobre sus espaldas.
Cuando te despidas de un amigo dale siempre un abrazo.
Quizá no se vuelvan a ver.
Derechos Reservados Copyright © 2003 de Rogger Alzamora Quijano
viernes, 25 de febrero de 2011
DÍA DIECIOCHO
Se quebrará mi voz cuando se apague
Chabuca Granda - Cardo o ceniza
Cómo será tu cuerpo sobre el mío,
cómo lloverá tu pelo en mi cara,
cómo se clavarán las espinas de tus dudas,
me pregunto.
Cómo será tu talle entre mis brazos,
cómo tu miel y tu lengua desbocada.
Si no serán hastíos tus urgencias,
me pregunto.
DE: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2007 de Rogger Alzamora Quijano
miércoles, 9 de febrero de 2011
A LA NAVIDAD
Es la nochebuena un sueño impar.
Verdes, rojos, oscuridad.
Regalos, bolas de escarcha, fiasco.
Deleite, champaña, sed.
Renos de ojos muertos alumbran
concretamente la abundancia.
Nochebuena. Buena noche.
La navidad con botas
y tú sin zapatos.
DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano
domingo, 23 de enero de 2011
BUKOWSKI NO ES BEAT
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Bukowski, es el rudo intérprete de una ciudad oculta, jabonosa, dislocada.
Bukowski es el mensajero de los excluidos. Transita con el mismo aplomo sobre la decepción y la desilusión. Opta por la desidia y el desparpajo, antes de someterse a la dictadura del statu quo.
Es de los pocos que escribe con la misma fruición desde la soledad como desde alcohol. Decidió con similar valentía por una desolada casa de huéspedes como por una literatura escapista aunque ello significara vivir todo un día comiendo una barra de cacahuate, no tanto como un acto de valentía, sino mejor aún: de confrontación y rebeldía.
Bukowski puso en práctica el consejo de Rimbaud: su vida fue un largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos.
El lado oscuro del poeta misógino y nihilista, fue desenfrenado y no ocultó hasta desmenuzarlo con suma honestidad, consciente de que serviría para sustentar su rebeldía. Como su gato Minx, mantuvo su dignidad y aunque se quejaba, nunca se preocupó. Sus textos reflejan su misantropía. Su repudio por la raza humana, hacia la sociedad repleta de convencionalismos.
Bukowski se lamenta, pero la enfrenta. Su obra desnuda su atormentada personalidad. Pero también es la dulce venganza, la bofetada letal al cártel de los hipócritas académicos, las editoriales y los intelectuales.
Charles Bukowski demuestra que se puede vivir peleando contra la propia sombra. Que la rebeldía es un alimento insustituible. Que noche no significa necesariamente obscuridad. Que se escribe para sentirse vivo, no para buscar vivir de escribir. Bukowski no es beat.
Todo
Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo.
pero quizás necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.
cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.
O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da
igual.
los muertos no me
necesitan.
ni los
vivos.
pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros.
En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos
y
necesitamos tanto
Si solo supiéramos
que
es.
probablemente
es
todo
y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo
o moriremos
porque no
lo
conseguimos.
Espero que
cuando yo este muerto
comprendáis
que conseguí
tanto
como
pude.
De: The Roominghouse Madrigals: Early Selected Poems (1946-1966).
VIDA DE UN VAGABUNDO
El cigarrillo de Harry seguía encendido. Dio otra calada. Brotó una bocanada de humo azul. Le gustaba aquella bocanada de humo azul.
Caminaba bajo el calor del sol pensando: “Voy andando y fumando un cigarrillo.”
Harry caminó hasta llegar al parque que había frente a la biblioteca. Seguía chupando el cigarrillo. Entonces la colilla le quemó los dedos y la tiró a regañadientes. Entró en el parque y anduvo hasta encontrar un sitio entre una estatua y unos arbustos. Era una estatua de Beethoven. Y Beethoven estaba andando, con la cabeza gacha, las manos entrelazadas a la espalda, obviamente pensando en algo.
Harry se agachó y se tumbó sobre la hierba. La hierba recién cortada picaba bastante. Estaba puntiaguda, afilada, pero tenía un aroma agradable y limpio. El aroma de la paz.
Insectos diminutos comenzaron a pulular alrededor de su cara en círculos irregulares, cruzándose unos con otros pero sin chocar jamás.
Apenas eran unas partículas, pero eran unas partículas a la búsqueda de algo.
Harry levantó la mirada, a través de las partículas, hacia el cielo. El cielo estaba azul y endemoniadamente alto. Harry siguió mirando hacia arriba, al cielo, intentando sacar algo en claro. Pero Harry no sacó nada en claro. Ninguna sensación de eternidad, ni de Dios, ni siquiera del diablo. Pero uno tiene que encontrar primero a Dios para encontrar al diablo. Van en ese orden.
