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domingo, 23 de junio de 2013

AMOR PAGANO (fragmento)

Había sido un largo día, tan largo que parecía iba durar el resto de su vida. Se estaba yendo al carajo. No solamente le habían rechazado el manuscrito, le habían tirado la puerta en las narices ¿Alguien se habría entrometido? Lucas quizá. Tal vez Alfredo. Había una veintena de posibilidades. Mequetrefes, seudoescritores que habían cerrado un círculo fáctico. Al estilo de un cártel, o como los políticos basura, que sólo buscan la comodidad encerrados en un círculo de poder. En los últimos quince años cada uno de ellos había publicado al menos tres libros y se habían repartido casi todos los premios literarios del país. Sin embargo, ninguno había tenido trascendencia. Se trataba de puros lugares comunes. Sus estilos llenos de retórica barata, como los discursos de los políticos. Puros libros deschables. Cero sustancia. Mara se hacía la boba, pero lo que estaba era realmente furiosa. No parecía enterarse hasta que explotaba. Eso Bruno lo sabía de memoria. Ya no faltaba nada.

Y sucedió. Dio su perorata como si Bruno estuviera viviendo sus vacaciones. Para ella no parecía pasar de una mala noticia. Para Bruno, sin embargo, era un torrente de todos los miedos juntos. La derrota, la vergüenza, la ruina moral, la inseguridad, el desprecio por sí mismo, el abandono, la autodestrucción. Latidos mortales que acababan con su voluntad. Mara parecía dormir, quedita y casi imperceptible. Pero no estaba durmiendo. Mara lo estaba viendo escribir y romper. Arrojar a la basura un papel atestado de esperanza. Un sueño más, otro intento. Lo veía enjaulado primero en su terquedad y luego en la desazón. A pesar de eso seguía regalándole su inquebrantable amor, su sonrisa única y sus dedos de nube.
El penúltimo capítulo había comenzado. Fin de las gollerías, le había dicho Mara. A ponerse el overol. No puedes esperar por siempre. Una tormenta giró en el estómago de Bruno. Perdedor de mil combates, soldado de antemano vencido. Cada vez que arrojaba sus escritos sentía la náusea violenta que lo mandaba al infierno. Y Mara siempre allí, con sus vapores aromáticos, su lencería, sus caricias celestiales.

Después de la tormenta, Mara finalizaba con la ternura que trataba de apocar los, cada vez más frecuentes, cíclicos reproches de Mara. Quería cubrir las heridas con las fragancias propias de una diosa que Bruno sabía que no podría, ni quería rechazar.

- Hasta mañana, tengo que levantarme temprano- había dicho Mara ¿Hacía cuánto? Quizá horas.

Podía imaginarla con la boca seca, perdida en un limbo entre el sueño y la pesadilla.

Por la mañana Bruno se levantó con dolor de cintura. Había dormido muy mal. Casi las seis y apenas la claridad se hacía un lugar. Escuchó el chorro de la ducha. Tendría que ir preparando el desayuno. Jugo de betarragas y naranjas. Café caliente y jamón con huevos revueltos.

Cuando se encontraba rompiendo un huevo, la mojada y vaporosa mano de Mara lo jaló hacia el beso. Largo y reparador.

- Buenos días, mi amor.

Bruno fijó el alfiler de su mirada en los ojos de Mara:

- La próxima vez que me presiones de esa forma insultante, me largo de acá -le dijo, sereno y calmado.

Mara le secó con el pulgar la cara que sus cabellos habían mojado y lo quedó mirando.

- ¿Me estás amenazando?

Bruno le corrigió la posición de su rostro, para que lo recordara siempre:

- Sí.

- Bien -respondió Mara, sabiendo la magnitud de esas palabras.

La tetera silbó su melodía. Se despabilaron y abrazados recorrieron el retorno. Las tacitas azules estaban listas. Los largos vasos de extracto, el azucarero y los panes. Había que disfrutar.
El desayuno fue todo miradas, todo silencio. Se establecía entre ellos una vez más un implícito acuerdo: la paz. Al final, cuando los pensamientos habían sido colocados detrás de las miradas, Mara tomó su mano, le alcanzó su dulzona mirada.

- ¿Irás a entregar ese manuscrito?
- Sí.
- Cree en ti mismo Bruno. Eres muy bueno escribiendo.
- Basta Mara, no quiero más sí se puede, por favor. Acabo de decírtelo pero ya te salió la amenaza por el otro oído. Yo no puedo ni quiero vivir acorralado. Detesto la presión.

Mara lo acarició largamente antes de irse.


FRAGMENTO DE: AMOR PAGANO Copyright © Rogger Alzamora Quijano (AMOR PAGANO) ©

1 comentario:

  1. Finalmente me puedo conectar. Soy aficionada a la literatura latinoamericana, desde que viví en Uruguay por 5 años. Hace tiempo leí tu poesía y prosa. Te he visitado desde entonces.
    Tienes un estilo propio y eso ya no se ve a menudo. Yo lo valoro y por eso me animé a escribirte. Vivo en París, pero tengo pasión por Sudamérica y su gente.
    Saludos y felicitaciones, Josephine T.

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