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jueves, 19 de agosto de 2010

EL DESDÉN

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Perdido durante miles de años en el amarillo opaco de su ceguera, Pedro salió una vez más a recorrer las calles. Recogió el mismo billete de loterías que nadie compraba; una bolsa de golosinas cuyas mieles destiladas rebasaban en exceso las envolturas y, por último, su buen humor de cada mañana. Abrió la puerta, pisó la calle y luego cerró con tres golpes de llave.
No llevaba bastón. Él mismo lograba asombrarse, como los demás, de su perfecto conocimiento de las calles.
Llegó a la esquina. Comprobó el aroma a zumo de naranjas del puesto de Isaac, enclavado junto al poste. Giró a la izquierda, mientras respondía el saludo del buen amigo y esperó que llegara el murmullo de los furtivos lectores del kiosco de periódicos. Llegó hasta el lugar. Oyó las noticias. Ensayó su primera oferta de la lotería, con una sonrisa cincelada. Nadie le hizo caso. Recogió su mano derecha y alargó la otra, con la bolsa de golosinas. Alguien le puso una moneda en la mano y no recogió el caramelo.
Luego de varias horas y cuando ya el frío aparecía por la gran avenida, Pedro se sentó en la larga banca del paradero de buses. Metió la mano en sus bolsillos y calculó: Veinte soles. No está mal, pese a no haber vendido nada.
Una vez más tendría que regresar a casa frustrado, con la agria sensación de haber transitado por el insulto.

DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2008 Rogger Alzamora Quijano

viernes, 30 de julio de 2010

¿QUIÉN ESCRIBIÓ ESTA CARTA?


Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Ella vivió en mi casa. Se la había alquilado a principios de los noventa. Cuatro años después se fue con rumbo desconocido, dejándome encargadas las llaves.
Cuando entré en la casa, dos meses después, encontré todo en aparente orden, excepto el polvo que no perdona el abandono. Mientras limpiaba mis libros, me di con una carta que ella había recibido de su amado. Eso sirvió para explicar la repentina huida.

Para quien se crea con derecho a reclamarla, la carta dice:



Angélica:

Esta tarde, después de haberte visto tan cerca, mi alma encallecida por el tormento me obligó a recordarte de nuevo. Como me temí, los recuerdos no vienen en vano, siempre suelen reclamar algo. En este caso me obligan a escribirte, aunque sólo termine diciéndote lo obvio. En todo caso, podrá también ser un intento por rescatarme del pasado y enfrentarme a mí mismo.
Mi joven amor por ti fue siempre mayor que mi orgullo. Las mil veces que me supe engañado, de antemano ya te había absuelto. Nunca me arrepentí por ello. Nebulizaba mi dolor, a despecho de quienes me ahogaban restregándome tu comportamiento.
Huir fue sólo una parte de tu plan. Lo que no entendiste fue que el amor pesa más que cualquier ambición. Una semana después de que me abandonaras, tomé mis cosas y me fui. Necesitaba otras calles, otro aire, otro sol para olvidar. Necesitaba estar lejos y no ver cómo te despellejaban ante mis ojos. Me fui sin mirar atrás, con la consigna de poner una considerable distancia entre mi pasado y yo. Al mismo tiempo, el hombre a quien hipotecaste mi devoción te daba la espalda apenas sabía de tu debilidad por los escarceos. Todos mis perdones no dieron talla para uno sólo de él, y te arrojó a la calle. La venganza del destino te condenó a un tormento mucho peor que el mío. De todo eso sólo queda la conclusión de que la desdicha se ensañó con ambos. Conmigo porque nunca pude conocer la felicidad, y contigo porque tienes que seguir cargando con tu propio nombre seguramente por mucho tiempo más.
Esta vez yo no tengo por qué perdonarte. Sólo te compadezco con las pocas fuerzas que tengo para hacerlo. Es un camino triste el de la compasión, lo sé. A pesar de eso, te ofrezco mi amor hasta hoy inconcluso. Quizá no sea el mismo de antes, sino uno extraviado en medio de la ensoñación, la nostalgia y la decepción.
Mi amor por ti es mi vida. Entonces, te ofrezco mi vida.

