AVISO LEGAL


Los textos registrados y/o firmados por el autor del blog son de su propiedad. Está prohibido el uso de los mismos sin el permiso expreso y por escrito del autor. Cualquier uso no autorizado conlleva delito de apropiación ilegal de la propiedad intelectual. Asimismo, las citas de otros autores están debidabente consignadas en los créditos.
Los propietarios legales de imágenes de dominio público insertas aquí que desean se los retire, por favor dirigirse vía e-mail al autor/administrador de este blog, indicando con claridad las pruebas de su posesión legal.
Además informamos que en este sitio se usan ciertos cookies. Al entrar y buscar contenidos usted acepta el uso de estos cookies.
Gracias.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

EL BASTIDOR




¿Recuerdas el bastidor?
Iba a pintarte. No recuerdo si lo soñé o lo viví, porque entre el sueño y la necesidad hay apenas una línea. Tu cara, tus brazos. Tu estampa izada sobre el agobio. Tu encantadora desfachatez. Recuerdo el bastidor. Y los colores. Los pinceles que compraste y yo deseché por insufribles. Te reíste. Y entre el jolgorio y la cocina olvidamos armar el bastidor. El tiempo comenzó a escasear. Un mes corrió velozmente y nos obligó a postergar tu retrato. Tuvimos que inventar un pretexto para llevar el bastidor al desván. Las veinte piezas del bastidor fueron a parar al vecindario del abandono. Y con el bastidor se fueron tu rostro sin cuadrantes, tus brazos sin color ni calor, tus ojos de un imposible negro luminoso, tus manos sin pasión, tu pelo sin carbón. Todo eso olvidado en los aposentos del moho, la penumbra y el silencio. Los trazos que imaginé desfallecen en un sepia calendario. Las briznas del recuerdo languidecen sin premura.
Ha pasado mucho tiempo, décadas de silencio. La memoria está terminando de engullir los matices de un inexistente retrato promisorio y optimista. Puedo vislumbrar entre los veranos y la nieve alguna distante emoción de artista tras la incólume gratitud por las grandes epopeyas que escribimos juntos. Más abajo, en los zócalos de la memoria, quedará el reproche del bastidor desarmado que, sin duda, no podrá ocultar los vibrantes colores de tu flamante dicha.


Derechos Reservados Copyright © 2016 de  Rogger Alzamora Quijano

domingo, 14 de agosto de 2016

EL MEJOR DE LOS CIELOS


Agustina Quijano Orihuela (Aija, 14/08/1925, +Lima, 24/09/1977)



He sido afortunado.
Conocí muchos cielos.
Pero donde mejor he vivido
es en el que tú me regalaste
y no termina.


Derechos Reservados Copyright © 2016  Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 10 de agosto de 2016

EL PARADERO

El tiempo:
El 14 de Agosto de 1983, regresando de colocar flores y conversar con mi madre muerta seis años antes, compré un periódico para aliviar mi largo regreso a casa. Página tras página se leía sobre ataques terroristas y timoratas respuestas del entonces mandatario. Al día siguiente, tenía que ir a Barranco, así que caminé desde la avenida Tacna hasta Plaza San Martín, donde debía tomar la línea 2 de los buses llamados Büssing. Ví que en el paradero inicial, junto al ex-cine Roma, no había ni buses ni colas, así que me puse a leer los periódicos en el quiosco de la esquina. Mi sensación de desazón fue la misma que el día anterior.
Cuando me senté por fin en el amplio bus amarillo, ya tenía la primera línea de mi poema.

El escenario:
El Perú se había ido convirtiendo en un país violento. Desde el 28 de Julio de 1980, don Fernando Belaúnde gobernaba con extrema falta de decisión frente a los peores auspicios que su antecesor, el gobierno militar, dejara a la nación. Era Belaúnde un presidente de escritorio, que prefería las comodidades de su oficina palaciega a los polvorientos escenarios del Perú profundo. andino, mestizo y pobre. Nos agobiaban muchas amenazas: una inflación que entre 1982 y 83 creció del 73% al 125%, gran endeudamiento externo, desempleo del 40%, un furibundo fenómeno El Niño, y episodios dramáticos como el de Lucanamarca, el primer gran paso del Senderismo. Frente a hechos gravísimos el país tuvo que soportar la desafortunada reacción de Belaúnde, quien no pasó de llamar “abigeos” a los crueles terroristas de Sendero.