A Harry no le gustaban los pensamientos profundos. Los pensamientos profundos podían conducir a errores profundos.
Después pensó un poco en el suicidio. Tranquilamente. Como la mayoría de los hombres piensa en comprarse un par de zapatos nuevos. El problema principal del suicidio es la idea de que podría ser el comienzo de algo peor. Lo que él realmente necesitaba era una botella de cerveza helada, con la etiqueta un poco mojada y esas gotas frías tan hermosas sobre la superficie del vaso.
Fragmento de: Vida de un vagabundo, incluido en la antología: Peleando a la contra
domingo, 16 de enero de 2011
DIA CUATRO
Que este miércoles de delicias
perdure abundante sobre todo lo demás.
Magna compañía, envolvente el buen pisco,
celeste misterio, largo el mapa de las estrellas.
Con ella, siempre audaz y perniciosa.
De: versos conversos Derechos Reservados ©2010 Rogger Alzamora Quijan
sábado, 11 de diciembre de 2010
AIJA, MI TIERRA LINDA

Aija mi tierra linda, voy llegando.
Veo tus montañas de ropas azules.
Mi pequeña patria estoy imaginando
los latidos de tu corazón milenario.
Mi espíritu se anima con el celaje
y tus preciosas casas agolpadas,
manto de oro que imponente baja
hasta la plaza, balcón del paisaje.
Aija, mi tierra linda, color yeso y té,
tus calles regresan en mis sueños
rincones, caminos, crepúsculos morados;
amigos, valses, guitarras y huaynos
día y octava en julio, cada año.
Desde el Huancapetí soberano,
último testigo del sol que cada día
muere perdidamente anaranjado,
te veo Aija mía, que luces como antaño
las más bellas colinas de verde algarabía.
Allí está tu iglesia, que como un baúl guarda
las oraciones a Santiago y Mamá Candelaria,
de los fieles que llevan a tu íntima morada
su gratitud y esperanza, su fe y sus plegarias.
Aija, mi tierra linda, mi fuego encendido,
añoro tu abrazo, abrigo y consuelo.
Hoy tus imanes me traen de nuevo
a saberme feliz, a sentirme querido.
DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2010 de Rogger Alzamora Quijano
PD.- Gracias, al autor(a) de la bella foto que me he tomado la libertad de colocar, y que está publicada bajo el título de "Atardecer Aijino" en Explora Aija!!
domingo, 5 de diciembre de 2010
DÍA CINCO
El sueño se posa con tu amenaza.
Tu presencia es un castigo que no mitiga mi desdicha.
Percudida por la maldad y oscurecida a pleno sol,
sin azoro llegas esta mañana.
Mi desayuno será el pan de tus manos tibias
y beberé caliente tu mirada.
Tibio frío amargo dulzona fragancia
aroma cuerpo terca insistencia.
Sexo sepelio mortaja. Pleno éxtasis despedida.
De: versos conversos Derechos Reservados Copyright © 2009 de Rogger Alzamora Quijano
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jueves, 7 de octubre de 2010
NO SOY AMIGO DE VARGAS LLOSA
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
No estoy en su lista de contactos. Mi nombre, estoy seguro, no le suena conocido. No soy amigo de Mario Vargas Llosa.
He leído todos sus libros, admiro su capacidad para contar historias. Por lo general comulgo con su concepto de libertad. Me encanta su estilo literario. Me puse la vincha en el mitin contra la estatización de la banca. Pero no soy su amigo.
Conversación en la Catedral me llevó de la oscuridad a la literatura. Había leído ya a Flaubert, Victor Hugo y Cervantes, pero Vargas Llosa me pareció un poco de todos ellos en un plato. La Guerra del Fin del Mundo me asombró tanto que todavía estoy colocando las piezas de la historia y la dimensión de la estupidez humana.
Lituma en los Andes, Pantaleón y las Visitadoras, La Casa Verde, La fiesta del chivo y sus demás libros me animaron a buscar mi propio rumbo. Le debo mucho y me debe algunos cientos de soles invertidos en comprar sus libros (de segunda mano). Pero no soy su amigo.
Hoy, todavía de madrugada, escuché en la radio la noticia del galardón más mediático de las letras universales, concedido a Mario Vargas Llosa. Me sentí eufórico. Mi memoria inmediata de Borges y Rulfo me dejan un sabor a injusticia, pero ese es otro tema.
Desde aquella conferencia dictada en el Auditorio del Banco Continental, allá por los ochentas, me distancié de su sonrisa plástica al firmarme un autógrafo, y de su talante aburguesado. Quise contarle que mis alumnos le pusieron su nombre a la promoción y no el de Einstein, pero no tuve tiempo. Garabateó el libro que compré y que me dejó a puro té con pan durante un mes y se dirigió a conversar con un grupo de pitucas que gritaban más allá. Debe ser porque no soy su amigo.