Absolutamente tuyo,

Mauricio

DE: CARTAS APÓCRIFAS (EL JUEGO DE LA VIDA) © 2009 Rogger Alzamora Quijano

martes, 20 de julio de 2010

HECTOR



Escribe: Rogger Alzamora Quijano


-Son dos cosas distintas que parecen lo mismo -decía-.

Ahora lo pienso. Me detengo aquí mismo y lo pienso. La soledad puede ser tierna y sutil, apropiarse de uno, entibiarnos, arroparnos bajo los recuerdos, tras un comienzo desalentador. El abandono, en cambio, es un voraz secuestrador que va matando de a pocos.

-El día que te quedas sin agua, enseguida te acostumbrarás a olvidarla. La noche que te falta almohada, te quedarás también sin sueños. Pasarás desapercibido. No existirás, y a nadie le importará. El abandono es un cuchillo que se hunde en ti cada instante un poco más.

Me contó que en un principio fue como empezar un juego. Se sentía solo, pero debía explicaciones, acarreaba responsabilidades, asumía sus deberes. No era suficiente para lo que buscaba. Entonces fue más allá. Le subyugaron las incalculables opciones que le ofrecía el abandono: la extrema libertad y el desparpajo fueron luces que alumbraron sus noches. Pronto la luz se fue apagando: poco comer, nada dormir, repudio, vergüenza, invectiva. Eso y su propia memoria atragantada, sus culpas recurrentes, verdes vómitos de arrepentimiento.

-Traté de volver, lo juro.

Pero ya su asesino había dictado sentencia. El resto fueron manotazos de ahogado. Cada mirada atrás significó alargar su agonía. En el intento de una tardía redención terminó humillándose. Fue peor. Héctor ya no le importaba a nadie.

Cuando lo vi estaba sereno. Quise abrazarlo –era parte de mi niñez más feliz, mi adoptado primo- pero retrocedió. Con un ademán me pidió que no.

-No me importa, le dije.

Se sentía indigno de un abrazo. No quise insistir para no contrariarlo. Le ofrecí almorzar juntos ahí mismo -espalda del estadio donde se lució con atajadas memorables-, en la vereda.

-Traeré algo para comer.

-Ya para qué, primo- dijo con una mueca que alguna vez fue sonrisa.

Me miró profundamente, sin decir nada, y se marchó.


DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2008 Rogger Alzamora Quijano

jueves, 8 de julio de 2010

LA ROCKOLA


Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Música por Gal Costa: Chega de saudade (Jobim-Moraes)


Chega, de saudade
a realidade, É que sem ela não há paz...



La tarde anterior, durante la sobremesa del almuerzo, mientras daban cuenta del vino tinto, escucharon cantar a Gal Costa. No tardaron en hablar de Tom Jobim y, como siempre, discreparon. Habían muchas buenas canciones del maestro como para elegir una sola, pero decidieron que Chega de Saudade sería su canción.
Regresaron a la oficina prometiéndose ir el fin de semana a cenar en el departamento de él, después de comprar el disco.
No puedo decir mucho de ella. Apenas la conocía. Era era menuda, feliz y de cabello negro alborotado.

Esa misma tarde él vino jugar billar con nosotros. Nos contó su historia con todo detalle y hasta tarareó la canción. Bebimos abundante cerveza. Cuando se fue a casa había empezado la madrugada del sábado. Nosotros nos quedamos una hora más.

La resaca me despertó de pronto. Sed, dolor de cabeza, sed, dolor de cabeza. No, no era la resaca solamente. Era el timbre de la puerta. Encendí la luz: siete y siete minutos. El silencio estaba perdiendo la batalla. La poca luz invernal y un frío viento súbito me terminaron por abofetear.
Otra vez el timbre. Me puse el sobretodo y salí. Tras el ojo mágico la deforme cara de Lorenzo me apuró.

Han pasado cinco años. Alguien en la rockola del café-bar ha hecho girar Chega de saudade. Mi amigo y su joven diosa de quien no recuerdo el nombre han regresado a mi memoria, otra vez cabalgados sobre ese frío tan suyo y tan repentino. Chega de Saudade trae consigo una sepia fotografía de ellos riéndose mientras se miran con absoluta pertenencia, libres ya de los tormentosos dilemas de la existencia humana, que por fuerza tuvimos que entender.


DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2007 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 20 de marzo de 2010

KAIA



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Cuando Kaia llegó, la tarde empezaba a delatarse. Odiosas ambas.

