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jueves, 7 de octubre de 2010

NO SOY AMIGO DE VARGAS LLOSA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

No estoy en su lista de contactos. Mi nombre, estoy seguro, no le suena conocido. No soy amigo de Mario Vargas Llosa.
He leído casi todos sus libros, he admirado su capacidad para comunicar lo que piensa. He comulgado con su idea sobre la libertad, he suscrito su oposición al “nacionalismo”. Me puse la vincha cuando su mitin contra la estatización de la banca. Pero no soy su amigo.
Conversación en la Catedral me llevó de la mano hasta la literatura. Con él conocí el arte de contar historias. Había leído ya a Flaubert, Victor Hugo y Cervantes, pero Vargas Llosa me obligó a releerlos y al fin disfrutarlos. La Guerra del Fin del Mundo me asombró tanto que no puedo creer hasta hoy la dimensión de la estupidez humana. Lituma en los Andes, Pantaleón y las Visitadoras, La Casa Verde y todos los libros que leí de él, me animaron a encontrar un rumbo propio. Casi le debo mi vida, pero no soy su amigo.
Hoy, que siendo todavía de madrugada escuché por la radio la noticia del galardón más mediático de las letras universales concedido a Mario Vargas Llosa, me sentí de pronto eufórico. Recordé aquella magistral conferencia dictada en el Auditorio del Banco Continental, su sonrisa generosa al firmarme un autógrafo y su distinguido talante. Recordé cómo mis alumnos eligieron por unanimidad ponerle su nombre a la promoción, allá por el año 84. Se habían identificado tanto con él, que preferían sus narraciones al recreo.
No soy su amigo, no me conoce, no me tiene en su agenda ni le suena mi nombre, pero me hace sentir orgullo. No tanto porque es peruano, como por sus valiosos aportes a la literatura moderna y su pensamiento liberal. No tanto por su fallida candidatura presidencial, como por su concepto de la libertad. No tanto porque es peruano, pero también por eso.
Escucho a casi todos decir en la misma radio donde dieron la noticia, que saludan a su amigo; contar anécdotas, mandarle abrazos, saludos a Pattycita, Alvarito, y que pronto irán a su casa a saludarlo personalmente. Otros envían mensajes subliminales, dando a entender que forman parte de su círculo más íntimo. No faltan los que se suben al coche, así sin más ni más. Alguno, en la tele, lo abraza por la fuerza, mientras da un discurso que intenta llevar agua para su molino. Por acá y allá se multiplican los ayayeros.
Hoy, que Mario Vargas Llosa Premio Nobel de Literatura 2010, está asediado por millones de gentes, deberá “vivir en el tumulto” (sic) por lo que le queda de vida. Pero en este caso, como ha sucedido con todos los premios, galardones o reconocimientos por él recibidos, lo tendrá bien merecido.
Desde aquí, yo seguiré disfrutando sus textos y admirando la profundidad de su pensamiento, sin ser ni parecer su amigo.