martes 19 de julio de 2011

EL DÍA QUE APRENDIMOS A BESAR





El tibio mediodía iluminó la habitación,
nuestras miradas y tu larguísimo cabello.
Tu mano en mi pierna alisó mi pantalón
y un sismo dañó mis estructuras.

Perdido entre la noche de tu pelo y el sol de tus ojos
me quedé en el garbo que me ofrecieron tus pestañas.
Nos invadió la necesidad de un sello postergado,
mientras tu cintura aceptaba la tentación de mi mano.

Hablaron nuestros ojos para ejecutar la melodía.
Comenzó a brillar el territorio de tus dientes
en esa sonrisa vital que siempre me seduce,
mientras temblaba un vibrato en mis sienes.

Puse ante tus labios el señuelo de una palabra
que intuí sería la llave para abrir tus puertas.
Me miraste plácida y aguardaste serena
antes de cerrar el telón de tus ojos pardos.

Un suave viento nacido en tus entrañas
silbó la urgencia de un deseo contenido.
Entonces saboreamos nuestras lenguas
y un verano inesperado invadió nuestras costas.

© Rogger Alzamora Quijano

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces las palabras se quedan cortas para describir tal emoción, tal momento que se vuelve absoluto, en el cual no hay un antes e importa poco si hay un después.
La vida misma se va en ello, por tal motivo, no me queda más que decir que es arrollador esto, porque seduce, porque invita, porque es vital, como el verano eterno que se vislumbra.
Y aún así me quedo con la sensación de insuficiencia al comentar tal belleza, porque no se trata de una proyección de lector, sino de la apreciación y degustación del esplendor que describes, por ello siempre gracias.

Anónimo dijo...

Muy bueno, exelente!

Cris Sousil dijo...

a cada poema más belleza, está completamente fantastico... "Perdido entre la noche de tu pelo y el sol de tus ojos", son docenas de frases como estas que impactan... MARAVILLOSO mi amigo poeta, todas mis admiraciones.

ludobit dijo...

muy bueno, de un erotismo sutil ejemplar. saludos.
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