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martes, 27 de enero de 2015

ARQUITECTURA



Tu silueta concisa, la ebullición de tu edad,
el germinar matutino de tu rosada flor.
Los ojos prontos guardados tras fastuosas celosías.
Como la luz insuperable de la madrugada.
Como la promesa que no se dice.
Tu silueta concisa, de sinuosos trayectos,
de contornos deliberados,
de pretenciosos desfiladeros.

No has cruzado la distancia.
No has agotado la maldad secular que te persigue.
No han llegado tus manos a mancharse de odio,
ni tu alma de envidia.
Tu piel expele el aire menta de los campos.
Cotiza cada pétalo de bronce y plata.
Armoniza melodías.
Cielos, alas y vientos. Colores y formas.
Tu piel deslumbra, súmmum señorial,
atezado en todos sus ángulos.

Te yergues sobre nieves, vientos y arenas.
Un laberinto de pierna, cadera, cintura y busto,
hacia el pasillo del artístico cuadrante
que se abre a los pies del delirio,
con tus aleros pintando el viento.

Se dice que tu mirada custodia un tesoro.
Acaso el esbozo de una juventud despiadada.
Tal vez el estreno de un talante rebelde.
O la muestra del vasto enigma zodiacal.
Para mí es la escotilla encubierta
que deja ver el pasmo y la mentira,
ambos abismos de la fantasía.

Te yergues sobre seculares angustias y maldiciones.
Un laberinto de piel, músculos y huesos.
Mente, corazón y espíritu.
Gestos, modos y movimientos.
Tus miedos desafiando la suerte.

Te yergues sobre trazos, diseños, croquis y sueños.
Suerte belleza, ensamble, estudio y teoría.
Ángulos y curvas reales y abstractas,
la suerte de una dimensión indescifrable.

Poderes y flaquezas reunidos
en un mismo e inútil concepto
de la utopía.




DE: VERSOS CONVERSOS DERECHOS RESERVADOS Copyright © 2015 de Rogger Alzamora Quijano

viernes, 16 de enero de 2015

PARA QUÉ...



Me dejó en su casa pasadas las nueve de la mañana de un día de otoño. Habíamos llegado hasta allí en silencio, después de hablar sólo lo necesario -café de por medio- en la fonda de la esquina. Me abrió la puerta. Ahí lo tienes, dijo, y se fue. Mi objetivo estaba a la vista, pero unos folios que parecían haber sido dejados adrede sobre fotografías, discos y cuadernos manuscritos, llamaron mi atención. La primera hoja comenzaba diciendo: "Fecha Ene/3. No contestó. La llamé diez veces. Dejé mensajes en el buzón de voz. Sólo la sorda voz de la máquina: 'Deje su mensaje, es posible que el usuario no esté disponible o se encuentre fuera de alcance'. Y después de varias horas apareció mitad culpable-mitad oronda, pero como siempre con excusas. Ella no está dispuesta a compartir sus andanzas. Prefiere ocultarlas. Puedo imaginar que, pasada la vorágine de sus aventuras, cae en un profundo pozo donde los reproches y arrepentimientos la hunden y ahogan con una sola certidumbre que le golpea la conciencia: que el amor prevalece sobre lo físico, deslumbrante, ocasional o sexual. Ella está enferma de necesidad."

He dejado de leer. La habitación es grande. Por aquí, como dije, la mesa con sus manuscritos. Unos cinco pasos más allá, junto a la ventana, el escritorio con un computador, libros apilados, cenicero vacío y una botella con agua. En la esquina de ese lado su sobria cama, un velador con un par de libros y una lámpara azul. Alrededor, anaqueles con libros, un par de pesas y una bicicleta estacionaria. En las paredes, dos cuadros y dos ventanas.

Volví a enfocarme después de mirar mi reloj. Seguí leyendo.

"La sospecha es un plato que se come caliente. Hasta hace medio año yo confiaba en ella. Ahora puedo decir que desentrañar la verdad no ha sido fácil. Ya son demasiadas evidencias. Bastaba ordenarlas en el tiempo y las circunstancias. No tengo fotos ni nada parecido sino una larga cadena de hechos, mentiras completas, medias verdades, transgresiones. Ella tiene un írrito concepto del amor y yo la certeza de su monumental deslealtad."

Ante mis ojos estaban los siete cuadernos y quince folios de puño y letra. Porque para eso soy su editor, para leer lo que escribe. Me pareció que esta era su propia historia. Ciertamente tenía también mis objeciones técnicas pero no pude dejar de lamentar para mis adentros, este amor malgastado.
Siete cuadernos y quince folios como argumento de un libro pueden parecer mucho o poco, según cómo se lo quiera ver. Pero era su historia y si él quería dejarlo ahí, era su tema. A mí me quedaron sin explicación mil palabras claves, fechas, pistas, derroteros, mensajes subliminales, idas y retornos. Después de trece horas allí, tuve claro que mi amigo había logrado con éxito disfrazar de ficción la realidad con argucias narrativas y con una depurada técnica para acopiar pruebas y clasificarlas con disciplina y precisa cronología.
Estas son razones suficientes por las que pienso que se trata de su propia historia. No sé si estoy en lo cierto, pero no voy a preguntarle.

DE: "EL JUEGO DE LA VIDA" (Fragmento) Copyright 2015 Rogger Alzamora Quijano




jueves, 15 de enero de 2015

LA FOTOGRAFÍA


Escribe: Rogger Alzamora Quijano


La fotografía viene del alma y va hacia ella. Hace su propio camino.
Carece de sentido si no revuelve el espíritu, si no punza el corazón.
Una foto debe conmover, rebelar, enternecer, lastimar, repugnar, denunciar, transportar. Y en todos los casos invitar al silencio.

Una va al futuro sólo para ser un señuelo del pasado.

A veces al desgaire, otras sin entusiasmo u obligados por las circunstancias, los fotografiados se colocan ante la cámara. Otros posan con desfachatez, irreverencia, burla. Quienes las aceptan de buena gana sonríen, gesticulan, celebran, ¡chisss! siempre feliz (aunque en realidad no lo sean ni lo estén). Nadie sabe, ni se imagina, ni sospecha si en el futuro la fotografía será desdeñada o cobrará importancia, vigencia, uso y significado. Quizá trascienda, quizá no. Tal vez vaya a parar al basurero, sea arrojada al fuego o hecha trizas. Puede que se la coloque ante una vela y una flor; puede que nos lleve hasta la nostalgia infinita; se le dedique una oración; y hasta se la aparte del ojo curioso.

Una fotografía tiene vida propia -si no muerte inmediata.
Es la luz de la nostalgia, la nave del recuerdo, el espejo del pasado.