No me conoce, no me tiene entre sus contactos, no le suena mi nombre. No soy su amigo. Hoy siento orgullo de él. No porque sea peruano, sino por sus aportes a la literatura contemporánea y a la noción de libertad. No por su fallida carrera política, sino por su oficio escritor. Y otra vez, no porque es peruano, pero también porque lo es.
Escucho unos cuantos saludos del cartel de intelectuales. Los más, cuentan anécdotas, envían abrazos a Pattycita, Alvarito, Morganita, y Gonzalito. Y cuando venga a Lima lo recibirán con pisco sour. Y un aluvión de llamadas de la primera fila se suben al coche. En la tele, alguien lo abraza por la fuerza. Acá y allá se multiplican los lameculos.
Mario Vargas Llosa Premio Nobel de Literatura 2010, es asediado y deberá vivir en el tumulto por lo que le queda de vida. Como dijo él mismo, respecto de Luis Alberto Sánchez, una cosa es el respetable literato y otra el (desechable) político.
lunes, 20 de septiembre de 2010
DE MI PUEBLO LOS TEJADOS
De mi pueblo
los tejados regresan a mis sueños
lluvia gris angustia
Lágrimas goteras en cielo roto
Final desenlace
barro salpica niebla neblina
Tejas llorosas
De mi pueblo
los tejados piel naranja cielo de julio
Magnífico cariz que combina
Con el verde único de las colinas
Color amor armonía
Una misma fotografía
Con la campana de la escuela
De mi pueblo
los tejados vejados glauco agónico
Algunos sueltos rojo enojo
Y su pedestal río ausente
Exigua cabellera cauce óxido
De mi pueblo los tejados
Nostalgia consuelo
DE: versos conversos Derechos Reservados © Rogger Alzamora Quijano
jueves, 19 de agosto de 2010
EL DESDÉN
Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Perdido durante miles de años en el amarillo opaco de su ceguera, Pedro salió una vez más a recorrer las calles. Recogió el mismo billete de loterías que nadie compraba; una bolsa de golosinas cuyas mieles destiladas rebasaban en exceso las envolturas y, por último, su buen humor de cada mañana. Abrió la puerta, pisó la calle y luego cerró con tres golpes de llave.
No llevaba bastón. Él mismo lograba asombrarse, como los demás, de su perfecto conocimiento de las calles.
Llegó a la esquina. Comprobó el aroma a zumo de naranjas del puesto de Isaac, enclavado junto al poste. Giró a la izquierda, mientras respondía el saludo del buen amigo y esperó que llegara el murmullo de los furtivos lectores del kiosco de periódicos. Llegó hasta el lugar. Oyó las noticias. Ensayó su primera oferta de la lotería, con una sonrisa cincelada. Nadie le hizo caso. Recogió su mano derecha y alargó la otra, con la bolsa de golosinas. Alguien le puso una moneda en la mano y no recogió el caramelo.
Luego de varias horas y cuando ya el frío aparecía por la gran avenida, Pedro se sentó en la larga banca del paradero de buses. Metió la mano en sus bolsillos y calculó: Veinte soles. No está mal, pese a no haber vendido nada.
Una vez más tendría que regresar a casa frustrado, con la agria sensación de haber transitado por el insulto.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2008 Rogger Alzamora Quijano
Perdido durante miles de años en el amarillo opaco de su ceguera, Pedro salió una vez más a recorrer las calles. Recogió el mismo billete de loterías que nadie compraba; una bolsa de golosinas cuyas mieles destiladas rebasaban en exceso las envolturas y, por último, su buen humor de cada mañana. Abrió la puerta, pisó la calle y luego cerró con tres golpes de llave.
No llevaba bastón. Él mismo lograba asombrarse, como los demás, de su perfecto conocimiento de las calles.
Llegó a la esquina. Comprobó el aroma a zumo de naranjas del puesto de Isaac, enclavado junto al poste. Giró a la izquierda, mientras respondía el saludo del buen amigo y esperó que llegara el murmullo de los furtivos lectores del kiosco de periódicos. Llegó hasta el lugar. Oyó las noticias. Ensayó su primera oferta de la lotería, con una sonrisa cincelada. Nadie le hizo caso. Recogió su mano derecha y alargó la otra, con la bolsa de golosinas. Alguien le puso una moneda en la mano y no recogió el caramelo.
Luego de varias horas y cuando ya el frío aparecía por la gran avenida, Pedro se sentó en la larga banca del paradero de buses. Metió la mano en sus bolsillos y calculó: Veinte soles. No está mal, pese a no haber vendido nada.
Una vez más tendría que regresar a casa frustrado, con la agria sensación de haber transitado por el insulto.
DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2008 Rogger Alzamora Quijano
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