El poema:
Una semana después, al final de la entrevista que hice al poeta Antonio Cisneros, y mientras me “jalaba” en su volkswagen, le pedí un momento para leerle mi poema y un consejo. “Yo lo dejaría como está”, dijo. Ante mi silencio optó por palmotearme el hombro. “En serio. No es mi poema, pero si lo fuera, yo lo dejaría como está. A mí me gusta”. Entonces lo dejé tal cual. Unos meses después el Instituto Nacional de Cultura de Ancash -que por ese entonces iba a publicar una revista- me pidió colaborar para su número de 1984 y le di tipeado a máquina mi poema. Lo único que reprocharía de aquella edición es que le añadieron signos de puntuación donde no existían. Aquí el facsímil del manuscrito, tal como lo escribí en el Büssing. Y enseguida, el texto de marras.



EL PARADERO

Suena Charles Aznavour en francés no entiendo
su voz cae como un aluvión
nada me conmueve hoy nada
la música cambia el estéreo tose
como mendigo en el atrio de alguna iglesia
que merece mejor “Los Paraguas de Cherburgo”

Todo falta menos los microbuses
deprimentes
como una cafetería perdida en los calendarios
como un emolientero dormido en la madrugada
como el ambulante que huye de los municipales
como la muchacha que busca trabajo de masajista
como los militares en su Bazar Central
como los deudores que no tienen plata

Yo conozco muchos paraderos ninguno como este
que tiene a la tienda de discos enfrente
con la música a todo volumen
o al quiosco de periódicos listo para ser devorado
-tanta masacre-soldados y campesinos- mejor los
deportes- mejor las porno- en todo caso los cómics-
ninguno como este paradero sin solución
para los alcaldes que no pueden reemplazarlo
lástima porque figura en el mapa

Las mujeres charlan Yo me hago el loco
para blandir la Memoria contra el Olvido
se detiene la negra
con sus piernas duras y amenazantes
con sus manos delicadas y sus ojos blancos
con su falda a cuadros
y sus ojos blancos y tiernos
como los de su propio reflejo en la ventana
yo vengo por ella a este paradero

