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sábado, 2 de mayo de 2015

LA NÁUSEA



Comenzó con la televisión. Perplejo, la vio con sus amigos en distintos lugares. El café pasó dificultoso, como un sorbo de espinas. Salió a la calle, con el cuerpo caliente y la ansiedad hirviendo. Afuera, los periódicos la mostrarían sonriente, en la barra de algún local miraflorino. Mostraba la indudable sentencia de la soltería y la obvia mueca del disfrute.
El hombre siente en sus adentros un batido, mezcla de rebeldía y orgullo. Toma aire y decide redactar su parte del final de "la historia".
Comienza el día, comienza el mes. Tiene que comenzar otra historia. Se detiene en el paradero. Mira la escalera que se alza hasta el edificio, extrae su teléfono. Fotos, risas y sonrisas, bares, almuerzos, caballos, autos, playas, comentarios, likes y bendiciones en Facebook. Acabará esta náusea ahora mismo.


II


El hombre se toma tiempo para optar por la consecuencia de sus acciones. Capitular toma tiempo, tarda, demora, pero va a suceder. El final debe ser radical. Sin vuelta atrás. Se echa a andar. Todavía sin destino. Está comenzando la jornada con el olor a mar que por estos días anuncia la llegada del otoño. Ese olor salino, tosco, dañoso, lacerante. Pero hoy es más que un olor: es la náusea que apaga los sentidos, es la sal del adiós, la sal de la despedida, la náusea de lo viejo, de lo nuevo, de lo distinto. De lo bello, triste y también de lo decepcionante.

El hombre cambia de acera, cambia de sentido. Ahora va al norte. Al encuentro con sus adioses. Tendrá que atravesar la cortina del pasado. No será fácil. Recuerdos, necesidades, urgencias. Se quita el abrigo. El sol está disparando un halo de luz que se cuela por el cielo limeño, hoy gris y sombrío. En las calles el bullicio se acentúa. Las bocinas, los motores, el desorden. Todo junto pareciera una invitación al abrazo. Ha pasado la náusea.

Lima es una ciudad mágica, donde todo parece una fiesta. La virtud de esta ciudad caótica está en su alegría sin par. La gente canta, ríe, silba, bromea. Quizás no hay buenas noticias, pero sí vasta esperanza. Le gusta vivir en Lima. Lima no es una ciudad ausente. No tiene calles perfectas, no pertenece al primer mundo. No es una ciudad ideal, superficial y de gentes egocéntricas. Aquí todo es roce, contacto, intimidad. Un abrazo, un beso, una mirada, un apretón de manos, un palmoteo, un hola, una sonrisa; un grito, un insulto, un ceño fruncido. Todo es motivo para comunicarse. Nadie pasa desapercibido.
Todos tienen un lugar en esta sociedad mestiza, en este cuadrante variopinto.
Lima es una ciudad profundamente emocional.

El hombre deja la náusea y se une a la multitud.


De: El Juego de la vida Copyright © 2015 Rogger Alzamora Quijano

1 comentario:

  1. Todo tiene su final, dice la canción. Cuando de una parte se rompen los códigos, hay que darle vuelta a la calle. Este relato lo dice todo. Gracias por compartir.

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