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martes, 20 de julio de 2010

HECTOR



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Había vagado por las calles del abandono. Buscando la soledad se dio con el abandono.
- Son dos cosas distintas aunque se parezcan demasiado -dijo-. La soledad puede ser tierna y sutil, apropiarse del ser y entibiarlo con sus recuerdos. El abandono, por el contrario, es un voraz secuestrador que trastorna la nostalgia, envenena tus recuerdos y con ellos te va acuchillando, un poco cada día.

Héctor había inicialmente congeniado con su verdugo, como repito, sin darse cuenta. Se dejó subyugar por los prolegómenos divertidos que toda relación nueva suele ofrecer: libertad, placer, curiosidad, desparpajo. Poco a poco, la cosa se fue haciendo ruda: poco comer, poco dormir -y mal-. Olvido; sensación tangible de la nada; recuerdos atragantados y culpas recurrentes. Vómitos atiborrados de arrepentimiento. Héctor trató de volver sobre sus pasos, pero ya sus huellas habían sido borradas por su asesino. Cada intento por recobrar el camino perdido fue inútil. A la espera de un descuido para poder escapar fue cayendo en la angustia, fiera despiadada que precede a la carroñera depresión.

Cuando lo vi por última vez, estaba sereno. Quise abrazarlo – Héctor era parte de mi niñez más feliz- pero se puso en guardia. Con una mueca, que alguna vez debió haber sido sonrisa, me contó estos pocos detalles de su cautiverio.
Luego, sin siquiera darme la mano, se marchó.


DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2008 Rogger Alzamora Quijano

1 comentario:

  1. Buena la narración, concreta, de modo tal que describe como la persona va transitando de la soledad al abandono.
    La soledad puede ser como la moneda que se lanza al aire,puede serte benéfica o...señalarte el camino al despeñadero.

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