Lima, 15/8/83

Derechos Reservados Copyright © 2000 de  Rogger Alzamora Quijano

viernes, 29 de julio de 2016

FRIDA EN CASA DE DOLORES



Escribe: Rogger Alzamora Quijano


El tren ligero es gratis. Me entero en la “taquilla”. Es un día de suerte, a pesar que para entrar en el gris y breve vagón hay que lucharla. Cuando llego a Xochimilco son las nueve y media, tiempo de sobra para irme caminando con el aire fresco. Veinte minutos después estoy ante la puerta del Museo Dolores Olmedo. Tomo un parasol en la entrada y me voy a recorrer por tercera vez este Museo. El ecléctico entorno se abre a mis ojos. Diego me mira con igual asombro desde su póster gigante en la pared de la capilla. Un paso, dos, y antes del tercero, el libro de Poniatowska, la entrometida revolución que le dio y quitó; Diego, su personalidad inquieta, aparente y selectivamente superficial. Caminar por ese sendero de unos trescientos metros son la necesaria puerta para un mundo que reúne tantos aspectos, tantas preguntas, y por cierto no poco morbo. Caminar implica también irse de bruces contra el garboso plumaje de algún pavo real que parece haber sido destinado a la misión de posar para los fotógrafos, turistas que se asombran tanto con la belleza del animal cuanto con su desparpajo. Por un momento pierdo la pista de la Beloff y la encrucijada de perdonar o no a un Diego que se fue prometiendo el oro y el moro para después enviar mudos sobres con dinero. “Y el amor es más amor cuando se es pobre y oscuro”. Mientras pienso en ello escucho el graznido frecuente de uno y otro lado del inmenso parque que parece esta casa, con retazos de jardines de postal. Y se ve tan apacible como la primera vez que la recorrí hace tres años. Parece un parque kitsch o un campo de golf diseñado por Niklaus. Y Dolores -que de doliente sólo tenía el nombre porque parece fue más afortunada que tú y yo- había llamado La Noria a este refugio que hoy como entonces dispensa alimento para el espíritu.
Por fin me deshago de las simplezas de los turistas a quienes me he ofrecido a fotografiar. Los pavos se siguen cruzando en mi camino mientras discurro hacia el patio posterior bajo una enramada rumorosa. Sobre la izquierda me mira una escultura de Diego. Su cabeza color cemento parece estar viva, de no ser porque yace sobre un pedestal ínfimo. Lo miro. Pienso. Frida, la pequeña gran traductora del espíritu azteca; la enrazada indo-europea que pintaba sus venas, su cerebro, sus sentimientos, su soledad. Intentando “ahogar mis dolores pero aprendiendo a nadar”. Y Diego tan él, tantas veces tan él, soberbio como su cabeza color cemento, sereno como sus ojos lánguidos. En palabras de Frida "jugando a ser el marido de muchas pero sin serlo de nadie". Aquí, en esta medialuna semiobscura, puedo enlazar a las dos mujeres más importantes en la vida de Diego: Lola y Frida. Aquí es inevitable poner a los tres en un mismo cuadro. Aquí encuentro una tibia razón para mis sospechas. Aquí parece tener sentido -y no sé por qué- ese laberinto de idas y venidas que fue la vida de los tres, unidas por un incomprensible amor. He venido a esto. A encontrar un rastro. A discernir.
En casa de Dolores las trazas de arte se multiplican como los tonos de verde. La presencia de Diego se abre por los cuatro senderos, los del Maestro Almendro. Pero está Frida, que reta a Diego la preponderancia en este recinto y en muchos otros. Se respira. Tal vez porque Lola, la noble mecenas de Diego así lo quiso, así lo implantó en su propia vida llena de Diego y a pese a él, sin que le importara nada ni nadie. He terminado de mirar a los ojos a Diego y me dirijo hacia el fondo, un simpático museo de recorrido semicircular y objetos de la cultura azteca o mesoamericana. No me atrapa. Salgo al lado opuesto. Es corto e interesante sí, pero ahora me lleva el camino de la blanca extremidad. Y la dejo llevarme. En la sala que hoy luce vacía había hace tres años un altar de muertos impresionante, que dejaba planear unas moradas cintas hasta casi la puerta. Afuera, en el pasadizo un colorido “árbol de la vida” que ya no está y que me recuerda a Frida “Arbol de la esperanza, mantente firme”. Es Frida. Falta Frida, su estilo. Hoy no está y no lo lamento, anda por Europa, dicen. Con Frida ausente parezco estar definitivamente mejor teledirigido. Trepo hacia la capilla desde cuya cima se balancean los ojos de Diego. No entro a la capilla como no lo hice antes. Y ni sé si está abierta al público. Es cuando el simpático xolo “Chocolate” responde a mi infalible llamado perruno. Corre hacia mí y quiere treparse en el verde cerco. Marcos, su amo se acerca también. Le pregunto acerca de las costumbres de estos xoloitzcuintle tan parecidos a los perros peruanos sin pelo. Me cuenta sus características mientras me deja acariciarlo. Lo ha parado sobre el cerco. “Chocolate” es afortunado, pienso. Él y los demás parecen haberse acostumbrado a la escultura que muestra dos de estos xolos en tamaño natural, porque la mayor parte del tiempo merodean y retozan alrededor.
Cuando yo nací ya Frida había muerto, quizás por eso su nombre siempre me sonó más que otros nombres, pero quizás por eso mismo, el de Diego se convirtió en mi inspiración. Él siguió vivo y cada vez más influyente. Cuando a mi lejano pueblo por suerte llegaba alguna revista o nota periodística acerca del maestro, yo me quedaba mirando las fotografías de sus murales que luego recortaba y pegaba en la especie de periódico mural que tenía enfrente de mi escritorio. Allí estaba Diego junto a mis ídolos: Vallejo, Brel, Machado, Dalí, el Ben Hur de Charlton Heston,Teófilo Cubillas y Perico León.
Alguien me ha preguntado algo y me saca de mis recuerdos. Leo el mensaje de Dolores acerca de compartir lo que se tiene y me voy hacia adentro. Voy a tratar de entender al Diego de mis suspicacias y paso muy rápido la sala de fotografías de Pablo O’Higgins, aunque no deja de conmoverme su versión (que es la mía también) de la cotidianidad pueblerina. La sala dedicada a Angelina Beloff la paso más rápido aún. Quiero gastar más tiempo en lo que me interesa. A vuelo de ave “El Bebedero” llama mi atención. Veo un poco de las piezas arqueológicas mexicanas y casi nada de la sala dedicada a Dolores, ciertamente un muestrario de belleza y opulencia, pero que no me seduce. Alguna señora que no piensa lo mismo es reconvenida por fotografiar o acercarse demasiado.
Debo confesar que no creo que entre Phillips y Diego hubiera un malentendido a causa del desnudo dedicado “A Lola Olmedo”, que fuera devuelto por ella obligada por su marido. Pienso que el malentendido quizá fuese lo que escribió a puño y letra sobre el mismo papel: “Devuelvo esto porque soy convencida de que no fueron ofrecidas de buena fe”. No me parece casual la palabra “soy”. Era ella una latina que tenía muy clara la diferencia entre los verbos ser y estar. ¿Fue ese un señuelo para Diego? Estoy seguro que sí. Era guapa doña Dolores y no tenías que ser difícil para Phillips imaginar algo entre su mujer y Diego, sabiendo además la predilección de Lola por el maestro y su evidente distancia con Frida.
Quedo absorto mirando los óleos de Diego. Su manejo del pincel es magistral, sus trazos que a primera vista parecen simples, son en realidad depuradas muestras de su técnica. Más de 50 obras que recorrí en casi tres horas, hasta que la convicción de aquellos episodios de forma triangular (por lo menos), fueron engullidos por mi avidez de los aspectos técnicos de los cuadros de Diego.
Quizás para la próxima vez deba centrarme en lo que fui a buscar. Por ahora -me digo- caminaré hacia la salida, dejaré el parasol y entraré a la tienda a comprar unos cuantos posa-vasos para mi sala, donde Frida estará presente como no lo estuvo hoy.

