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sábado, 20 de marzo de 2010

KAIA



Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Cuando Kaia llegó, la tarde empezaba a asomarse. Eran temibles las tardes en aquél lugar. El mar había soportado sobre su lomo azul, el aplastante sol y el viento acosador que no enfriaba en absoluto. Por la mañana habíamos estado en Melisani y ganado mucho más que el dinero de toda una semana contándoles a los turistas los mitos que guardaba la cueva-lago. Algunos nos creyeron, otros se divirtieron con las contradicciones en las que caímos. Ya habíamos decidido no ir a Agios Gerassimos. Ya no lo necesitábamos.
Como si el destino nos hubiese cerrado el paso, en vez de irnos a bucear, como lo hacíamos cada vez que ganábamos lo suficiente, nos quedamos aparcados en una curva que llenaba los ojos de este a oeste. Comimos manzanas y bebimos abundante agua, gastando el tiempo mientras hablábamos del delfín rojo, aquél que aparecía en las noches a venerar a la luna nueva. Debíamos unificar criterios. No todos los días nos tocarían turistas tolerantes.

Kaia, quien inundó el lugar con sus magníficos dientes y su piel tostada, se bajó de la bicicleta y nos miró, mientras su negra cabellera invadía su rostro y la obligaba a quitárselo de encima con los dedos.

- ¿Hay algo de cierto en ustedes o también son una ficción?

Zale la quedó mirando. Yo intuí la intención, pero también la miré.

- Sí, –dijo ella- son pura ficción.

Y se fue.

DE: EL JUEGO DE LA VIDA © Rogger Alzamora Quijano

2 comentarios:

  1. Buena historia, aunque efectivamente, quizá todo es y era ilusión.

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  2. Me parece un relato interesante. Tendré que buscar el libro por aquí.

    Saludos...

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