El mar soportaba sobre su lomo el aplastante sol y el furioso viento caliente. Por la mañana nos había tocado Melissani donde ganamos tanto dinero para una semana, contándoles a unos turistas argentinos historias de ninfas y delfines de las cuevas de Kefalonia, todas de inverosímil azul turquesa. Algunos parecían creernos, otros claramente se divertían con nuestras contradicciones. Nunca se dieron cuenta de que, en realidad, apenas estábamos ensayando la estratagema para nuestros futuros servicios de free tour guide donde sobre el final apelábamos a la compasión. Funcionó. Las propinas fueron generosas. Ya no tendríamos que ir a Agios Gerasimos.

Debimos irnos a bucear. Eso hacíamos cada vez que ganábamos dinero extra. Pero nos quedamos aparcados en la curva, alborozados, riendo de cualquier cosa, con cerveza en mano, mientras comíamos dolmadakias. En un momento, el vasco Julen recordó que debíamos ensayar la historia de Aqueloo y Ligeia, que aparecían en las noches a venerar a la luna nueva. Había que unificar criterios. No siempre tendríamos un grupo de turistas tan flexibles como estos argentinos. Pero estábamos demasiado felices para ensayar nada. Debimos irnos de ahí.

- ¡Hey!

La voz de Kaia quebró el viento.

Sus magníficos dientes y su piel tostada estaban a diez pasos de nosotros. Bajó de la bicicleta. Caminó resoplando mientras no dejaba de mirarnos. Su gruesa cabellera revoloteaba sobre su rostro. Kaia se apresuraba por quitársela de encima.

- ¿Alguien aquí sabe qué significa ética?

Julen se congeló. Yo me atoré.

Nos arrancó las acreditaciones y se fue.



DE: EL JUEGO DE LA VIDA © Rogger Alzamora Quijano

martes, 19 de enero de 2010

EL ZOO HUMANO DE FONTANARROSA



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

“La flaca estuvo buena, siempre yo la miraba trotando adelante mío y decía "mamita si te agarro".Más la miraba y más me calentaba, me ponía al palo y eso que ella no me había dejado acercarme demasiado. Porque es grandota la guacha, algo desmañada te diría. Pero incluso eso, ese mismo asunto de moverse así, un poco torpe, un poco zanguanga ¿viste? ese trotar un poco de costado, era lo que más me venía loco…” (Fragmento de: “Sexo Explícito”, Roberto Fontanarrosa)

Leí Sexo Explícito de Fontanarrosa y quedé listo para lo demás.
Es imposible leerlo sin sentirse en sus cómics, pero también quedarse satisfecho. Siempre hay más y para todos los gustos. Al final se siente el vacío de haber llegado al final, pero eso no es irreversible. Fontanarrosa es de los que ponen el dedo en la llaga. Crea personajes cáusticos que nos despellejan con sutil ironía o despiadada burla. Siempre encuentra la forma de cuestionar, desmitificar, mofarse. Los que son creados sublimes, desposeídos, carentes, solitarios, nos arrastrando a solidarizarnos, a sentir ternura e identificarnos con ellos. Y quienes son ridiculizados también nos piden compasión, aunque tengamos que pasar el trago lentamente. Los lectores podemos vernos secreta pero fácilmente en Inodoro Pereyra, o en Ulpidio Vega, ser el pelotero soñador o el futbolista mágico. O las lectoras ser Rosita, la obrerita. Fontanarrosa provoca desdoblarnos en sus personajes, así cada lector es un alter ego, que puede verse en un espejo imaginario, descubriendo sus propios complejos.

