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miércoles, 20 de marzo de 2013

BERLÍN: VIVIENDO LA COTIDIANA LIBERTAD

Escribe: Rogger Alzamora Quijano


Apenas estaba amaneciendo cuando vi la torre del gigante Barajas en medio de la bruma.
Doce horas en un avión estaban llegando a su fin y yo sólo quería caminar y mirar otra cosa que no fuera el pasillo del gran pájaro de acero. Tenía hora y media para trasladarme en tren subterráneo hasta el terminal T4-S, donde esperaría mi avión. Poco más de dos horas después estaba en la capital bávara. Berlín mostraba un cielo despejado, brillante. Algo de frío, no mucho. Quizá 8 ó 10 grados Celsius. Once de la mañana. Después de pasar los controles de seguridad salí de Tegel, un recinto pequeño, agradable y ordenado donde muy pronto se puede estar en la calle y frente a los taxis. Veinte minutos después llegaba a casa, por el momento sin síntomas de jet lag.
La preciosa vista desde el apartamento, dejaba ver la ciudad. Berlín es una ciudad silenciosa y apacible, que regala libertad a manos llenas. Libertad de pensamiento, de razas, credos, comportamientos, de elección, de actitud. Hay reglas que deben observarse para salvaguardar la convivencia, pero en ningún caso se afecta la libertad. Se puede caminar sin temor, sabiendo que lo que uno lleva encima no corre peligro. Se ven escaparates de vidrio en plena calle con ropas de altos precios, zapatos y artículos de todo tipo que son un paisaje cotidiano para los transeúntes. Suele haber una actitud vigilante y crítica hacia la delincuencia de parte de los mismos ciudadanos que saben que con su participación pueden tener un mejor lugar para vivir. La policía actúa rápido y muy eficazmente para reprimir o controlar algunos brotes de violencia, fruto generalmente del exceso de alcohol. En los tres meses vividos en Alemania fui testigo de un conato de refriega entre dos jóvenes en los alrededores de Mehringdamm, durante el desfile por el Karneval der Kulturen -el Carnaval de las Culturas-. Apenas se habían propinado un par de empujones la policía apareció, no sé bien de dónde, pues no se les vio cerca. Separaron a los revoltosos y luego los hicieron reconciliar con un apretón de manos, para dejarlos allí mismo y retirarse. Los ánimos se calmaron y la fiesta continuó.
Hacer un apretado resumen de Berlín es todo un reto, pero lo intentaré.
Comenzaré con la ruta hacia Mitte. Antes de emprender un primer recorrido, no es mala idea darle curso a un par de Currywurst, en Curry 36, para no olvidar este punto que aparece en todas las guías turísticas. A esa hora -poco menos de las nueve de la mañana- había gentío y una larga fila de comensales, como para dar fe de su renombre.
Obligado punto histórico es Checkpoint Charlie, que se abre a lo largo de la Zimmerstraße. La famosa estación de control militar estadounidense, ubicada al oeste de Friedrichstraße, a la cual el Muro de Berlín cortó en dos entre 1961 y 1989 se muestra hirviente. Los curiosos van y vienen. No es para menos, los rezagos del oprobiosos muro son aquí más tangibles por su disposición y vívida instalación. Hay barricadas, “soldados” de la época que “viven” sus rutinas alrededor de los sacos de arena mientras flamea la bandera norteamericana; se ofrecen fotografías por doquier a costos elevados (no pudieron convencerme y sin embargo obtuve algunas fotos de los seudo marines. Un poco más allá, la tienda-museo Haus am Checkpoint Charlie, ofrece a la venta pequeños trozos del Muro, entre otras evidencias de los tiempos de la guerra fría. En medio de la vorágine turística de este lugar, yo opté por visitar la muestra fotográfica que en mi opinión es lo mejor de este histórico testigo berlinés.
Para descansar un poco después de casi cuatro horas de caminata, la mejor idea es elegir la fastuosa “Fassbender & Rausch”, en Charlottenstraße 60, la cual exhibe sus magníficas esculturas de chocolate. Asombrado, terminé en la segunda planta, ordenando una buena y caliente taza de chocolate y una muestra de su tradicional exquisitez: Saftiger Schokoladen-Rührteig auf Orangen-Krokant und Ganache unter Orangen-Creme in Bitter-Schokolade -bizcocho de chocolate humedecido en naranja con almendras y crema de naranja con chocolate negro. Lo único que lamento es no haber conseguido guardar para siempre en mi paladar el sabor de ambos manjares. Sólo puedo dar fe de que todo en F&R sabía y huele al mismo cielo.
