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miércoles, 30 de octubre de 2019

SALSA ROJA Y VINO TINTO




Llegaba con cuatro tomates rojos y brillantes. Esa desfachatez me hacía refunfuñar, pero pasaba a último plano al verla enfrente de su plato. En ese momento terminaba convencido de estar viviendo en la inequívoca ciudad de la felicidad, donde aire y agua se llamaban pasta roja, carne y fideos. Pero el camino había sido largo. Fui buscando la salsa boloñesa exacta para su paladar. Más tomates, menos; más zanahorias, menos. Primero con y después sin tocino. Tiempo de cocción, intensidad del fuego y algo a lo que no iba a renunciar: la carne previamente hervida en leche —irrefutable dato de mi abuela—.
Complacerla valió cada intento, cada hora invertida en probar, descartar y empezar de nuevo. Meses en los que tuve ganas de quemar mi delantal, tirar al tacho la salsa con olla y todo y terminar invitándole al mejor restaurante de pastas.

Tres o cuatro porciones de espaguetis, medio sorbo de tinto. Ese era su ritual. Diez minutos después un vaso de agua y a caminar por cuarenta minutos al Parque La Cruz.
Ya no hago espaguetis en salsa boloñesa, pero todavía puedo ver su sonrisa mirando extasiada el humeante plato.



Derechos Reservados Copyright 2019 de Rogger Alzamora Quijano

martes, 8 de octubre de 2019

PORQUE TODO PASA



Como un abril que se atascó en octubre
por una sinrazón entre música y olvido
que no debió suceder.
Entre piano y pedal que se necesitan y dependen.

El olor del azahar ha dejado su cariz a muerto.
Un paso más y se acabará el calendario.
Porque los calendarios pasan antes.
Antes que la vida, antes que la muerte.
Antes que la suerte.

Se derrumbará como hoy la luna.
Como cuando sentimos nuestras manos calientes
derritiéndose en la calle congelada.
Nos hemos aprisionado a voluntad
para luego abandonarnos.
Hemos tardado, pero al fin y al cabo
estamos aquí frente a la patraña de la despedida.

El vidrio se enturbia ante tu desvencijado
rostro y yo no puedo volverme.
Me había ido hace mucho tiempo ya.
Dice el vals que las despedidas son muy tristes.
Quizá por eso el guardia hace preguntas,
yo le digo algo, nada o tal vez,
parado sobre el sofisma que preparé para ti.
Entre La Compasión y La Razón.

Como la vasta historia, pasa.
Como tus cabellos sobre la almohada.
Largos, finos, humeantes.
Pasa.
Una gota de mercurio en un trozo de oro.
Tus ojos que lo horadan todo.
Abandonan tu mirada.
Tu desvencijado rostro se agota
tras el vidrio del aeropuerto.
El mío, borrado y ausente, ha pasado ya.
Tu mano deja dedos en el vapor.
No puedo decirte que no me esperes.
Que te mentí.
Que no regresaré como te prometí.
Aunque lo sabes y también tienes algo que decirme.
Y no puedes.

Sabemos que la cuadriga nos destazará y esparcirá a su antojo.
Y después marcharé delante del féretro.
Regresaré a la escena del crimen.
Canciones, colores, vinos, frío, soledades y miedos.

Pasará la vida, como ha pasado siempre.
Como un abril que se atascó en octubre
por alguna sinrazón que el destino.
De algún piano irremediablemente reñido con su pedal.

Como está pasando la muerte
ahora que te hago adiós blandiendo conmiseración
que parece dolor.
Como las manos calientes en calle congelada.
Pasará la vida y cuando regreses a tu casa
y la encuentres solitaria tendrás tiempo
de culparte como yo,
de habernos traicionado.
Y también habrá pasado la suerte.

Te seguiré debiendo hasta el final,
una deuda equivalente a la tuya conmigo.

Trastabillando como almas en pena
pasaremos como todo lo que pasa.
Como ahora que has pasado
tras el vidrio del mezquino aeropuerto.

Así pasará la muerte. Porque todo pasa.


Derechos Reservados Copyright 2019 de Rogger Alzamora Quijano