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lunes, 4 de febrero de 2013

VOLVAMOS A CONOCERNOS



La ventana estaba abierta hacia la gran ciudad. El sol brillaba como nunca y en la calle la gente se sofocaba. Alisa rezongaba en la cocina. Se la podía escuchar peleándose con los utensilios. Rodrigo sonrió. Le había ofrecido ayuda, pero ella lo había ignorado con un beso. Esta vez cocinaré yo, le dijo. Ya estoy avergonzada de conformarme viéndote preparar delicias. Hoy habrá comida quemada, exceso de sal y sabor ausente.
Desde que se conocieron, allá en su provincia cerca de Casagrande, Rodrigo de diez años y Alisa de nueve, asumieron la notoria cercanía como una costumbre, después que sus mamás acordaran que Rodrigo sería el paje de Alisa durante la Fiesta del Trono. Alisa era la Reina de la Provincia. La gente no se cansaría de elogiar y aplaudir la belleza de ambos durante los desfiles. Alisa tenía una mirada deslumbrante que nacía en el alma y se reflejaba en sus preciosos ojos café. Era tímida, de natural sonrisa, cabellos negros que resbalaban sobre su rostro brillante, perfecto, inocente. Rodrigo era un niño hermoso, de rostro amable, ojos grandes y negros. Parecía hijo del poderoso malik. Su acento berebere reforzaba esos rumores.
Esa tarde apenas bailaron una vez. Sus madres no pudieron impedir sin embargo, que se miraran. Tampoco que al final, ella cruzara todo el salón sólo para decirle sin atisbo de duda:
- Quiero ser tu novia.
Desde entonces y hasta finales de la secundaria fueron novios. Sin un beso, sin una palabra. Se temían y se pertenecían al mismo tiempo. Fueron tiempos de somera felicidad, hasta que un día Alisa vio a Rodrigo riendo animadamente con otra joven. Se sintió traicionada. Tenía catorce años cuando el mundo se derrumbó sobre ella. Poco después, Rodrigo se dio de bruces con Alisa besando a su mejor amigo. Rodrigo lloró ante la impotente condolencia de su madre. Ambos optaron por el despecho. No volvieron a dirigirse palabra.
Tiempo después Alisa se casó y tuvo un hijo con aquél muchacho. Rodrigo tuvo que casarse, quizá solo para tener un hijo también. Alisa se fue a vivir a Málaga con su nueva familia y Rodrigo, aunque se quedó en su patria, no quiso seguir en Sindibad para no atizar los recuerdos, y se mudó a Asilah.

En su lecho de muerte la madre de Rodrigo le confesó muchos años después lo que había escuchado y callado, sólo porque pensó que un amor de niños no tenía importancia. Le habló de la confabulación de mucha gente para destruir el amor entre él y Alisa. Padres e hijos habían confabulado en una trama maquiavélica, según la cual ambos niños estaban maldecidos por tanta hermosura. Y se encargaron de convencer a Alisa de que Rodrigo, con lo bello e inteligente que era, nunca dejaría de estar asediado. Que acabaría siendo un mujeriego incorregible.
Rodrigo escuchó perplejo a su moribunda madre enfatizar cómo en aquella ciudad se urdió una gran emboscada contra dos niños que apenas comenzaban a conocer los señuelos del amor. Nunca había podido olvidar a Alisa.
Su madre terminó la confesión con un meditado corolario que Rodrigo no habría de olvidar: “Eran la chica más hermosa y el muchacho más codiciado de la ciudad. La pareja perfecta. Tus amigos y compañeros te envidiaban porque todas las muchachas soñaban contigo. No soportaron que ellas te adoraran no solamente por tu belleza física, sino por tu inteligencia, caballerosidad, educación y sencillez. Y las muchachas se unieron a la trampa porque no te perdonaron que las ignoraras. Envidiaban a Alisa. Se sumaron a la conjura, tal vez pensando que al fin elegirías a alguna de ellas. Cuando -pese a la ruptura- tú no elegiste a ninguna de las intrigantes, fue aún más atroz la rabia de aquellas jóvenes mujeres."

Rodrigo escuchó que Alisa lo llamaba y tuvo que abandonar los recuerdos. Tenían alrededor de cincuenta y cinco años cada uno. Alisa seguía siendo hermosa y distinguida y Rodrigo aún se veía guapo y sencillo.

Antes de entrar en la cocina Rodrigo miró a su mujer desde el umbral de la puerta. Se acababan de casar después de dos años de su reencuentro en los pasillos de La Alcazaba. Se habían saludado, y después de dominar los nervios iniciales se miraron con azoro, sin nada que decir. Sin embargo, podían escuchar el golpeteo urgente de sus corazones solitarios.

Cuando ella le extendió la mano para despedirse -el grupo la estaba esperando-, Rodrigo la detuvo con una propuesta:

- Volvamos a conocernos.



DE: EL JUEGO DE LA VIDA Copyright © 2012 Rogger Alzamora Quijano

7 comentarios:

  1. Una historia interesante que deja mensaje. Interesante también la colección "Bitácora de la Felicidad".
    Lo cierto es que entré a leer un poema sobre el perdón y el futuro, que posteaste ayer (si no me equivoco) y ya no lo encontré. Que pena. Aguardaré que lo re-postees de nuevo.

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  2. Querido lector(a):
    El poema se llama EL LIBRO DEL FUTURO. Estuvo 24 horas colgado, pero se extinguió cuando se le quemaron las alas en la espera. Lo siento.
    Gracias por leerme.
    Un abrazo.

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  3. y que no se quemen las alas de esta historia de esperanza. Gracias por escribir esas lineas con semejante mensaje.

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  4. Soy seguidora de tus escritos y me apasiona la facilidad con que juntas lo real con tu imaginacion. Y no se sienten las fronteras entonces se puede sentir la vibracion de tus suenos. Gracias Rogger.

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  5. *No creas en los cantos de sirena*. Algo parecido me dijo mi madre cuando regrese por primera vez a mi ciudad natal, despues de estar extranada durante mucho tiempo. Nunca me puse a pensar el por que. Ahora puedo entender mejor gracias a tu relato. Se trata de los que siembran espinas donde ven flores?
    Ando gozando la calidez y premura de tus poemas y textos en este frio tremendo que hay en Oxford y en mi alma. He leido y vuelto a leer y me parece que aun no comienzo siquiera.

    Carinos, Noelia McP. F.

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  6. Gracias Noelia.
    "Son quienes siembran espinas donde ven flores", sí. Quienes aparecen tendiendo alfombras, llenando de sonrisas, adulaciones y gentilezas sólo porque ven alguna recompensa detrás.

    Saludos cordiales.

    Rogger A.

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  7. Yo encontré a mi actual esposo después de 20 años. Seguíamos enamorados, aunque muchas veces lo hayamos negado. El amor verdadero prevalece. No digo que suceda siempre, pero nuestra experiencia demuestra que si es posible. He compartido con mi marido esta hermosa historia. Gracias Rogger Alzamora Quijano, es un lujo leerte.

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