Derechos reservados Copyright © 2016 de Rogger Alzamora Quijano

viernes, 1 de julio de 2016

ENTRE EL GOCE Y EL OTOÑO



Entre el goce y el otoño elijo el goce.
Hay para el otoño mucho futuro,
hoy necesito el fuego y la litera,
las brasas, el candor,
el rasguño y el cansancio.
Voy hacia tu nombre rimbombante,
voy hacia tu desafiante invitación,
sin miedo a perder,
sin mejor pago que el deleite.
Todo vale.
Mi barco sigue su marcha
sobre los crepúsculos que te asaltan, cándida impía,
oscuros y temibles como tu lengua y tus dientes.
Como tu pelo entre mis dedos.
Vale más la batalla que la espera.

Tus incipientes crepúsculos y mi guitarra,
tus incipientes curvaturas y mis avezados ojos,
sentados a la luz de las promesas,
donde acordes y perdones saltan con las tinieblas.

Entre el goce y el otoño elijo el goce.
De tus piernas sabrosas,
de tu perfecto cuerpo infame.
De tus poses de estrella,
de tu flamante investidura.
De los silencios que comienzas a dominar.
De tu sonrisa marrón,
de tus ojos curiosos más que de tus dedos atrevidos
que buscan y encuentran.

De tus fantasmas.
De ti, fantasma que apareciste mucho antes que tu nombre;
de ti, la noción de mi guitarreo, mi Cowgirl in the sand,
tendida ante el mar de mis dilemas.
No sé si eres una de las tres reinas de la historia
o eres las tres furcias de la canción.
No me importa.
No te acuso ni te libero.
Eres tal cual, preciosa y nómada,
tenaz e indefensa como una hormiga.
Toco mi versión de ti:
de un verano vibrante
en pleno junio moribundo,
y es mi música una escala de distorsiones y caos
pero memorable y sensitiva.
Cada tercio de ti me sugiere un solo
en mis cuerdas agudas
cada vez más enrevesado,
cuando piso firmemente
tu vasto firmamento.
Y al final, cigarro de por medio,
pienso en mi memoria de ti
frente a tu memoria de mí.
Y tú me miras y aguardas.

Nada falta.
Me hundo entre tus ojos y tu desfachatez.
Toco tu hombro con mi sabihondo dedo,
que viene de hurgar en tu ventrículo
hasta encontrar tus conmociones.

Por eso el goce sobre el otoño.
Por eso la quemante humedad que te proveo.
Por eso mi fiebre y mi paciencia.

