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domingo, 31 de agosto de 2008

¿ESTAMOS HECHOS DE RECUERDOS?

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

El aquí y ahora tiende a confrontarnos permanentemente con los recuerdos, es decir, con el ayer. Lo que hoy somos, no lo fuimos, ni lo seremos. La ilusión del hoy, que alimenta esa continuidad, no por ser aparentemente nítida debería convencernos. Ese alguien que parece estar aquí, para decirnos lo que fuimos o somos, no existe; la prueba de ello es que los momentos más intensos de la vida se evaporan. Cuando amamos no hay nada que nos pueda decir: yo amo; no hay ningún Yo; hay amor. Cuando después decimos: yo amé, en realidad estamos usurpando una experiencia que ya escapó. Cuando decimos fui feliz es porque ya no lo somos o al menos, no lo somos tanto. Cuando somos verdaderamente felices no encontramos qué portavoz nos pueda dar idea de que lo estamos siendo.
Nos transformamos, mutamos, pero casi sin percatarnos sino hasta después, cuando nos apremia el recuerdo de una sensación que ya no podemos tener.
Cómo nos gustaría poder palpar otra vez nuestros más gratos recuerdos: el roce de una piel, la emoción cuando una mirada del ser amado... un beso; mas, lo único que nos queda de todo ello es la memoria. Ya el tiempo pasó y el hoy apenas dura un instante y también pasa.
¿De qué estamos hechos entonces?
Habría que decirlo de todos modos: de recuerdos.

viernes, 29 de agosto de 2008

TARDE...



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

No sé por qué hay tardes como esta, que no encandilan, que no seducen, que no sirven para nada. Quiero escuchar música y no sé cuál. Quiero sentarme y escribir, pero no logro alzar vuelo. No me levanto y me voy porque no sé adónde irme.

He pensado irme a mi cama como si ya fuese de noche. Hacer cuenta de que ya cené, calzarme las pantuflas y cepillarme los dientes. Clic al televisor y ver alguna cosa donde no falte sangre, sexo, ni traición. Pero ni eso. Calculando, deben ser las cuatro. Mis perros me miran y reclaman ir a pasear. Ya regresé de hacer una consultoría y no me fue bien tampoco en eso. Fue demasiado fácil. Me dejó un vacío en la boca, nada más había por hacer.
Vivir solo no es tan malo, pero hoy parece ser de lo peor. No porque viva solo, sino porque me siento solo. Con la urgencia de salir de acá. Ni el Rulfo que siempre me entretiene da hoy luces a mi vida. Veo mis cuadros. Tal vez empezar otro, pero ¿qué pintaría?

Ella se fue.
Y no volverá.

Me dijo que me adora, pero no me aguanta. Me dijo que soy lo que toda mujer quisiera tener, pero que es imposible vivir conmigo. Yo lo sé mejor que nadie.
Recogió sus cosas. Me pidió que la ayudara y lo hice. Sabía que lloraba y lloré también a hurtadillas. No quise retenerla porque no. Algo me decía que la dejara ir y lo hice.
Se llevó la suave tempestad de su Chanel No. 5. Se llevó el desorden que trajo como su sello propio. Se llevó los secretos que aplicaba en sus comidas. Se llevó sus ojos.
Le hice adiós con ambas manos, para esconder mis temblores. Le mandé un beso directo a su cuello y ella se sonrojó como si lo supiera.
Se fue con la mañana. Me quedé sabiendo que no era justo hacerla quedar sólo para ocultarme mi propia verdad: que sólo puedo vivir conmigo.

DE: EL JUEGO DE LA VIDA © 2005 Rogger Alzamora Quijano