-¿Sabés cómo sería un día perfecto? -dijo Hugo tocándose, pensativo, la punta
de la nariz. Pipo meneó la cabeza lentamente, sin mirarlo. Estaba abstraído observando
algo través de los ventanales.
-Suponete... -enunció Hugo entrecerrando algo los ojos, acomodándose
mecánicamente el bigote, corriendo un poco hacia el costado el sexteto de tazas de café
que se amontonaba sobre la mesa de nerolite-... que vos vas de viaje y llegás, ponele, a
una isla del Caribe. Qué sé yo, Martinica, ponele, Barbados, no sé... Saint Thomas.
-¿Martinica es una isla? -preguntó Pipo, aún sin mirarlo, hurgando con el
índice de su mano izquierda en su dentadura.
-Sí. Creo que sí. Martinica. La isla de Martinica.
Pipo aprobó con la cabeza y se estiró un poco más en la silla, las piernas por
debajo de la mesa, casi tocando la pared.
-Llegás a la isla... -prosiguió Hugo-... Solo ¿viste? Tenés que estar un día,
ponele. Un par de días. Entonces vas, llegás al hotel, un hotel de la gran puta, cinco
estrellas, subís a la habitación, dejás las cosas y bajás a la cafetería a tomar algo. Es de
mañana, vos llegaste en un avión bien temprano, entonces es media mañana. Bajás a
tomar algo.
-Un jugo -aportó Pipo, bostezando, pero al parecer algo más interesado.
-Un jugo. Un jugo de tamarindo, de piña...
-De guayaba, de guayaba -corrigió Pipo.
-De guayaba, de esas frutas raras que tienen por ahí. Calor. Hace calor. Vos
bajás, pantaloncito blanco livianón. Camisita. Zapatillitas.
-Deportivo.
-Deportivo.
-Tipo tennis.
-No. No. Ojo, pantaloncito blanco pero largo ¿eh? No short. No.

(Fragmento de “ El Mundo ha vivido equivocado”, Roberto Fontanarrosa)



Recomendado: “El mayor de mis defectos y otros cuentos

sábado, 21 de noviembre de 2009

DÍA TRES



Mi deber no es seguirte todos los siglos para arrancarte un solo día.
Aprendí a cubrir mis carencias.
Ya no muerdo la derrota si pierdo la batalla.
Ahora regreso por mi revancha
aunque haya perdido tus indicios brizna y ceniza.
Tu fantasma se va con la niebla, sin tacto ni caricia.
No otorgo respuestas ni concesiones.
Un instante es demasiado e innecesario.



DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano

domingo, 9 de agosto de 2009

A LA TARDE



De todas las tardes prefiero ésta porque te tengo.
El sol ahorca la neblina y me deja verte.
Me has dicho de tu amor piadoso,
me has hablado de la devoción y la entrega,
de lo que esperas y no tienes.
Te he mostrado mis heridas,
has tocado mi alma a voluntad,
has visto mi dolor y mis entrañas.
 
De todas las tardes prefiero ésta porque te tengo
jugando con tus dedos mientras los miras.
 
 
Tu pierna causa estragos en un equinoccio que no conoces
en los tiempos del desparpajo que hoy propones.
 
Prefiero esta tarde sobre todas las demás
porque absolutamente te tengo.



DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 18 de julio de 2009

A LA COSTUMBRE


Tu música no se fue y las tardes no han muerto.
Mi memoria no renuncia.
La calle que había entre nosotros ha ganado longitud
pero he renunciado a la renuncia.
 
Puedo vivir y morir nocturno.
Soy también una cobardía llena de coartadas.
Invectivas, odios, manías y orgullo,
pero también tenacidad.
Puedo vivir mi propio soliloquio.
Mi perniciosa devoción.
 



DE: versos conversos Derechos Reservados © 2009 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 11 de julio de 2009

LA RUTINA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Poner en un cubilete la existencia y echarla a la suerte. Eso parece, pero no. Es mucho más complicado.
Lo que llamamos destino son en realidad vericuetos y estratagemas que encarecen, complican y maravillan con sus extrañas sincronías que confluyen armoniosamente.
Lo inesperado irrumpe en nuestras vidas para que todo parezca repetirse. La rutina es en verdad un aparente calco de sucesos parecidos, uno tras otro, cada día, cada noche. No hay tal. No nos percatamos de invisibles alteraciones que terminan cambiando dramáticamente las consecuencias. Cada día es un triunfo sobre el azar. Los engranajes deberán funcionar perfectamente antes de que cerremos los ojos sobre la almohada. Pequeños milagros pasan desapercibidos ante nuestros ojos y conforman nuestra cotidianidad.
Por eso, cuando empezamos diciendo "buenos días", no imaginamos que tal vez nos espera un pésimo día. No hay manera de sospechar lo que nos aguarda a la vuelta de la esquina, al final de una risotada o del duchazo matutino.

Derechos Reservados Copyright © 2009 de Rogger Alzamora Quijano