Te vas,
Quedan mis versos en tus mejillas
y tus versos en mi garganta.
Y quedan
el plano de tu cuerpo,
el laberinto de tus huesos,
el réquiem de tu sonrisa,
desperdigados y obsoletos,
novicia de veintitantos diciembres.
Los rescoldos alumbran los confines del hotel
y los demás hoteles que tomamos este mes.

Quedan holas y adioses como caos y distorsiones,
fantasmas de ti y promesas mías que no quieres oír ni crees.
Tú sabia, tú artista y guerrera me aniquilan por igual.
Inicua, sutil, perversa, decididamente ajena,
desleal como yo villano, radiante como yo opaco.
Incitante, inocente, súbita.

Tres veces soberana y tres cautiva.
De lunares mercenarios y llanto austero,
de crepúsculos, de miel y chocolate,
de piel, de ojos, de huesos,
de osadías y miedos.

Derechos Reservados Copyright © 2016  Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 1 de junio de 2016

DOS SIGLOS DESPUÉS


Dos siglos después.
Tú en la puerta,
yo en la mesa,
gastando las luces de mis noches precarias.

Bella, doblemente bella.
De rosa y rojo, blanca y luna.
No sé si real y no sé si actual.
Regresando de los recuerdos
mil años antes de conocerte,
un segundo antes de olvidarte.
Regresando, tácita, culpable,
sin más razón que tus prejuicios,
sin más bandera que tu obsesión.
Por mí
que te regalé el último cielo inmarcesible.
Regresando.
Como una filosa navaja que corta la cordura,
con un futuro cruel que no imagino.
Como un alfiler en la sien,
como un nudo en la aorta.


Así, después de dos siglos entras en mi casa,
un domingo de ramos que terminará con angustia,
con tu fastuosa mirada que aún me quema,
de rosa y rojo, blanca y luna,
despiadada como un alfil
que barre diagonales.
Me quedan las pestañas de aquellos ojos incendio.
Te miro.
Dejas que te ablande la mirada,
dejas que tienda la alfombra de flores opacas.
Blanca y luna, real y no sé si actual,
perpleja ante mi perdón, serena ante mi olvido.

Yo te abrazo, como un viento de verano.
Quiero decirte y no te digo.
No eres la misma deliciosa y solemne.
Tus manos tiemblan.
No asoma tu orgullo.
No eres la misma
(pero me quemas).
Te guardo en el bolsillo y cuelgo el saco,
para no abrigarme con un pasado
saturado de historias,
harto de decepciones y desapego.

Me voy lejos,
para que no llames a mi puerta.
Me voy lejos porque me dueles.
Me voy lejos porque te quiero
(mas no conmigo).

Derechos Reservados Copyright © 2016 de Rogger Alzamora Quijano

domingo, 8 de mayo de 2016

COMO UN LIRIO BLANCO




Es una luz que me alumbra como un blanco lirio en la noche.
Hermosa y vibrante. Tierna y orgullosa.
Una luz que sólo puede haber sido creada por un todopoderoso Dios.



Copyright © Derechos Reservados de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 12 de marzo de 2016

DE AMOR Y DE AMAR

Amo a una mujer clara
que amo y me ama sin pedir nada
—o casi nada, que no es lo mismo
pero es igual—.

Silvio Rodríguez - "Pequeña serenata diurna"


Amor que luces y no faltas,
amor de luna,
amor de siempre.
Que no dejas la mano,
que no sueltas la sombra.

Amor que ríes y abrazas,
que muestras siempre una misma cara,
una sola noción de entrega.
Que no denuestas,
que no ocultas,
que no traicionas.
Amor pleno,
limpio, único,
eterno.

Amor que respeta,
amor que admira,
amor que honra.
Que no conoce la venganza,
que no entiende de odio y oprobio,
que vence ausencias y temores.

Amor que luces y no faltas,
amor de luna,
amor de siempre.
Amor valiente,
amor alas.

Viento, cauce, horizonte.
Agua, luz, camino.
Vida, flor, respiro.
Cuerpo, alma, dientes.
Dedos, huellas, miradas.

Tiempo, sol, religión.


DE: "AMOR NUESTRO DE CADA DÍA" Copyright © 2016 de  Rogger Alzamora Quijano

viernes, 26 de febrero de 2016

AMOR SERENO



La libertad es un desierto sin luna ni despojos.
Con lealtades y valía, síntomas que reconozco.
Donde sol no es raíz de soledad, sino de sensación,
donde se acepta el regreso pletórico y festivo.