Friedrichstraße, la gran avenida que se abre paso con sus lujosas tiendas –Galeries Lafayette y el cono de vidrio tornasolado, Quartier 206 con su interior de mármol y metal, Gendarmenmarkt considerada una de las plazas más hermosas de Europa, Friedrichstadtpalast teatro de variedades -donde pudimos unos días después ver “Ima”, un fastuoso musical al estilo de Broadway-; más allá la Berliner Ensemble donde se presenta el teatro de Bertolt Brecht y la tienda de libros y música Dussmann dan a Berlín una categoría cosmopolita de indudable variedad. De todo y para todos. En el Mitte es difícil prescindir de los edificios que fueron brotando del suelo yermo que quedara después de la unificación.
Camino a Postdamer Platz discurrí por la Friedrichstraße, sus lujosas tiendas y su encanto particular. Pude ver descorrer el velo que cubría un Bugatti Veyron Fbg 16.4. de 1000 caballos de fuerza. Unos minutos más y Unter dem Linden, el paseo más famoso de Berlín se abrió ante mis ojos. No es suficiente el tiempo, así que regresaría a Staatsoper y Madame Tussauds, el museo de cera. Enfilé hacia la mítica Brandenburger Tor -Puerta de Brandeburgo-, la imponente antigua entrada del oeste hacia la ciudad, diseñada por Carl Gotthard Langhans entre 1789 y 1791, como la primera obra importante del clasicismo prusiano inspirado en los Propileos de Atenas. Hecha íntegramente en piedra arenisca, luce una cuadriga de cobre representando a la Diosa de la Victoria -obra de Johann Gottfried Schadow, a la que después Karl Friedrich Schinkel adicionara una cruz de hierro- coronando la puerta de 26 metros de alto. La historia cuenta que la cuadriga fue restaurada después de haber sido casi totalmente destruida durante la guerra. Aunque se construyó para que solamente los miembros de la realeza pasaran bajo sus arcos, ahora Brandenburger Tor se ha convertido en símbolo de la unidad alemana y el centro obligado de las celebraciones más importantes.
Siguiente parada: el Reichstag -Parlamento Alemán desde el 20 de Junio de 1991 cuando se mudó desde Bonn-. Esta preciosa edificación fue terminada en 1894 a partir de los planos de Paul Wallot para el imperio de entonces. Luego de la reunificación alemana fue reconstruida con los planos de Sir Norman Foster. Su detalle más notable es sin duda la cúpula de cristal con un interesante cilindro de espejos que lleva luz a su interior. Cerca del Reichstag se encuentran la Paul-Löbe Haus y la Cancillería Federal. Después de eso me tendí sobre el grass de la Platz der Republik y ante el Reichstag, solamente para mirar el cielo azul desde allí, a la vez que ejercité mi pasión de niño: contar las estelas blancas de los aviones.
Caminar por Ebertstraße hacia Potsdamer Platz fue uno de los placeres más gratificantes para mi. Si no hubiera leído acerca de este lugar no habría imaginado que, como la octogonal Leipziger Platz, era hasta hacía poco simplemente nombre histórico con el que se nombraba las tierras eriazas situadas en el mismo centro de Berlín. Tanto la guerra como la construcción del muro habían acabado con todo vestigio de arquitectura en la zona. A finales del siglo XX sólo había allí un inmenso arenal. Hoy es el orgulloso centro de la metrópoli. Allí está el ascensor más rápido de Europa; el techo ovalado del Sony Center, único en el mundo; el Hotel Ritz Carlton tras los interesantes tubos inclinados que abastecen de luz natural mediante un juego de espejos a los interiores de la estación de trenes, bajo el suelo de Potsdamer Platz.
Sony Center impresiona con su diseño de avanzada. Daimler construyó bajo la batuta de Renzo Piano, una estructura llena de vida donde se puede encontrar teatro de comedia musical –sede del famoso Festival de Cine de Berlín o Berlinale, discotecas, el Hyatt Hotel, cines, las tiendas “Arkaden”. Aquí, al tiempo que detengo mi memoria en los gigantes huevos de pascua de diseños y colores espectaculares, decido terminar esta nota al filo de las ocho. Me iré a recuperarla bajando a la estación de trenes.

DE: Copyright © 2012 Rogger Alzamora Quijano.

1 comentario:

  1. Qué lindo escrito señor autor. Lo felicito.
    Yo estuve también en Berlín hace unos años atrás. Me han vuelto los recuerdos de esa soberana ciudad llena de historia. He recorrido con su relato preciso, algunos lugares que yo también disfruté.
    Se me abrieron las ganas de volver a Berlín, la capital bávara.
    Es una excelente forma la suya de globalizar y difundir los aspectos socio-culturales en el mundo.
    Regálenos mas de sus vivencias, desde ese su buen estilo!
    Saludos.

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