No se niega la certeza del buen juicio,
se tiene el exacto sinónimo de esperanza.

Y que los fríos nocturnos se lleven
la luna rota y traigan aires de futuro,
para saborear los delirios, la calma y el regocijo.
Los buenos días donde cabalguen
desayunos palta, queso y mantequilla,
tapices panameños, siesta, televisión
y ensayos de ton y son;
pagar las cuentas, ahorrar, gastar, viajar.
Endeudarse con la historia y pagar con ilusión.
Trabajar, sentarse, caminar y vencer,
escuchar música, bailar y cantar entre amigos.
Cosas simples como la cruz de los cristianos,
el fútbol de los domingos, el piano y la guitarra.

La libertad como un presagio.
Como la sustancia del trabajo,
como su consecuencia;
como vencer los dilemas,
como mirar el alma.
Como los abriles únicos
que se guardan en fotos viejas e impecables,
donde todo comenzó y terminó
en la austera negligencia de casarse.
Recordar a los vibrantes amigos que acompañaron,
la vibrante noche con lluvia y granizo
con los bolsillos rebosantes de proyectos.
Recordar aquel beso marfil, seductor y modesto,
que a la postre perduraría.
Porque no todo se sustenta en un beso carnal e invasor.
Porque todo va más allá de la mera sexualidad.
Porque nada es tan completo como la lealtad.

Volver a casa y encontrar ojos sin reproche,
café caliente, un largo abrazo, una palabra.

Algo que es mucho más que enamorarse.
Algo que se puede llamar vivirse,
simultáneamente, absolutamente, cotidianamente.
Algo que sabe a valentía y dulzura,
pasos serenos, entrega sin pausa, noción de pertenencia.
Que para definirlo obliga a inventar las palabras justas.

La libertad como una constante.
Sin cuerpos perfectos pero con sano corazón.
Una vida, un mundo.
Breve y largo, todo o nada.
Una cinta de fuego.

La libertad como un dedo en la llaga.
Como la conciencia de olvido por olvido,
entrega por entrega.

Siempre paga, siempre cobra.
Sentir y sentirse,
sufrir y sufrirse,

caminar y perderse.


De: "AMOR NUESTRO DE CADA DÍA" Copyright © 2016 de  Rogger Alzamora Quijano



domingo, 31 de enero de 2016

NI PAVESE

Ni Pavese me lo hubiera reprochado.
Escribo autómata, poseído y cartesiano.
En la búsqueda ansiosa caigo en la vida asceta,
deslucida lucidez pero dichosa.
Y si el dolor en el mundo crece, yo me adhiero
pero paso,
porque otros pueden mejor hacer que yo
en aquello.

Y si escribir el poema más hermoso del mundo
no es más que una quimera,
vivo yo nadando entre delirios y alucinaciones
veinte horas de cada veinticuatro.
Y cada tanto me vienen ganas de almas y de guitarra
hasta llorar de tanto vivir.

Y porque contigo y sin ti,
con verso y sin el,
yo me conformo con el dolor de ser feliz.
Que tanto toco con mis manos tus huesos,
que tanto hurgo que me satisfago,
sabiendo que nada es tan mortal que me asesine,
que nada es tan brutal que me castigue.

He pagado con creces mis dislates
y no tengo que ofrecer mi arrepentimiento a nadie.
Contigo o sin ti,
con verso y sin el
yo duermo mi sueño incompleto pero intenso.
No creo en los alguaciles ni en los vetos.
Despliego mis versos,
apuro mis pasos,
canto y regreso por donde quiero
y tantas veces como me plazca.
No soy el ombligo ni los callos de nadie.
Persigo mi propia armonía,
mi noción de satisfacción y certeza.
Me quito la camisa y desnudo mi alma,
camino, corro, me siento y fumo
en cualquier esquina;
guardo los días para cuando sean escasos
y aguardo las noches que no abundan.
De ojos miel y de piel naranja,
una mano desasida un sereno busto,
un poco de cintura,
y en los confines del secreto mucha ternura.
Aguardo también un poco de luna
en aquellas mezquinas noches
que por alguna razón perduran.
Y no importa si no he logrado liar cuatro versos completos
para intentar una estrofa,
este poema tiene de hermoso como de mudo.
Un mundo de flores y de montañas.



Derechos Registrados 2016 de Rogger Alzamora Quijano